En estos tiempos revueltos, estoy en busca de claridad.

Un intento por entender
qué sucede en el mundo,
qué decidimos como sociedad
y cómo vivimos en tanto personas.

 
Enrique G de la G Enrique G de la G

Cinco cosas buenas (vol. 17)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

Joshua Báez

Por la diferencia de horario, en Alemania me ha sido difícil mantener la afición por los deportes gringos. Sin embargo, siempre que puedo veo las jugadas importantes y las finales.

Lo que hizo ayer Joshua Báez no tiene antecedente en la historia. Ayer fue su debut en las Grandes Ligas y tuvo tres oportunidades al bat. En el primer swing: home run al centro. En las siguientes dos oportunidades: home runs a la izquierda y a la derecha. ¡Espectacular! No te pierdas el video.

Foto: NBC

 

London Falling

Este parece un post reciclado de la semana pasada pero no lo es. Celebro por todo lo alto este libro, que terminaré esta noche porque me quedan pocas páginas. Ha sido una lectura nocturna que me ha tenido en vela hasta las 2 de la mañana y luego me tardo un par de horas en levantarme porque no puedo soltarlo.

Es un libro audaz, inteligente, seductor. Me lleva al diccionario porque está escrito con un lenguaje culto, lo que agradezco, y me hace plantearme tantas preguntas. Es la radiografía de Londres y la historia de una pobre familia desgraciada. De pronto, Patrick Radden Keefe da más detalles de los que uno necesita, lo cual solo abona a la seriedad de su investigación periodística y hasta detectivesca.

Ojalá hubiera más periodistas así.

 

Coincidencias

De adolescente leí I Thought My Father Was God, una colección de historias radiofónicas que compiló Paul Auster. Son historias donde el personaje principal es el azar, la casualidad.

Me han dicho que escriba las mías porque me pasan todo el tiempo. Hoy fue una y esta es la primera que escribo en mi vida.

Cuando inscribí a Gonzalo en clases de batería, la secretaria de la escuela firmó Hernández. Como había algo que aclarar y me resultaba más fácil hacerlo por teléfono, le llamé. Resultó ser mexicana. Quedamos de vernos pero no cuajó. Hasta hoy, un año después. Vino a comer a la casa con su esposo y tres hijos. Es chilanga y no tenemos nada en común excepto vivir en pueblos cercanos.

En la conversación me contó que trabajó en México para el GIZ. S no sabía que era eso pero yo sí porque una vez en 2016 me solicitaron una traducción, con la que batallé. Le conté eso y que era la novia de un amigo quien trabajaba en el GIZ en aquella época.

Después de la comida y de ir a las motos, abro el Instagram y resulta que la novia de mi amigo del GIZ empieza a seguirme. Llevábamos más de quince años conectados por Facebook y justo una o dos horas después de haber hablado de ella, en Alemania, con “una mexicana que trabaja en la escuela de música”, se le ocurre conectar conmigo.

Algún día escribiré mis historias paulausterianas porque esta es apenas de nivel bajo. Tengo otras aún más insólitas, aunque no tan inauditas como las de ese libro.

 

Cazatesoros

Uno de los hobbies de S es cazar tesoros escondidos a la vista de todos. Para mí siempre fue un sueño encontrar uno pero jamás me lo había tomado en serio hasta que empecé a acompañarla en su búsqueda. Y resulta que nos complementamos bien: ella se interesa sobre todo por muebles y arte, y yo por arte y libros; pero ella es impaciente y yo muy paciente.

Hace tiempo, por ejemplo, descubrió un sofácama y dos silloncitos en excelente estado de la colección Z de Poul Jenssen. En 1stDibs piden miles de dólares por cada pieza. Después de considerar venderlos, decidimos quedárnoslos. Y a esto puedo sumarle comodas altas y bajas, sillas, mesas, lámparas, de todo. Nos gusta el estilo mid-century y es lo que buscamos.

En cuanto a mí, encontré un facsímil extraordinario de un libro alemán medieval. Lo ofrecí a un anticuario en Roma pero lo rechazó. Esta semana lo vendí por 400 euros a un reconocido profesor de historia medieval en Alemania. Ya he vendido otras obras de arte que he encontrado y actualmente tengo dos en venta: una litografía a la plancha perdida de Alfred Pohl y una litografía de Werner Petzold. Son artistas menores pero es entretenido y un entrenamiento porque algún día encontraré un gran maestro o una pieza grecolatina.

Por lo pronto, esta semana fuimos a ver una mansión: el señor murió, la señora está demente en un asilo y una de las hijas, a la que conozco, me pidió ayuda, así que fuimos. No encontramos nada de gran valor económico pero sí algunas piezas monas y muchas cosas útiles. Quizá me contrate para que le ayude a vaciar la casa, “lo está pensando y platicando con sus hermanos”.

La culpa de todo es de Julio Verne y de Salgari, porque me hicieron soñar con tesoros, y luego de Bruno Traven, que me hizo creer durante mi infancia de que había un tesoro escondido en la Sierra Madre. Ay…

Foto: obra sin título conocido de Amadeo Gabino, 1989, que tengo en el pasillo que lleva al ático

 

Mi amigo Cafeólogo

Jesús Salazar es un amigo que llegó a la filosofía después de una incursión en la medicina. Compartimos oficina en la Facultad de Filosofía durante un año decisivo en mi vida y durante ese tiempo nos volvimos amigos. Primero me fui yo de ahí para regresarme a Berlín y poco después se fue él a su Chiapas natal para dedicarse al café. Desde entonces se hace llamar Cafeólogo.

“El café es un centro, del que confluyen ciencia, tecnología, filosofía, arte, hostelería, ética, medio ambiente, negocios, culturas, y convergen quienes hemos decidido dedicarnos a él. nos encontramos en el mejor escenario posible“, escribió. Y con razón, pues pocos saben tanto sobre café –y desde tantas perspectivas– como él.

Sin embargo, tenemos veinte años de no vernos. Hace unos días, me llegó un WhatsApp desde Bruselas: una amiga cafetera se había encontrado con el Cafeólogo y salí en la conversación. Me mandaban saludos los dos. Y luego, hablando con otro amigo de Monterrey, fui yo quien lo sacó a colación. Total que terminé chateando con él hasta Chiapas.

Un gran reecuentro digital que espero repetir con un café de por medio. En donde sea.

Foto: Jesús Salazar Cafeólogo

 
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Fatiga digital

Ayer, Frank Bruni puso el dedo en la llaga: “The digital age has a way of turning excitement to exhaustion, of reducing everything to content to be molded in whatever fashion a given messenger or medium desires.“

Para empezar, “creador de contenido” era una expresión técnica que saltó al lenguaje cotidiano. Pero es una expresión vacía. Cuando compras chile tajín, compras chile tajín: importan el sabor, la consistencia, el olor, la marca incluso. Pero cuando “generamos contenido digital”, ¿qué estamos vendiendo? Y cuando “consumimos contenido”, ¿qué estamos comprando?

Fue Geert Lovink el primero a quien le escuché decir hace muchos años ya en un seminario que dictó en Malta que el producto es uno mismo. En la economía de creadores, de influencers y de redes basadas en personalidades, el término “contenido” es una mentira: es la envoltura porque el verdadero contenido es el “creador”. El creador que se crea a sí mismo como producto.

“Contenido” es una generalidad porque no es lo mismo consumir chistes, historias personales o porno, así como no es lo mismo comprar zapatos, una pizza o una entrada al cine. Si diferenciamos eso en la vida real, ¿por qué no en la digital? Las redes no distinguen entre una caída, una guerra, un par de tetas y una reseña de Kant: todas se reducen a lo mismo, anzuelos que capturan nuestra atención.

Algunos estamos empezando a fatigarnos ya de “contenidos” digitales, que fundamentalmente nos cuentan en línea y sin tregua lo divertida, trágica o maravillosa que es la vida real. No solo se perdió la diferencia entre una cosa y otra, sino también entre el contenido y su envoltura, entre lo que producimos y nosotros mismos.

Foto: Gali May Lucas & Karoline Hinz, ‘Absorbed by Light’ (2019)

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Cinco cosas buenas (vol. 16)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

Hans-Christian Andersen visita a los hermanos Grimm

Mi suegro llegó a casa muy entusiasmado. Quería contarme una anécdota que leyó en la autobiografía de Hans-Christian Andersen. Después de escucharlo, la revisé y me dio mucha risa.

Ya había visitado a los hermanos Grimm en una ocasión anterior pero en aquel entonces no logré entablar relación con ellos: no llevaba cartas de recomendación porque me habían dicho —y así lo creí— que, si alguien conocía mi nombre en Berlín, eran justo los hermanos Grimm. Así que fui directamente a su casa.

La criada me preguntó con cuál de los dos deseaba hablar.

—Con el que más haya escrito —respondí porque no sabía cuál de los dos se había dedicado con mayor empeño a los cuentos de hadas—.

—Jacob es el más erudito —contestó la muchacha.

—Entonces lléveme con él.

Entré en la habitación y de pronto tuve frente a mí a Jacob Grimm, con su rostro severo e inteligente.

—Vengo a verlo sin cartas de presentación —le dije— porque espero que mi nombre no le sea del todo desconocido.

—¿Y usted quién es? —me preguntó.

Le dije mi nombre.

—No recuerdo haberlo oído nunca —respondió con cierta incomodidad—. ¿Qué ha escrito?

Ahora el avergonzado era yo. Le mencioné entonces mis pequeños cuentos.

—No los conozco —dijo—. Dígame otro título. Seguramente habré oído hablar de alguna de sus obras.

Fui enumerando varios pero él siguió negando con la cabeza. Me sentí del todo desafortunado.

—¿Qué pensará usted de mí? —le dije—. Llego aquí como un completo desconocido y tengo que ponerme a enumerar mis propios libros para explicarle quién soy. ¡Usted debería conocerme! En Dinamarca se publicó una colección de cuentos populares de todos los pueblos dedicada a usted, y ahí aparece por lo menos un cuento mío.

—No —respondió con buen humor, aunque tan incómodo como yo—. Ni siquiera he leído ese libro. Pero me alegra mucho conocerlo. ¿Me permite llevarlo con mi hermano Wilhelm?

—No, muchas gracias —contesté.

En ese momento, lo único que deseaba era irme. Ya me había ido bastante mal con un solo hermano. Le estreché la mano y salí a toda prisa de la casa.

Imagen: GPT

 

Candidatura legal y oficial

Esta semana, el municipio publicó la lista definitiva de los candidatos a las elecciones del próximo 13 de septiembre, en las que figuro. No tengo ninguna ambición ni quiero hacer carrera política. Es un trabajo pro bono a nivel municipal.

Estoy orgulloso de ser el primer mexicano en una lista electoral en Alemania y sospecho que incluso soy el primer latino.

 

London Falling

En todos lados leí que es una maravilla este libro, que es un reportaje. Lo empecé a leer y de inmediato me recordó In Cold Blood. Buena prosa, misterio, muerte pero con un toque de siglo XXI: gente rica en Londres.

Apenas voy en las primeras páginas pero, si te gusta leer una buena historia bien contada, lo recomiendo, respaldado en la cantidad de reseñas positivas que he leí.

 

Bosques de Cleveland

Mi amiga R me envía una foto desde la terraza de su casa, en Cleveland. Resulta que tiene tres acres –poco más de una hectárea– de bosque. ¡Alucinante! En Alemania, el 43 % de los bosques son propiedad privada; en México, casi el 60 % son ejidales y el resto privados, con una cantidad ínfima de bosques públicos; y en Estados Unidos alrededor del 55 % son privados también.

Curiosamente, hace dos o tres días pensaba en esto de los bosques porque vi un bosque en venta: precio del metro cuadrado: 1.60 euros. En este caso, el dueño vendía muchas hectáreas y no estaba dispuesto a dividir la propiedad.

Otros conocidos tienen bosques en Alemania: los usan para sacar madera, para ir de cacería, para descansar, para tenerlos, quizá como inversión. Lo estuve pensando a raíz del anuncio y creo que no es algo en lo que invertiría por más que me gustaría tener uno con montaña y arroyo incluidos.

 

El termómetro de mi salud

Aunque esta fue una mala semana por sentir esa fatiga rara tipo PTSD, qué bien se siente tener otra vez cierta capacidad de acometer cosas y de hacer vida en familia: llevaba ya unos cuantos años sin hacer planes en familia de modo normal por pura falta de energía física para ir y venir, subir y bajar, entrar y salir. Me había limitado a sobrevivir y a convivir lo mínimo indispensable.

Esta semana nos fuimos a pasar un día a Hamburgo. Fuimos a un lugar nuevo para mí: a las playas del río Elba justo en la zona del puerto. El río tiene marea –al igual que el Támesis, según aprendí en London Falling– y fuimos en bajamar (¿bajorrío?). Esto, aunado a las sequías que castigan a Europa, hizo que la playa fuera más ancha de lo normal.

Tiene algo de encantador bañarse y asolearse en la ciudad frente a todo tipo de embarcaciones, desde vapores de paleta como los del Mississippi hasta buques de carga transatlántica.

 
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Cinco cosas buenas (vol. 15)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

El Guernica africano

Con la edad me he asombrado más y más por el genio de Picasso. Me sirvo de cualquier oportunidad en clase para hablar de él. Pero no conocía este Guernica africano, con el que Dumile Feni denunció desde Johannesburg los abusos del apartheid y artísticamente lo emparentó con el ataque de la legión Condor nazi a Guernica. Es una obra monumental de más de dos metros de lado hecho con carboncillo y lápiz.

Por primera vez salió de Sudáfrica y está expuesto en el Reina Sofía. Me gustaría verlo.

Imagen: Museo Reina Sofía

 

Victor Lundy

Otro de los descubrimientos de esta semana fueron otros dibujos, también relacionados con la guerra, a saber, los de Victor Lundy, un adolescente que peleó en el frente occidental contra los nazis. Sus imágenes tienen vida propia y son los mejores que he visto de esa época. Por desgracia se perdieron muchos de los 87 cuadernos que llenó; aún así, se conservan más de 200 dibujos, que incluyen retratos, paisajes, instantáneas, que siempre transmiten el ánimo del momento.

Luego fue un arquitecto renombrado. Vale la pena ver también los diseños que dibujó. Y murió hace poco a los 103 años de edad. No resistí y compré uno de sus libros para revisarlos con calma.

Imagen: Victor Lundy

 

Countryside Brutalism

Jonathan Bell escribió en Wallpaper una reseña de la nueva camioneta Q9, de Audi. Al parecer, es un mamotreto de casi cinco metros y medio; y un cúmulo de lujos bochornoso. No sin ironía observó que es una preciosidad por dentro y –lo dicho– un mamotreto por fuera: “This is a segment dedicated to cars that are much better experienced from within than from without – it’s business class brutalism“.

Me cuadró lo del brutalismo porque es justo el tipo de camionetas que me gustan: cuadradas, lo menos aerodinámicas posibles, que se vea el esfuerzo que hace el motor por vencer la resistencia del aire. Y aunque no es el caso de Audi, sí lo es de Land Rover.

Así que, parafraseando a Bell, acuñé el término countryside brutalism para referirme a nuestra Kate, una Discover IV. Las líneas rectas, los escalones, las propociones acrecentadas y el uso no urbano que le damos a diario son cien por ciento rasgos brutalistas.

 

Maromas

La última vez que me eché una maroma en el aire fue antes de darme el estirón, es decir, a los catorce años. O sea, hace más de treinta años. Con el estirón sentí que perdí coordinación y, con ello, cofianza en mí mismo.

Hasta ahora, en que me dije que no podía ser y me lancé al agua. Las primeras tres o cuatro veces caí de espaldas –auch– pero ya había logrado quitarme de encima el temor. Ya las siguientes maromas me salieron bien.

Seguiré practicando. Hasta donde alcanzo a ver, soy el único chavorruco que se ha echado maromas en esa alberca.

 

Por una cochera digna

Hace tiempo que quería tener una cochera digna. Tenemos una cochera pequeña, donde cabría la camioneta pero doblando los espejos y con márgenes milimétricos para entrar y salir, por lo que se queda afuera. Ya la ampliaré.

Por lo pronto, es el lugar de las bicis y las motos. O debería serlo. Pero sucede que en la cultura alemana, cochera es sinónimo de chiquero: ahí echan todo lo que es basura y no quieren tener ni en el sótano ni en el ático –porque estos alemanes tienen ¡tres! espacios en la casa para convertir en chiquero– pero tampoco se atreven a tirar.

Tras varias conversaciones, que no negociaciones, S me permitió “hacer lo que yo quisiera” con la cochera". No esperé a que me lo dijera dos veces. Y si bien no me autorizó comprar los sofás que yo quería comprar para ya empezar, aunque no fueran los que tenía en mente, de pronto una vecina le vendió un sillón bueno y S me dejó que pasara uno de los sillones de la sala a la cochera.

No hizo falta entusiasmar a G porque él se entusiasma solo. Y hoy me pasé doce horas arreglando la cochera. Aún faltan muchos detalles pero estamos contentos con este primer paso. Será nuestra cave’s man, ya dijimos.

La casa va tomando forma: ya tenemos también un pequeño gimnasio, ya tengo mi biblioteca en los libreros, áhi la llevamos… No ha sido ni fácil ni rápido.

Es algo pequeño pero grande para mí pues hace dos años que quise tener esto en orden y simplemente no había tenido la energía para acometer lo que me parecía una tarea imposible. Señal de que ya estoy mejor.

 
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¿Qué representa Musk el billonario?

A finales de junio –cuando empecé a escribir este post–, el patrimonio de Elon Musk estuvo valorado en más de un millón de millones de dólares, lo que lo convirtió en el único billonario del mundo. (El término inglés billionaire equivale en español a “milmillonario” y trillonaire a “billonario”.) Como es difícil imaginar un millón de millones, los medios de comunicación ofrecieron un sinnúmero de símiles para ponerlo en perspectiva: torres estratosféricas de billetes de dólares o miles de años en sueldos.

Pero la pregunta de fondo es qué dice de nosotros y del sistema semejante ultrarriqueza.

Empecemos por apagar alarmismos, pues esta no es la primera vez en la historia que un solo individuo amasa tamaña fortuna ni está claro que sea el hombre más rico de la historia. Damas y caballeros, les presento a Jakob Fugger, a quien en su época apodaban “el rico” y en la nuestra “el hombre más rico que haya jamás vivido”.

Es difícil –y acaso inútil– comparar dos fortunas con cinco siglos de diferencia. Pero sirva decir que a Fugger le debían dinero y favores todas las casas imperiales y reales de Europa, incluido el papa, y que su riqueza era el 2% del PIB del continente europeo. Fugger convenció al papa de levantar la prohibición vaticana sobre los intereses para cobrarles intereses a los soberanos, empezando por Carlos V, el emperador del imperio más vasto en la historia después de Roma.

Musk no ha alcanzado ni de lejos ese poderío: su influencia en Washington fue pequeña y pasajera. Fugger utilizó el poder político para acumular riqueza, mientras que Musk utiliza su riqueza para comprar capital político. Fugger fue uno de los arquitectos del sistema capitalista actual. Fugger fue uno de los constructores de la plataforma sobre la cual hoy se yergue Musk.

El banquero que financiaba emperadores, papas y reyes, influía en sus decisiones políticas, militares y sociales. Esta germanía entre poder económico y político resultó ser un arma de doble filo: las repetidas bancarrotas de los Habsburgo golpearon a la casa Fugger, marcando el declive de la mayor fortuna del mundo. En efecto, Fugger muestra que el sistema que lo posibilitó terminó por destruirlo, así como Saturno devoró a sus hijos.

Mi lectura es que Fugger marcó el punto de mayor poderío del sistema que lo produjo y ese mismo sistema terminó por implosionar. Acaso Musk represente también la culminación de un modelo económico, cuya sostenibilidad ya se cuestiona con seriedad.

Hoy no importa el tamaño de la riqueza de Fugger sino su legado, por lo demás ambivalente: una institución de vivienda social que sigue funcionando cinco siglos después, un capitalismo financiero que transformó Europa y una nueva relación entre el dinero y el poder político. ¿Qué dirán los historiadores sobre el legado de Musk dentro de quinientos años?

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Cinco cosas buenas (vol. 14)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

¡Canicas!

Hace muchos años, mi amigo José Montelongo me dio a leer un ensayo padre de verdad sobre canicas. Deploraba con nostalgia que el juego hubiera desaparecido, lo que me hizo caer en cuenta de que, en efecto, llevaba unos veinte años sin jugar a las canicas o sin ver niños jugando a las canicas. Me transmitió su nostalgia.

La casa que nos heredaron llegó con un bote de canicas, tabú para las niñas que crecieron aquí: llevaban cuarenta años confiscadas en un bote. Pues hoy que estuvo el día lluvioso y los niños me dijeron que estaban aburridos, saqué el bote de las canicas tabú y les enseñé a jugar, aunque fuera adentro sobre la alfombra. No recordaba con exactitud los distintos juegos, nombres ni siquiera las reglas pero hice mi mejor esfuerzo. A falta de pocito usamos un papelito. Les enseñé a los niños a tirar –lo que me costó mucho trabajo no solo por la falta de práctica sino porque ya me crecieron las manos– y nos divertimos.

Quedamos de llevar las canicas al patio de la escuela, ideal para jugar, no solo por la orografía sino porque a las canicas se debe jugar en el patio de la escuela. Mientras tanto, yo ya habré releído el ensayo de José y, quizá, googleado las reglas básicas del juego.

 

Un nuevo motociclista

Una de las grandes desilusiones de mi vida fue nunca tener moto, a pesar de haber insistido desde kíndergarten en que quería una. Con la consigna de que “es un ataúd sobre ruedas”, jamás me compraron moto. Tuve que aprender a manejar robándome la de mi papá cuando a los catorce o quince años… ah, porque él sí tenía su moto.

Esa gran desilusión me llevó a la ilusión de comprarles motos a mis hijos. Gozo de una manera indescriptible sentarme a verlos mientras dan vueltas en su moto o irnos a dar la vuelta juntos en las motos.

La gran alegría de esta semana es que R ya aprendió a andar en moto. El año pasado se cayó en el primer intento y tuvo miedo de volverlo a intentar, miedo que se extendió todavía hasta este verano. Pero su hermano lo persuadió de que “no pasa nada” y por fin se animó. No solo eso, sino que a los cinco minutos ya estaba divirtiéndose haciendo piruetas y parándose sobre el asiento como un verdadero stunt man.

Nada me gustaría más que llegara a desarrollar el gusto por las motos y que se una al plan que tenemos G y yo de darle la vuelta al mundo en unos años, cuando tengan edad y se pueda.

Godspeed!

 

Este futbolito de lujo

Soy de gustos sofisticados y caros, qué le voy a hacer. S propuso que tuviéramos un futbolito de mesa y reaccioné con horror porque son objetos espantosos. Quizá estoy un poco desviado en mi juicio porque el primer futbolito que vi en mi vida en casa de mis primos era una absoluta ruina sucia, rota, apestosa, desagradable, y se me quedó la idea.

Pero esta semana vi esta belleza irlandesa construida siguiendo las líneas del diseño mid-century con madera de nogal, mármol, porterías de piel y empuñaduras de bronce. Se fabrican a mano en Irlanda bajo pedido. Se aceptan donaciones en esta casa.

Foto: Orior Furniture

 

El monte Olimpo

Hace unos quince años, Grecia pidió a la Unesco que reconociera al monte Olimpo como patrimonio de la humanidad, por ser la sede de Zeus y la asamblea de los dioses griegos. La respuesta llegó justo hoy, para beneplácito mío, y acorde con el estreno de la Odisea de Christopher Nolan, que no he visto.

Hace unos días caí en cuenta de que la Odisea es el libro que he leído y releído más veces. Y ahora empiezo a leerla y a entenderla desde las perspectivas que dan la adultez y la experiencia. Todo esto para decir que he estado confrontando el modo de ser griego con el modo de ser cristiano y me doy cuenta de que cada vez me alejo más del cristianismo que se me inculcó –sectario, opusdeico, sí– para volverme más griego. No hablo de religión sino de cosmovisión.

Así que me alegra en demasía la noticia, que llegó tambié muy acorde con mis perspectivas de la vida.

Foto: The Guardian

 

¿Duraznos? ¿En Alemania? ¡Sí hay!

Lo que escribió Tolstoi de que “Todas las familias felices se parecen pero cada familia infeliz lo es a su manera” también puede decirse de la infancia. Y si en la mía estuvo ausente la alegría de la moto, tuvo la delicia de los higos y duraznos del jardín. Cada verano me comía los higos casi solo –llegué a contar setenta en una sola sentada– y las ramas del durazno caían hasta el suelo de tan recargados de frutos que estaban. Hasta que llegó una helada y murieron, no sin que antes hubiera tenido yo el tino de sembrar el hueso de uno de los duraznos que me comí.

Desde hace dos años he querido tener árboles frutales en el jardín. Decidí que cada uno de los niños sembrara uno: un manzano, un ciruelo, un cerezo y un peral, frutas todas que se dan bien aquí. Pero se nos pasó el tiempo de la siembra, luego surgieron otras prioridades y no sembramos nada.

Pero el dueño del taller de motos me contó que tiene un durazno en el estacionamiento del taller. ¿¡Cómo!? Si esos árboles no son a prueba de frío. O al menos eso pensaba. Pues fui a asomarme y, en efecto, el arbolito está recarcago de duraznos. Corté dos, me los comí y los sembramos en el jardín. Ya encarrerados, los niños tomaron huesos de otros duraznos que habíamos comprado y los sembramos también.

Para mi sorpresa, C ya había tomado la iniciativa por cuenta propia y había sembrado cinco castaños, y las matitas ya estaban creciditas. Ya veremos cómo se van dando…

 
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Cinco cosas buenas (vol. 13)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

La serie de Nadal

Soy un converso: nunca me interesó realmente Rafa Nadal pero después de ver la serie documental de Netflix me convertí al nadalismo. Exagero, claro, aunque sí he llegado a descubrir un personaje asombroso. No me parece que su camino sea modelo para nadie ni que haya elegido el mejor camino pero impresionan su persistencia y fortaleza.

De las series biográficas de deportistas que he visto, me parece que esta es la más humana y la que presenta el peor ejemplo de todos: jugar tenis al más alto nivel con el pie roto durante décadas es algo que nunca me imaginé. El sufrimiento como medio de realización. Más católico, imposible. Y aún así, no deja de fascinar cada sombra que proyecta Nadal con las decisiones reprobables y erróneas que, a mi jucio, tomó.

Y sin embargo, ayer fue el mejor del mundo y hoy está felizmente retirado. Otras vidas son posibles…

Imagen: Netflix

 

El cardán de la moto

Puesto que la moto es una bici evolucionada mediante un motor, la mayoría de las motocicletas funcionan con caja de tranmisión en el motor y una cadena (o correa dentada). Pero los ingenieros de BMW eliminaron la cadena y adoptaron el invento de Girolamo Cardano –el cardán– para reducir el mantenimiento de la transmisión.

Me preocupó ver la zona del cardán de mi moto manchada de grasa y aún más no tener ni las herramientas para acceder a la boquilla para ver el nivel de aceite. La llevé al taller temiendo haber dañado el cardán, cuya reparación suele ser costosa. Por suerte no: era un simple retén de aceite roto.

Desde ayer tengo la moto de nuevo en casa y listo para rodar un poco. Pero solo un poco porque debo cambiarle las llantas y aún no sé si volver a ponerle las Continental que me gustan o probar un modelo nuevo para meterle más al off-road. Lo voy a consultar con la almohada…

 

De Wordle a Spelling Bee

No soy gamer ni afecto a los videojuegos pero durante nuestra estancia en España me entretuve con Wordle. A finales del año pasado lo retomé pero terminó aburriéndome por parecerme fácil. Después de comparar los distintos juegos del New York Times, terminé por engancharme al Spelling Bee.

Lo juego hasta alcanzar el puntaje mínimo dle nivel más alto y lo dejo. Es adictivo e irregular: a veces es facilísimo encontrar las palabras, otras veces endiabladamente difícil. La única regla que me he impuesto es no usar inteligencia artificial. Como primer ayuda, acudo a las pistas del propio juego; como segunda, al diccionario. Nada más.

Es mi termómetro cognitivo: después de tres años incapacitado para leer, voy observando cómo va respondiendo el cerrebro. Esta semana, por ejemplo, ha sido mala, pues no consigo casi armar palabras con las siete letras en juego.

Imagen: New York Times

 

Un nuevo gym

Después de varias consideraciones, por fin decidí dónde instalar el gym que quiero tener en casa. A esta edad cobra importancia tomar decisiones para envejecer de la mejor manera posible. Y si además a uno le gusta jalar fierro, mejor todavía. El espacio es pequeño pero ideal para instalar un gym casero. Ya el tiempo dirá si lo reubico para ampliarlo.

Por lo pronto, hoy conseguí la primera piedra de esta fundación doméstica: una máquina remadora con agua. La compré de segunda mano, en excelente estado y por una ganga.

Ya tengo un saco de box pero va a ser complicada su instalación, además de unas dumbbells y algo más de equipo. Todavía me faltan algunas cosas de mi checklist pero no hay prisa. Por lo pronto, ya sé qué cómo voy a empezar ahora mis mañanas.

 

Château de Purnon

Una pareja australiana compró un castillo del siglo XVIII en ruinas. Desde hace tres años han estado restaurándolo y documentando cada detalle. Es fascinante ver el trabajal que han invertido en su Château de Purnon, cerca de Poitiers. Porque, además, han sabido documentar cada minucia por escrito, con fotografía y con video, de manera que ya cuentan con un libro, un canal de YouTube y cuenta en Instagram con 650 mil seguidores.

Con acumen han sabido juntar colaboradores y mecenas, patrocinadores y entusiastas. Al descubrir restos de tapices, por ejemplo, consiguieron que Farrow & Ball –nada menos– los reprodujera y pusiera a la venta.

Hay uno en particular que me atrapó de inmediato: una garza devorando una serpiente. ¿Acaso puede haber algo más apto para este mexicano de la Garza? Ya estoy pidiendo una muestra porque mi propuesta de usar tapices de Fornasetti no tuvo éxito…

Foto: Château de Purnon

 
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Cinco cosas buenas (vol. 12)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

Wimbledon forever

De niño se me prohibió jugar tenis —aunque usted no lo crea— pero me aficioné gracias a Agassi, sobre todo, y de adolescente daba pelotazos. Ahora es mi deporte favorito y no me pierdo los Slams.

Este torneo de Wimbledon fue una gozada. El partido entre Djoković y Felix A-A fue tenis al más alto nivel. Y la final femenina me puso al borde del sillón. Me gustó que perdiera Zverev y que Sinner se quedara con el trofeo, pero se extraña a Alcaraz, el mayor showman.

Foto: Wimbledon

 

Esta biografía intelectual

Estoy leyendo esta biografía de los hermanos Grimm. Publicada a finales de 2025, es la primera en lengua inglesa desde hace 55 años y la primera de los últimos quince años. Curioso que se biografe a una pareja en conjunto, no a cada sujeto por su cuenta.

Y aunque apenas voy al inicio, ya me enganché porque no es una biografía típica sino más bien intelectual. He aprendido ya de historia alemana y de la Reforma, por no decir sobre los biografiados. Una lectura muy recomendable.

 

Nuevas geografías del alma

Estoy en una playa del Mar del Norte poco antes de llegar a Dinamarca. Si pudiera ver tierra detrás del horizonte, vería las playas cercanas a York, en Inglaterra.

La geografía es muy otra a la de nuestras playas: dunas extensas en parte cubiertas de pastos, playas de casi un kilómetro de anchura con un declive bajísimo.

El año pasado también vinimos pero yo me sentía tan mal que casi no salí del depa. Esta vez, en cambio, soy otro: he bajado a la playa todos los días, he trotado mis kilometritos sobre la arena y dado recorridos en bici. Siento que estoy ya en la última etapa de mi largo proceso de recuperación…

 

American History X treinta años después

Vi American History X. ¡Qué diferente lectura a la de cuando salió en 1998! No era consciente de que ya entonces hubiera cuotas de integración de minorías y, mucho menos, que ya hubiera oposición. Los diálogos parecen de hoy. Spooky!

Es una gran película con una actualidad que pone los pelos de punta, sobre todo porque su happy end se antoja cien por ciento ficticio e inviable en nuestra sociedad casi treinta años después.

Foto: American History X

 

Expos en línea

Dado que vivo en un pueblo rascuache, mi única posibilidad de ver exposiciones es en línea. Pues sucede que los alemanes han desarrollado el raro arte de montar exposiciones en internet. Vi una buena en serio sobre los monumentos men, el equipo de soldados encargados de recuperar el patrimonio cultural que los nazis robaron a todo lo largo y ancho de Europa. George Clooney dirigió una película basada en ellos. Aprendí que su trabajo fue la primera ocasión en la historia en que los vencedores no expolian el arte y los artefactos arqueológicos y culturales del país vencido, lo cual dio pie a la creación de la Unesco.

Luego vi otra expo sobre libros en la biblioteca central de la Universidad Humboldt de Berlín. Si bien es estudiantil, con las limitantes que ello implica, hay historias preciosas sobre algunos libros del acervo.

Sin duda recomiendo estar al tanto de las exposiciones interneteras que ofrecen las distintas instituciones culturales alemanas.

Foto: Lili Csóti

 
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Cinco cosas buenas (vol. 11)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

“Me ha ayudado mucho en la vida”

Durante los últimos cuatro meses de 2024 di clases en un Gymnasium, el equivalente alemán de la secundaria y la prepa, solo que aquí comienza en quinto grado. Nunca había dado clase debajo de prepa hasta esta ocasión. Aprendí que no es lo mío.

Es de un alumno muy inteligente, consciente de que es listo y acostumbrado a sentirse superior a sus maestros. No fue fácil que nos entendiéramos pero lo conseguimos. Pasado año y medio, me llegó este mensaje que me hizo sentir orgulloso del esfuerzo que puse: “¿Se acuerda de mí? Gracias por su clase, que me ha ayudado mucho en la vida”.

 

Paraísos perdidos

Leí, releí, imprimí, subrayé y guardé un artículo fenomenal de The Atlantic sobre Darwin. Resulta que odiaba navegar porque se mareaba mucho pero su obsesión por verlo todo era más grande.

Darwin tuvo dos paraísos: El paraíso perdido de Milton, que lo acompañó a las Galápagos, el archipiélago que fue su segundo paraíso. No tuvo una visión beatífica en las islas; tan solo estuvo cinco semanas, tiempo suficiente para observar y anotar lo que necesitaba para desarrollar en su escritorio, a lo largo de los siguientes veinte años, su teoría de la evolución. No fue la primera que se propuso pero sí la más robusta, la que logró convencer a la comunidad científica.

El escándalo de Darwin no fue tanto decir que “descendemos de los monos” –de niño, mi papá despachó esas tonterías– sino el destronamiento del ser humano, que pasó de ser la criatura preferida del Creador, quien la había situado en un rango superior –tal como me dijo mi papá–, a uno más entre los mamíferos.

Una de las ideas más sugerentes del artículo es: You are what you pay attention to. En efecto, aquello a lo que le prestamos atención termina moldeando nuestra manera de pensar, sensibilidad y carácter. La vida, en definitiva. Lo puedo confirmar: desde ese lejano día en casa comencé a prestarle más atención a la teoría de la evolución que a aquello que repetí miles de veces al rezar el Credo niceno-constantinopolitano. Sin que lo imagináramos, mi papá sembró con ese comentario dogmático la semilla de la curiosidad y la duda, que a la postre me contribuirían a salvarme del Opus Dei.

Foto: Will Matsuda

 

Train Dreams

Me gustó tanto ver Train Dreams en Netflix, que busqué la novela. Es una novela diminuta que se lee en dos horas. Conmueve por su sencillez, asombra por condensar toda una vida y deslumbra por su lenguaje.

Una de sus más notables cualidades es el manejo del tiempo y del ritmo: Denis Johnson va y viene de una a otra década, de un año a otro, sin que sintamos el salto brusco en el calendario.

¡Y la revelación! No diré más porque toda novela guarda una, excepto que hoy leí esta pequeña obra maestra.

 

Un problemón de 4 €

El verano pasado me pareció fácil guardar el protector para el sol debajo del asiento abatible de Kate, nuestra camioneta. Lo hice muchas veces. Era el mejor sitio perfecto para tenerlo a la mano sin que estorbara.

Cuándo me iba a imaginar que quedaría prensado en el mecanismo que levanta el asiento. Durante un año no pudimos desatorarlo. Varias veces intenté repararlo: pasé horas viendo videos, leyendo recomendaciones en foros y encaramado en la cajuela de la camioneta. El asiento me derrotó.

La recomendación de internet era siempre la misma: violencia pura para romper el asiento y reemplazarlo por uno nuevo. Pero yo me resistía. Mi mecánico tampoco supo cómo resolverlo. ¡Todo un año de problemas por un pedazo de basura de 4 euros! Prefiero no decir cuánto te cobran en la agecia por instalar un asiento nuevo, en caso de que aún tengan la refacción.

Pero no hay nada que nuestro amigo Torge –mecánico por hobby– no pueda resolver cuando se trata de Land Rover: su pasión es inigualable y conoce estas camionetas al milímetro. Torge resolvió el problema en cosa de dos horas: metió una sonda con una cámara y se las ingenió para liberar el mecanismo a distancia con una herramienta de inverosímil ingenio. Fue una endoscopia.

Después de un año difícil, nuestra Kate ya está otra vez como nueva.

 

Cumpleaños 250 de Estados Unidos

Después de la democracia de la antigua Grecia, pienso que Estados Unidos ha sido el experimento político más asombroso de la historia (el tercero es la Unión Europea).

Sobre la base de que all men are created equal, los fundadores concibieron una nación no definida por la sangre, la lengua o la etnia, sino por unos principios comunes. Por eso, cualquier persona de cualquier lugar del mundo puede aspirar a convertirse en estadounidense.

Sí, los tiempos actuales son aciagos; los abusos e injusticias, innúmeros; acaso la pax americana sea cosa del pasado. Lo sé y lo pongo en la balanza. Pero aún así, como esfuerzo de igualdad de oportunidades, atraer talento de todos lados y ofrecer la posibilidad de prosperar, ¿qué otra organización política ha llegado tan lejos o influido tanto en la vida de tanta gente?

Happy birthday, USA!

 
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Cinco cosas buenas (vol. 10)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

¡Décimo aniversario!

En mi cumpleaños del 2016, mientras vivíamos en México y celebrábamos en Puerto Escondido, le dije a S que quería vivir con ella por tiempo indefinido y formar una familia. Esa misma noche, aún sentados en la playa, tomamos cuatro decisiones: matching tattoos, hacer un viaje en coche por la costa occidental de Estados Unidos, empezar nuestra familia cuanto antes y que los niños crecieran en Alemania.

Como somos resolutivos, nos levantamos y convencimos al tatuador de que pospusiera su cena y nos tatuara. Regresamos al DF, organizamos nuestro roadtrip y en Portland nos enteramos de que S estaba embarazada.

Después abordamos el avión de Lufthansa que nos llevó a Berlín. Llegamos el 28 de junio por la tarde. Como S había subarrendado, caímos en el depa desocupado de una amiga suya en Prenzlauer Berg. Dejé las maletas y salí a toda prisa de la casa: necesitaba reencontrarme con Berlín, la ciudad que me había deshecho para poderme rehacer, y con el barrio de PB, que me había dado y quitado tanto. Junto a la puerta reparé en un huacal lleno de libros para regalar. Uno captó mi atención: The Pregnancy Book for Men: From Dude to Dad in 40 Short Weeks.

Me reuní con alguien que en esa época consideraba mi amigo, tomamos cervezas y cenamos. La tarde parecía resistirse a que nos cayera encima la noche.

Diez meses después de aquella noche de tatuajes en Puerto Escondido nació C. Pasado un tiempo, había dejado de ser dude y me había convertido en papá, decidí que Berlín ya no era el lugar idóneo para vivir. Tras un intento infructuoso por llevar a la familia a España, nos reestablecimos en el campo en lo que se llama aquí la Lüneburger Heide, algo así como el “valle florido de Lüneburg”.

Han sido diez años de nostalgias por mi antigua vida de dude, de alegrías y esperanzas, de sueños rotos por no habernos establecido en Tarifa, de retos interminables, diarios y pedestres por vivir con cuatro niños y de romperme en mil pedazos para volverme a pegar pero no con kolaloka ni resistol sino con kintsugi porque descubrí a una persona que hizo exactamente eso conmigo: S, una mujer de 24 quilates.

 

Tres años de Cz

Nuestra Cz cumplió tres años. Lleva tres días poniéndole tres dedos en la cara a quien ose cruzársele en el camino. ¡Tres! In your face!

Para mí, tres años no son nada; para ella, toda una vida. Nació cuando apenas empezábamos a dejar atrás la pandemia, que hoy ya queremos que sea lejana. En el ínter aprendió a cantar, a andar en patín del diablo y también –hija de tigre: pintita– a imponerse cuando algo no le parece.

¿Pandemias? ¿Mundial? No sabe que hubo un tiempo en que no podíamos acercarnos ni abrazarnos, tampoco que el mundo se paraliza cada cuatro años por una pelota de futbol. Son cosas de mi memoria, no de la suya. Para ella, el mundo simplemente ha sido así desde siempre. Quizá en eso se nos vaya el tener hijos: en heredarles como normal un mundo que uno todavía recuerda como extraordinario.

¡Cz, que cumplas tres años treinta veces más!

 

Calorón

El tema en Europa es el calorón. No es que haya llegado una oleada de calor, es que tenemos un domo de calor sobre Europa que nos está cocinando. En el continente más avanzado del mundo no estamos preparados a pesar de que llevamos treinta años escuchando sobre cambio climático y calentamiento global. Excepto los negocios de lujo y los hoteles, es difícil encontrar establecimientos con aire acondicionado.

Crecí en Monterrey –tengo claro el día en que estuvimos 48º–, así que el calor me recuerda de dónde vengo. Pero uno se medio desacostumbra, así como también uno se medio acostumbra al frío, que me recuerda dónde vivo. Como sea, para mí el sol y el calor son una buena noticia y más llevaderos que el frío y la oscuridad invernal. Estoy contento con estos calorones., aunque ya vi qué medidas voy a tomar para equipar la casa para que nos hagan los mandados, como en Monterrey.

Imagen: BILD

 

Otros mundos para explorar

Vi el documental de Alex Honnold explorando Groenlandia. Me dio un poco de sentimiento porque yo soñaba con ser explorador de NatGeo: “Dr. Livingstone, I presume?” fue uno de los horizontes de mi vida. Quería ser un nuevo Dr. Livingstone al que tuvieran que ir a buscar porque se la estaba pasando muy bien en sus aventuras de explorador.

Pero la vida me tomó por el otro brazo: no tuve la guía necesaria para emprender ese camino del Dr. David Livingstone pero sí el otro: fue un fanático religioso así como yo también dediqué años importantes de mi vida al Opus Dei.

Conecto estos sueños y recuerdos con un reel que me envió mi amiga Karen sobre romper círculos. Fue lo primero que vi esta mañana al despertar y me dejó muy contento, muy orgulloso de mí mismo: lo mío no fue explorar Groenlandia ni el lago Victoria. Me tocó cartografiar ese otro territorio menos visible del pasado –personal y familiar– para romper ciertas cadenas traumáticas y dejarles a mis hijos un mundo –al menos interior– mejor. No encontré el nacimiento del río Nilo ni escalé murallas de granito en Groenlandia pero ha sido una buena expedición encontrar y desanudar el origen de ciertos dolores.

Imagen: NatGeo

 

Habemus prologum!

Ayer terminé de escribir el prólogo para el libro de los cuentos completos de los hermanos Grimm. En realidad ya había escrito buena parte dos años atrás. Ahora solo me limité a corregir esas páginas y a escribir unas cuantas más para que entonces no había sabido formular.

¡Estoy muy contento con el resultado! Esta noche le daré una nueva leída y enviaré a la editorial. Siguiente paso: revisar los cuentos del segundo tomo con un ojo mientras con el otro empiezo a leer la biografía de los Grimm que publicó hace unos meses Ann Schmiesing: la tenía desde hace varias semanas sobre el escritorio, la consulté para escribir el prólogo y me encantó cómo está armada y contada.

Al igual que hace unos años, los Grimm vuelven a estar en el centro de mi agenda y de mi cabeza. No se me ocurre mejor compañía para este verano.

 
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¿Por qué necesitamos todavía a Odiseo?

Siglo XXI, tiempos primigenios de la inteligencia artificial y… Christopher Nolan está por sacar una película sobre la Odisea. ¿Por qué le importa volver a Odiseo en plena revolución de la inteligencia artificial? ¿Acaso piensa que un poema de hace unos tres mil años puede decirnos todavía algo?

En el siglo VIII a.C., Homero fijó por escrito las aventuras por las que atravesó Odiseo en su vuelta a casa después de la guerra de Troya. La Odisea es la historia de un hombre que tan solo anhela volver a casa con su esposa e hijo. Si la Ilíada presenta la heroicidad de los héroes militares, la Odisea muestra que el regreso al hogar –el regreso a uno mismo– puede tener dimensiones heroicas.

En la tradición épica griega predominaban las hazañas militares. Y si bien Odiseo urdió el engaño del caballo de Troya y si bien supo burlar todas las dificultades –divinas, humanas y naturales– con las que tropezó en los diez años que duró su vuelta a Ítaca, Ernesto de la Peña observa que su ambición es sencillamente humana. Por eso llama a Odiseo “el primer hombre de Occidente”.

Iré un paso más allá al señalar que, además, es el primer hombre en términos literarios. Con la Odisea comienza una de las grandes intuiciones de la literatura occidental: el viaje interior del personaje es el que más nos importa.

Sí, Odiseo se desplaza por las geografías mediterráneas pero lo que importa es su viaje interior. Tras siete años de secuestro en la isla de Ogigia, rechaza a Calipso, quien le ofrece una vida inmortal junto con ella, ninfa de encumbrada belleza. Odiseo opta por una vida mortal junto a su amada Penélope, aunque le confiese: “sé muy bien que la prudente Penélope es menos hermosa que tú”. En Ogigia, Odiseo no vence monstruos sino la tentación existencial de la inmortalidad porque entiende que una vida sin memoria, sin hogar y, sobre todo, sin sus seres queridos deja de ser una vida verdaderamente humana.

Odiseo también sabe desconfiar de sí mismo cuando se hace atar al mástil de la embarcación como medida de prudencia para escuchar el canto de las sirenas sin sucumbir a él.

Tal como entiendo a Odiseo gracias a Ernesto de la Peña, es heroico quien elige una vida mortal habitando este mundo imperfecto con los suyos por puro amor. No quien crea inteligencias artificiales, persigue la inmortalidad tecnológica o la conquista de otros mundos. En tiempos de la inteligencia artificial debemos recordar quiénes somos para no perdernos. De la Peña nos recuerda cómo comenzamos a ser, cuál es el viaje interior que importa de verdad, en qué se nos va realmente la humanidad.

La Odisea nos ofrece una forma de entender qué merecemos desear. Lo demás son cantos de sirenas y seducciones de ninfas mitológicas. Quizá por eso Nolan vuelve a Homero.

Imagen: Still de Odisea, de Ch. Nolan

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Cinco cosas buenas (vol. 9)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

Concluí mi nuevo tratamiento

Estuve en un tratamiento de seis semanas que me cayó muy bien. En el hospital conocí a varios sobrevivientes de accidentes de moto; a gente rota por el suicidio de un familiar; y a otras muchas atrapadas por el cáncer.

Yo estoy concentrado en recuperarme y siento que avancé. Me recomendaron el programa de rehabilitación STAIR, pionero en Alemania, para estrés postraumático complejo. Le eché un ojo y se ve genial. Por primera vez sentí auténticas ganas de este nuevo paso: siento que ya no estoy sobreviviendo sino reconstruyendo con nuevas perspectiva.

 

Terminé de leer este libro

Mi amiga Julieta me regaló este libro, que fue mi gran compañero durante las seis semanas de tratamiento. Son ensayos sobre la Odisea. No solo me ha abierto perspectivas insospechadas para entenderla mejor sino también me enseñó a leer en registro literario.

Ernesto de la Peña sugiere que Odiseo es el primer hombre de Occidente porque no busca conquistar Troya –”el mundo”– sino recuperar su hogar, a Penélope y a su hijo después de la guerra. Los libros nos eligen y este sin duda me encontró en el momento adecuado. Después de todo, llevo dos años intentando lo mismo que Odiseo: regresar.

 

Mi vuelta a casa

Durante los últimos dos años, mis hijos han salido muchas veces a explorar el mundo o a jugar sin mí. No he estado en condiciones de acompañarlos, mucho menos de guiarlos.

Eso empieza a cambiar. Aunque todavía no estoy al cien, ya empiezo a pasar más tiempo libre con ellos: en semana santa fuimos juntos al bosque por musgo; la semana pasada hice un recorrido en bici bajo la lluvia a través de campos y bosques con los cuatro; hoy los llevé a un torneo de equitación en medio de un bosque precioso.

No puedo estar más contento de cómo hemos superado las dificultades de esta temporada: para ellos, adaptarse; para S, llevar la casa y la familia ella sola; para mí, emprender el lento y largo camino de regreso a la normalidad.

 

Mi primer tallado en piedra

Una de las terapias que recibí las últimas semanas en la clínica fue de arte. Pasé horas y horas con una roca en las manos y, previsiblemente, establecí una pequeña relación con ella. Donde antes veía una simple roca sin más, con el paso del tiempo me di cuenta de su estructura, de sus puntos más vulnerables y más hermosos, de sus vetas minerales y filamentos casi cárnicos, de ciertas transparencias, del grado de dureza según la escala de Mohs…

Parecería fácil tallar un cubo pero es trabajo mayor sacar una figura geométrica de un objeto natural, irregular y orgánico. Para empezar, la primera piedra que tomé no soportó los cortes rectos y se me resquebrajó en las manos.

Durante el proceso recordé los cubos de madera con letras coloridas que tenía de bebé. Y siendo una familia de seis, me pareció natural punzar nuestras iniciales. Me gusta la idea de vernos grabados en piedra. Ahora intentaré rellenarlas con polvo de oro para que brillen por sí mismas.

 

Dos cumplidos

De improviso, dos hombres me hicieron dos cumplidos en la clínica: un enfermero, a mitad de pasillo, por una camiseta que le pareció cool; un administrador, en el estacionamiento, por mi camioneta. ¿Cumplidos de un hombre a otro hombre? ¿En Alemania? Es raro que me suceda.

La camiseta dice “Less feelings, more tacos”. No es la primera vez que me la chulean. Y lo que más me alegra es el hecho de que los alemanes ya sepan lo que son los tacos, y que lo valoren, porque cuando llegué a estas tierras nadie los conocía.

Hace unos años decidimos que queríamos una Discovery 4 como coche familiar y estilo de vida. Es el coche con el que crecen nuestros hijos y en el que acumulamos recuerdos: bosques, 4×4, picnics en la cajuela. Todos recordamos el coche de la infancia y espero que ellos también se acuerden siempre de nuestra querida Kate.

Los cumplidos me alegraron el día porque sentí cómo se han acercado México y Alemania, y porque lo percibí como un reconocimiento a la vida que he ido construyendo aquí.

 
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Cinco cosas buenas (vol. 8)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

Las lecturas de Macron

¿Qué fue de los gobernantes lectores? Aunque el video no es reciente, descubrí un video de Macron hablando de literatura a propósito de una pregunta que le hizo un estudiante.

Tenemos a Macron hablando sobre Stendhal y Dumas como lecturas formativas a nivel personal y político, así como los antihéroes de Flaubert. Deja entrever que se identifica con Frédéric Moreau, personaje de La educación sentimental, porque presencia una revolución y se da cuenta de que no será parte de ella. Macron habla de forma espontánea sobre literatura no como un adorno cultural sino como algo que forma parte de su imaginación política. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a un político identificarse o compararse con un antihéroe? Creo que fue en un episodio de los Simpsons…

Imagen: captura de pantalla de YouTube

 

Un concepto urgente

Ahora que la fortuna de Musk está valuada en más de un trillón de dólares quería escribir algo al respecto pero tendrá que ser la semana pasada. Con todo, quiero adelantar el concepto de limitarismo, acuñado por la filósofa Ingrid Robeyns. Porque viva la libertad, sí, pero también es llamativo que una sola persona amase tanta fortuna: señal de que el sistema es disfuncional.

Sería útil comparar la riqueza y las proezas de Musk con las de Jacob Fugger, hasta hace unos pocos “el hombre más rico que haya vivido jamás”. ¿Musk lo superó ya? Sea como sea, el concepto de limitarismo me sacó una sonrisa porque era algo que ya venía pensando por lo menos desde que Walter Isaacson publicó la biografía de Musk pero no sabía que ya tuviera nombre.

 

Ilustraciones sagaces

Descubrí las ilustraciones de John Holcroft que son más que ilustraciones: son críticas mordacez e inteligentes a nuestra sociedad actual. Qué difícil es escribir y describir un problema y un punto de vista personal. Tanto más difícil se me antoja comprimir todo eso en una imagen que trascienda lenguas y cualquier vidente pueda entender porque las imágenes, como la música, son lenguajes universales. Viene a cuento esta, a propósito del Mundial que estamos atestiguando.

Imagen: John Holcroft

 

Hermanos Grimm: 1 de 3

No me preguntes cómo porque no lo sé pero conseguí revisar el primer tomo –de tres– de los cuentos de los hermanos Grimm que saldrán publicados a finales de año en Monterrey. Hasta donde sé, será la primera edición completa e ilustrada en español. Son más de doscientos cuentos, son más de cien ilustraciones, son unas ochocientas páginas. Y me tiene muy feliz el trabajo del equipo de la editorial universitaria de la UANL y, sobre todo, que he sacado fuerzas de flaqueza para dedicarle tiempo y energía a los cuentos. Seguimos trabajando en esto…

Y como murió David Hockney, recordaba las ilustraciones que hizo de seis de los cuentos, una obra poco conocida. Me contó el también ya fallecido fundador del museo de los hermanos Grimm en Steinau que Hockney fue de incógnito al museo.

 

Un bosque nuevo

Hoy fuimos a andar en bici y descubrimos un bosque nuevo. Es de los más bonitos que hay por aquí, perfectamente alfombrado con musgo. Para nuestra sorpresa, había dos pares de ojos viéndonos. C pensó que era una escultura y siguió adelante. Los niños no vieron nada. Era una delicada venadita con su cervatillo del tamaño de un poodle. Me detuve y continuaron mirándome sin parpadear. Les grité a mis hijos que se detuvieran y que vinieran sin correr ni gritar para que vieran a tan singular pareja. Pudieron verlos pero se nos escaparon pronto dando brincos por el bosque.

Es un gozo tener estos contactos tan cercanos con la naturaleza, respirar aire fresco y dejar que los ojos descansen en el verdor de la espesura.

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¿Pueden coexistir el Mundial de futbol y la guerra?

Trump, el candidato que prometió paz, acoge el Mundial de futbol mientras bombardea Irán. No parece tener precedentes, pues ni la Alemania nazi se atrevió a atacar a ningún país durante los Juegos Olímpicos de Berlín y mucho menos Rusia se atrevió a guerrear a nadie en 2018, el año de su Mundial. Tanto más indigna nuestro termostato moral que Estados Unidos –sede principal del Mundial– sostenga una guerra contra Irán, uno de los países competidores.

Nos gustaría que el deporte pudiera sustituir la guerra. Los propios Juegos Olímpicos modernos nacieron con esa esperanza y Jules Rimet creó el Mundial de futbol a su imagen y semejanza.

Pero la historia no ha sido así. Es un mito que las guerras se suspendieran durante los Juegos Olímpicos de la antigüedad. En aquella época tan solo se prometía una paz mínima para proteger el santuario sede, para que los atletas pudieran participar y para que los visitantes pudieran llegar sanos y salgos a Olimpia. Y esa promesa se quebró en más de una ocasión, como en 420 a.C., y en consecuencia los espartanos quedaron excluidos de los juegos.

Sería preferible, más humano y más civilizatorio que las naciones resolvieran sus conflictos en un encuentro deportivo y no en el campo de batalla. Pero así no funcionan el poder ni la política continuada por otros medios. No parece que la naturaleza humana haya sido capaz todavía de hacer ese traslado.

Pero del fenómeno inverso sí tenemos antecedentes: los combatientes británicos y alemanes se dieron una tregua para celebrar la Navidad de 1914 y enterrar a sus muertos. Alguien sacó un balón y se improvisaron partidos de futbol entre las trincheras flamencas. Durante tres días, los juegos de la Tregua de Navidad pausaron la Gran Guerra, permitiendo un momento de humanidad deportiva.

La historia conoce guerras interrumpidas para jugar al futbol pero no competencias deportivas capaces de detener una guerra.

Imagen: GPT

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¿Qué haría Odiseo ante las sirenas de la inteligencia artificial?

Las sirenas de la Odisea eran mujeres aviarias cerca de las cuales debía navegar Odiseo. Tenían una voz hermosa y prometían contar todas las verdades de la guerra de Troya. El precio era la seducción, que traía consigo la muerte. Prescindir de su canto era perderse de lo más hermoso de la vida. Odiseo se ve en un aprieto: quiere las dos cosas. Como es sagaz, pide que lo aten al mástil de la embarcación y ordena que lo aprieten más cada vez que solicite que lo suelten.

Es muy griego este tipo de dilemas trágicos, donde las dos posibilidades desembocan en pérdida. Pero Odiseo encuentra una solución genial previendo su propia flaqueza.

Las sirenas de hoy son las inteligencias artificiales, que nos seducen y prometen amasar todo el conocimiento posible. Dejarnos arrastrar tendría consecuencias inimaginables (¿dejaríamos de ser sapiens si externalizamos la inteligencia así como cedimos la memoria a la escritura y otros artefactos?). Destruirlas se antoja imposible, pues ya pasamos el punto de no retorno. Temamos nuestra propia flaqueza y atémonos al mástil más próximo.

Pero, ¿con qué cuerdas? ¿Qué cederemos a las IA: el aprendizaje de lenguas extranjeras, las operaciones matemáticas, la capacidad silogística, las decisiones militares, los diagnósticos médicos…? ¿Qué?

Homero no nos cuenta cuáles son aquellas verdades sobre Troya que cantan las sirenas. No es relevante. Porque la Odisea –como la vida– no consiste en conocer secretos ni en saberlo todo sino en seguir navegando sorteando todo tipo de dificultades rumbo al hogar. La Odisea sugiere que la vida no va de saberlo o poderlo todo –nuestra perdición– sino de seguir avante en busca del hogar, en retornar a la querencia y la familia, a lo que amamos y nos llena el corazón.

Con todo, tenemos una diferencia crucial con Homero: las sirenas tienen vida propia, mientras las IA son nuestros artificios. Ya no se trata de peligros externos sino que, en última instancia, somos responsables de ellos. ¿Qué ocurre cuando el ser humano desarrolla el conocimiento técnico suficiente para crear sus propias sirenas? Los griegos no imaginaron la IA pero sí el carácter trágico de nuestra capacidad de crear más poder del que sabemos manejar. La técnica va mucho más deprisa que la prudencia.

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¿Distraerse es una falta moral?

Hoy aprendí que el cerebro tiene un modo llamado red neuronal predeterminada, que se activa cuando dejas de poner atención al exterior. Es responsable de que se nos atraviesen pensamientos espontáneos e involuntarios. Es imposible detener este proceso por ser una actividad cerebral basal. Lo cual me lleva a esa frase de Santa Teresa de Ávila: “La imaginación es la loca de la casa”. Sucede que Teresa era una mística, no una neurocientífica.

Durante mis años en la secta del Opus Dei se me enseñó que había que orar, rezar, hablar con Dios a diario. Pasábamos unas dos horas rezando en el oratorio o con los demás de la residencia. Y como casi siempre estaba uno en silencio ocupado consigo mismo, con Dios, con los propios pensamientos, se activaba la red neuronal por defecto y empezaban las distracciones.

En el Opus, distraerse en la oración equivale a dejarse llevar por la loca de la casa, a no rezar bien. No lo consideran pecado pero sí una falta que confesábamos y reportábamos. Durante doce años confesé y rendí cuentas –casi semanalmente– de haberme distraído en la oración. No es que estuviera pensando en rosarios metidos en el calzón de una mujer, era cualquier ocurrencia involuntaria del momento: el rutilar de los candelabros, un olvido repentinamente recordado, algún pendiente…

Le decía hoy a la terapeuta que, aunque ya pasaron veinte años de mi salida de esa secta y lo había venido notando el último año desde que empecé a meditar, apenas hoy cobro plena conciencia de cómo me hacían sentir culpable, me hacían creer que era un “no tan buen cristiano”, no tan buen numerario, una coladera que dejaba que se fuera en vano la gracia que Dios arrojaba sobre mí. Estoy en shock.

Imagínate a un adolescente de trece o quince años al que le dicen: “Debes hablar con Dios”. Él lo intenta y, en lugar de celebrarlo, se le hace ver que lo puede hacer mejor, que no está bien dejarse llevar por recuerdos, canciones, deseos, preocupaciones que aparecieron como nubes en el cielo de la mente. Él concluye que no está rezando bien, se confiesa ante el sacerdote, lo cuenta en la dirección espiritual, lo vuelve a intentar, y así durante años…

Qué tan perverso debes ser para moralizar (¡hípermoralizar!) una función natural del cuerpo y una actividad mental normal. Convirtieron una experiencia humana universal en un motivo perenne de culpa. Así opera la secta: utilizan esas distracciones como prueba constante de tu insuficiencia espiritual.

Foto: wppixxieww

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Cinco cosas buenas (vol. 7)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

Raras coincidencias

La semana comenzó con un accidente: CZ se cayó de espaldas desde una altura considerable y se golpeó fuertemente la parte posterior de la cabeza. Al poco empezó a vomitar, lo cual es preocupante. El urgenciólogo convino en que era mejor hospitalizarla para monitorearla durante 24 horas.

Por suerte, los estudios no mostraron problemas intracraneales. Pero continuaban los vómitos. La situación fue difícil para mí porque despertó muchos recuerdos de mi difunto hermano Carlos, a quien le hicieron un TAC tras caerse de un segundo piso a la misma edad que CZ.

Durante horas no entendíamos qué pasaba. Todo parecía consecuencia del golpe. Hasta que entendimos que CZ había tragado mucha agua de la alberca y simplemente estaba enferma del estómago.

Si los vómitos hubieran aparecido una hora antes del accidente, no nos hubiéramos alarmado tanto. Fue una de esas raras coincidencias de la vida que convierten un susto en una noche de insomnio. Pero con final feliz.

 

Historia mínima del pulgar

Revisando Pulgarcito, de pronto me entró la duda de si “pulgar” estaría emparentado con “pulga”. Resulta que no, más bien con “pulgada” porque los romanos llamaban pollicata a la medida basada en el grosor del pulgar (el latín de “pulgada”).

Pero sucede que “pulgar” tiene un sinónimo: “pólice”. De inmediato pensé en Pólux, el hermano de Helena la de Troya. Aunque no resistiría una prueba filológica, ya los romanos habían notado la semejanza entre Pólux y el pólice. Así que mi intuición no fue original pero al menos tampoco descabellada.

Imagen: Pouce, de César Baldaccini, por Lara Cowell

 

Troya, ciudad de migrantes

No había caído en cuenta hasta ahora de que Troya era una ciudad estratégicamente situada en el paso entre los mares Egeo y el Negro. Esa posición no solo incentivó que la ciudad fuera fundada y refundada numerosas veces sino también que fuera un centro atractivo para gentes de toda la zona. Dicho con otras palabras, Troya era uno de los grandes nodos de la Edad del Bronce, la ciudad a la que muchos aspiraban llegar para desarrollarse.

En la Troya que derrocó Aquiles había personas llegadas desde distintos puntos del Egeo y el Mediterráneo, como los minoicos de Creta, expulsados de su isla por hambrunas y penurias. Más aún, Homero cuenta que el propio ejército troyano estaba compuestos por aliados de diferentes culturas y lenguas. Empiezo a ver a Troya con otros ojos. Empiezo a entender por qué tardó diez años en caer: ¡era la mera mera ciudad! Ciudad de migrantes, uno de los grandes puntos de encuentro de su época.

Y tras caer, sobrevivió Eneas, quien migró y fundó una nueva ciudad: Roma. Roma, ciudad de refugiados de guerra, ciudad que con el paso del tiempo se convertiría también en la mera mera ciudad, no solo del Egeo, sino del mundo. Troya, Roma: ciudades de migrantes, ciudades que se entendieron como punto de llegada, de desarrollo y de movimiento de gentes venidas de otros lugares.

 

Más música

Como es imposible estar suscrito a todos los servicios que te ofrecen, hace unos tres meses cancelé los de Apple. Empezaron los reclamos de los niños y la casa se tornó silenciosa.

Hasta que el profe de batería notó que G estaba como apagado. Me preguntó qué música estábamos escuchando estos días en casa. Le confesé que había cancelado Apple Music y que, desde entonces, realmente no sonaba nada Nunca imaginé que la cancelación pudiera tener consecuencias más allá del simple entretenimiento. Un poco avergonzado, renové la suscripción. Al instante, los niños pusieron música.

Apple Music resultó ser parte importante del pulso familiar. ¿Cuántas cosas más nos sostienen y alimentan sin que lo notemos? Ahora solo falta corroborar el nuevo impulso con el profe de batería.

Foto: Chris Monroe

 

[love is more thicker than forget]

Mi amiga y prima lejana (jeje) Nadia Baram publicó este poema, que no conocía, lleno de “errores gramaticales” para hacernos explotar porque el amor –o su ausencia– nos hace explotar también, porque el amor estalla las categorías en las que intentamos encajonarlo. Gracias, Nadia.

love is more thicker than forget
more thinner than recall
more seldom than a wave is wet
more frequent than to fail

it is most mad and moonly
and less it shall unbe
than all the sea which only
is deeper than the sea

love is less always than to win
less never than alive
less bigger than the least begin
less littler than forgive

it is most sane and sunly
and more it cannot die
than all the sky which only
is higher than the sky

e.e. cummings

Imagen: Song of Love de Giorgio de Chirico

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Enrique G de la G Enrique G de la G

¿Qué lleva consigo el poder?

Nadie sale de casa sin aquello que considera indispensable: hoy en día, el teléfono. Ahí llevamos nuestra vida. Pero tampoco los hombres más poderosos de la historia se atrevieron a tanto, pues ellos también llevan a todos lados algo irrenunciable.

Un muchacho adolescente que soñaba con ser Aquiles se fue a la guerra armado con una daga y un poema. No es cualquier poema sino justo el que canta la cólera de Aquiles, el héroe por excelencia. En efecto, Plutarco cuenta que Alejandro Magno llevaba siempre consigo una edición especial de la Ilíada que le preparó su tutor Aristóteles. Eran varios rollos de papiro, que guardaba en un cofrecillo del que se hizo tras su victoria en tierras persas. Lo guardaba bajo la almohada junto a su daga. El gran conquistador macedonio usa como guía militar y brújula cultural el libro fundacional de Occidente editado por uno de los más grandes filósofos porque en Homero encuentra el modelo de heroicidad a la que aspira y la justificación de sus conquistas.

Por su parte, Juan Miralles describe en su biografía cómo Hernán Cortés –aún antes de ser marqués– llevaba el palacio a cuestas. Después de derrocar Tenochtitlán, fue a Honduras para aplacar la rebelión de Cristóbal de Olid. Además de cientos de españoles y miles de indígenas, llevaba mayordomo, maestresalas, camarero, repostero, médico, músicos, botiller, pajes, halconeros, acróbatas, prestidigitadores y titiriteros; y para su servicio, vajillas de oro y de plata y una inmensa piara de puercos. Tal despropósito causó más complicaciones que beneficios y entorpeció su avance, de modo que cuando Cortés llegó a Honduras, la rebelión ya había sido sofocada y Olid asesinado.

El tercer acto corresponde al nuclear football que, desde tiempos de Eisenhower, acompaña siempre al presidente de Estados Unidos adonde quiera que vaya. Se trata del portafolio con los manuales y los códigos para detonar un ataque nuclear. Sí, porque qué sería del poder del hombre más poderoso de la Tierra si no tuviera siempre a la mano los códigos para destruir la Tierra.

Alejandro no carga con la Ilíada porque le guste leer en la cama sino porque Homero le presenta el modelo y la justificación de sus conquistas. Cortés no necesita vajillas de oro en las selvas yucatecas; las lleva porque encarnan la dignidad y el encumbramiento que cree merecer. Y el presidente estadounidense no piensa utilizar los códigos pero los necesita para mantener el orden político que descansa en la disuasión nuclear. Dicho con otras palabras, Alejandro legitima su poder en la cultura, la gloria y la estirpe de héroes, según lo deduce de la Ilíada. Cortés se legitima socialmente mediante el rango, la jerarquía y los honores conquistados a sangre y espada. El poder de Washington descansa en la paradoja estratégica de amenazar con una destrucción total, que precisamente sirve para evitarla.

El poder termina delatándose por aquello que debe llevar consigo porque siempre debe justificarse, aunque sea con un poema, una piara de cerdos o un maletín.

Imagen: GPT

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¿Cómo se traduce un mundo ya desaparecido?

Ayer caminé un poco por el pueblo donde estoy hospitalizado. Me emocionó encontrar el pequeño negocio de un cordelero o soguero porque me ​recordó uno de los cuentos más espeluznantes de los hermanos Grimm​: “El cuento del muchacho que se va de casa para aprender qué es el miedo“.

En una escena ​del cuento aparecen siete ahorcados colgados de un árbol en un bosque. En muchas traducciones ​​se habla simplemente de ​los siete pretendientes ahorcados de la hija del cordelero​ pero ​los Grimm están utilizando una metáfora:​ “ahí está el árbol donde siete celebraron su boda con la hija del cordelero​".

​La hija del cordelero no es una muchacha sino la ​soga​: los ​ahorcados quedaron casados ​para siempre con ​la soga.

Por un momento sentí que el cuento dejó de ser literatura y ​se volvió realidad​. El negocio ​del cordelero me hizo ​revivir el texto​ con otros ojos: no los de hoy sino los de la época en que fueron escritos. Los Grimm están llenos de esas llaves pero, para el lector contemporáneo, esas llaves no tienen sentido​ porque ya no encajan en las cerraduras de nuestros tiempos.

En ​la literatura antigua ​leemos sobre toneleros, ​carboneros, porqueros... Conocemos las palabras –incluso su significado– pero desconocemos el mundo al que pertenecieron. ​Porque una cosa es que sobrevivan las palabras impresas ​y otra, muy diferente, la realidad que las sostiene.

Está sucediendo lo mismo​ ante nuestros ojos. Los niños de hoy no saben por qué se dice "colgar el teléfono", "jalarle al excusado" ni lo que fue rayar un disco, revelar un rollo o buscar un teléfono en la sección amarilla.​ Son experiencias que escapan a su mundo. ​Quizá ​en unos años tampoco ​puedan entender por qué ​antes hicieron falta archivistas, correctores, asistentes, traductores...

Pienso que este es ​el gran servicio de la traducción: reconstruir los puentes perdidos hacia oficios, objetos y experiencias desconocidos que alguna vez se daban por supuesto. Parece que el valor de la traducción ​consiste menos en trasladar palabras de un idioma a otro​ que en rescatar mundos ​desaparecidos, volverlos habitables y ofrecérselos al lector​.

La vitrina y el anuncio del cordelero me hicieron pensar en aquel mundo de hace doscientos años, cuando los hermanos Grimm tenían cordeleros a su alrededor. Ese mundo desapareció hace mucho. La palabra impresa logró conservar sus nombres y la traducción intenta conservar su sentido.

Pero, de vez en cuando, ocurre algo mejor: una palabra sale del libro, se encarna en la realidad y nos permite habitar –durante unos segundos luminosos– el mundo que la vio nacer.

Imágenes: John Kenn Mortensen y GPT

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Cinco cosas buenas (vol. 6)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

36 horas en Barcelona

Gracias a la flexibilidad del médico en jefe pude escaparme dos días del hospital para viajar a Barcelona.

Tuve medio día libre para pasear por la ciudad. Antes, Barcelona no me gustaba nada pero las últimas dos ocasiones me ha tratado muy bien. Y el hermano de Ronaldinho cuenta que la ciudad fue el factor decisivo para que firmara con el Barça en lugar del Manchester: es la ciudad ideal para los brasileños… ¡y veo que también para los mexicanos que llevamos décadas en Alemania!

No me fichó el Barça pero sí fue buena experiencia cambiar de aires y reemplazar esta topografía plana de Baja Sajonia por las montañas y el mar de Cataluña.

 

Mi primer rally político

Cuando viví en Tarifa tuve la idea de involucrarme en la política local. Por desgracia, aquello no prosperó. Hace tres años, ya con la nacionalidad española en mano, retomé la idea en Alemania. Hablé con personas que pudieran asesorarme, leí mucho, investigué en internet y… ¡me enfermé!

Mi idea era lanzarme para alcalde, siguiendo los pasos de Ryyan Alshebl, un refugiado sirio elegido alcalde de su pueblo en 2023. Pero por motivos de salud no fue viable, así que un amigo tomó la batuta –lo cual le agradezco– y yo quedé como candidato a vicealcalde.

Ayer tuvimos nuestra primera actividad de cara a las elecciones del 13 de septiembre. Fue mi primera experiencia pública como candidato político. Soy un candidato independiente, no pertenezco a ningún partido, pero me sumé a la boleta del CDU porque, también por motivos de salud, no me siento en condiciones de ir por mi cuenta.

No estoy solo: varios amigos hemos hablado sobre la situación global, que está de cabeza, y sobre el crecimiento del partido ultraderechista AfD. ¡Algo tenemos que hacer! Haré lo que pueda dentro de mis posibilidades para ganar y mejorar la vida de la comunidad en este pueblo donde, además de mis hijos y de mí, hay también una veracruzana.

 

Una odisea de Alfonso Reyes

En enero me invitó la Capilla Alfonsina a participar en una conversación sobre la traducción que hizo nuestro regiomontano universal, don Alfonso Reyes, de la Odisea. Fue un proyecto minucioso –una auténtica odisea– que le llevó varios años y que no pudo terminar.

Traduje los cuentos de los hermanos Grimm y los estoy revisando de cara a su pronta publicación. Don Alfonso decía que no sabía griego, así que no se atrevía a llamar a su trabajo “traducción” sino “traslado”, pues se apoyó en otras fuentes y porque su trabajo era más literario que filológico.

Me identifico del todo con su esfuerzo, que es el mismo que he venido haciendo con los cuentos de los Grimm: me importa más que el lector actual los lea y disfrute que la fidelidad inspeccionada con lupa del rigor filológico y académico. Podríamos discutir sobre la filosofía de la traducción, de si mi trabajo es una traducción, una adaptación, un traslado o qué diantres. Llámenlo como quieran: para mí es una traducción literaria pensada para el lector de hoy y de los próximos cien años.

Y para más devoción, conseguí la obra original de 1951, que don Alfonso intituló Aquiles agraviado. Me llegó esta semana y me tiene muy feliz.

 

La vida real

Estamos acostumbrados a ver la Estatua de la Libertad como un símbolo heroico recortado contra el cielo. Las redes sociales filtran la normalidad de la vida, nos seducen e inducen a pensar que lo real es la vida sin plataformas rojas, sin cables, sin callejones grises, para mostrarnos únicamente la estatua –la vida– convertida en perfección.

Me gustó esta foto porque me hizo pensar en la vida real, lo que está tras bambalinas y que ya no vemos: las dudas, los tropiezos, el trabajo repetitivo que sostiene cualquier vida humana en su cotidianidad. Porque incluso los personajes con mayor influencia tienen una vida tras bambalinas tan normal y baladí como nosotros.

Imagen: Lani

 

Made in W. Germany

Me sorprendió y dio gusto ver un objeto tan sencillo como este: una regla de madera. Según el sello, fue fabricada en Alemania Occidental, es decir, antes del 3 de octubre de 1990, fecha de la reunificación alemana, lo que significa que tiene más de 35 años de vida. Toda una biografía.

¡Qué fácil es deshacerse de los objetos baratos, cotidianos y de fácil reemplazo! En realidad, lo normal sería que los cuidemos hasta que no puedan servirnos más. Durante siglos, la relación normal con los objetos fue muy distinta: las cosas se reparaban, se heredaban y se seguían usando. Recuerdo que durante muchos años usé las dos reglas de cuando mi papá era estudiante.

Hoy, que domina la lógica del reemplazo, esta regla resiste al consumismo. No es que sea una regla antigua o valiosa. Pero sí representa aquella otra relación que tuvimos con el mundo material. Si pudiera hablar, contaría una historia mucho más interesante que la de cualquier regla nueva: quizá haya pasado por distintos propietarios, oficinas y escritorios atravesando la Guerra Fría, la caída del Muro y la reunificación alemana… sin dejar de medir sus treinta centímetros reglamentarios.

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