En estos tiempos revueltos, estoy en busca de claridad.

Un intento por entender
qué sucede en el mundo,
qué decidimos como sociedad
y cómo vivimos en tanto personas.

 
Enrique G de la G Enrique G de la G

¿Qué haría Odiseo ante las sirenas de la inteligencia artificial?

Las sirenas de la Odisea eran mujeres aviarias cerca de las cuales debía navegar Odiseo. Tenían una voz hermosa y prometían contar todas las verdades de la guerra de Troya. El precio era la seducción, que traía consigo la muerte. Prescindir de su canto era perderse de lo más hermoso de la vida. Odiseo se ve en un aprieto: quiere las dos cosas. Como es sagaz, pide que lo aten al mástil de la embarcación y ordena que lo aprieten más cada vez que solicite que lo suelten.

Es muy griego este tipo de dilemas trágicos, donde las dos posibilidades desembocan en pérdida. Pero Odiseo encuentra una solución genial previendo su propia flaqueza.

Las sirenas de hoy son las inteligencias artificiales, que nos seducen y prometen amasar todo el conocimiento posible. Dejarnos arrastrar tendría consecuencias inimaginables (¿dejaríamos de ser sapiens si externalizamos la inteligencia así como cedimos la memoria a la escritura y otros artefactos?). Destruirlas se antoja imposible, pues ya pasamos el punto de no retorno. Temamos nuestra propia flaqueza y atémonos al mástil más próximo.

Pero, ¿con qué cuerdas? ¿Qué cederemos a las IA: el aprendizaje de lenguas extranjeras, las operaciones matemáticas, la capacidad silogística, las decisiones militares, los diagnósticos médicos…? ¿Qué?

Homero no nos cuenta cuáles son aquellas verdades sobre Troya que cantan las sirenas. No es relevante. Porque la Odisea –como la vida– no consiste en conocer secretos ni en saberlo todo sino en seguir navegando sorteando todo tipo de dificultades rumbo al hogar. La Odisea sugiere que la vida no va de saberlo o poderlo todo –nuestra perdición– sino de seguir avante en busca del hogar, en retornar a la querencia y la familia, a lo que amamos y nos llena el corazón.

Con todo, tenemos una diferencia crucial con Homero: las sirenas tienen vida propia, mientras las IA son nuestros artificios. Ya no se trata de peligros externos sino que, en última instancia, somos responsables de ellos. ¿Qué ocurre cuando el ser humano desarrolla el conocimiento técnico suficiente para crear sus propias sirenas? Los griegos no imaginaron la IA pero sí el carácter trágico de nuestra capacidad de crear más poder del que sabemos manejar. La técnica va mucho más deprisa que la prudencia.

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