En estos tiempos revueltos, estoy en busca de claridad.
Un intento por entender
qué sucede en el mundo,
qué decidimos como sociedad
y cómo vivimos en tanto personas.
Cinco cosas buenas (vol. 11)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
“Me ha ayudado mucho en la vida”
Durante los últimos cuatro meses de 2024 di clases en un Gymnasium, el equivalente alemán de la secundaria y la prepa, solo que aquí comienza en quinto grado. Nunca había dado clase debajo de prepa hasta esta ocasión. Aprendí que no es lo mío.
Es de un alumno muy inteligente, consciente de que es listo y acostumbrado a sentirse superior a sus maestros. No fue fácil que nos entendiéramos pero lo conseguimos. Pasado año y medio, me llegó este mensaje que me hizo sentir orgulloso del esfuerzo que puse: “¿Se acuerda de mí? Gracias por su clase, que me ha ayudado mucho en la vida”.
Paraísos perdidos
Leí, releí, imprimí, subrayé y guardé un artículo fenomenal de The Atlantic sobre Darwin. Resulta que odiaba navegar porque se mareaba mucho pero su obsesión por verlo todo era más grande.
Darwin tuvo dos paraísos: El paraíso perdido de Milton, que lo acompañó a las Galápagos, el archipiélago que fue su segundo paraíso. No tuvo una visión beatífica en las islas; tan solo estuvo cinco semanas, tiempo suficiente para observar y anotar lo que necesitaba para desarrollar en su escritorio, a lo largo de los siguientes veinte años, su teoría de la evolución. No fue la primera que se propuso pero sí la más robusta, la que logró convencer a la comunidad científica.
El escándalo de Darwin no fue tanto decir que “descendemos de los monos” –de niño, mi papá despachó esas tonterías– sino el destronamiento del ser humano, que pasó de ser la criatura preferida del Creador, quien la había situado en un rango superior –tal como me dijo mi papá–, a uno más entre los mamíferos.
Una de las ideas más sugerentes del artículo es: You are what you pay attention to. En efecto, aquello a lo que le prestamos atención termina moldeando nuestra manera de pensar, sensibilidad y carácter. La vida, en definitiva. Lo puedo confirmar: desde ese lejano día en casa comencé a prestarle más atención a la teoría de la evolución que a aquello que repetí miles de veces al rezar el Credo niceno-constantinopolitano. Sin que lo imagináramos, mi papá sembró con ese comentario dogmático la semilla de la curiosidad y la duda, que a la postre me contribuirían a salvarme del Opus Dei.
Foto: Will Matsuda
Train Dreams
Me gustó tanto ver Train Dreams en Netflix, que busqué la novela. Es una novela diminuta que se lee en dos horas. Conmueve por su sencillez, asombra por condensar toda una vida y deslumbra por su lenguaje.
Una de sus más notables cualidades es el manejo del tiempo y del ritmo: Denis Johnson va y viene de una a otra década, de un año a otro, sin que sintamos el salto brusco en el calendario.
¡Y la revelación! No diré más porque toda novela guarda una, excepto que hoy leí esta pequeña obra maestra.
Un problemón de 4 €
El verano pasado me pareció fácil guardar el protector para el sol debajo del asiento abatible de Kate, nuestra camioneta. Lo hice muchas veces. Era el mejor sitio perfecto para tenerlo a la mano sin que estorbara.
Cuándo me iba a imaginar que quedaría prensado en el mecanismo que levanta el asiento. Durante un año no pudimos desatorarlo. Varias veces intenté repararlo: pasé horas viendo videos, leyendo recomendaciones en foros y encaramado en la cajuela de la camioneta. El asiento me derrotó.
La recomendación de internet era siempre la misma: violencia pura para romper el asiento y reemplazarlo por uno nuevo. Pero yo me resistía. Mi mecánico tampoco supo cómo resolverlo. ¡Todo un año de problemas por un pedazo de basura de 4 euros! Prefiero no decir cuánto te cobran en la agecia por instalar un asiento nuevo, en caso de que aún tengan la refacción.
Pero no hay nada que nuestro amigo Torge –mecánico por hobby– no pueda resolver cuando se trata de Land Rover: su pasión es inigualable y conoce estas camionetas al milímetro. Torge resolvió el problema en cosa de dos horas: metió una sonda con una cámara y se las ingenió para liberar el mecanismo a distancia con una herramienta de inverosímil ingenio. Fue una endoscopia.
Después de un año difícil, nuestra Kate ya está otra vez como nueva.
Cumpleaños 250 de Estados Unidos
Después de la democracia de la antigua Grecia, pienso que Estados Unidos ha sido el experimento político más asombroso de la historia (el tercero es la Unión Europea).
Sobre la base de que all men are created equal, los fundadores concibieron una nación no definida por la sangre, la lengua o la etnia, sino por unos principios comunes. Por eso, cualquier persona de cualquier lugar del mundo puede aspirar a convertirse en estadounidense.
Sí, los tiempos actuales son aciagos; los abusos e injusticias, innúmeros; acaso la pax americana sea cosa del pasado. Lo sé y lo pongo en la balanza. Pero aún así, como esfuerzo de igualdad de oportunidades, atraer talento de todos lados y ofrecer la posibilidad de prosperar, ¿qué otra organización política ha llegado tan lejos o influido tanto en la vida de tanta gente?
Happy birthday, USA!
Cinco cosas buenas (vol. 10)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
¡Décimo aniversario!
En mi cumpleaños del 2016, mientras vivíamos en México y celebrábamos en Puerto Escondido, le dije a S que quería vivir con ella por tiempo indefinido y formar una familia. Esa misma noche, aún sentados en la playa, tomamos cuatro decisiones: matching tattoos, hacer un viaje en coche por la costa occidental de Estados Unidos, empezar nuestra familia cuanto antes y que los niños crecieran en Alemania.
Como somos resolutivos, nos levantamos y convencimos al tatuador de que pospusiera su cena y nos tatuara. Regresamos al DF, organizamos nuestro roadtrip y en Portland nos enteramos de que S estaba embarazada.
Después abordamos el avión de Lufthansa que nos llevó a Berlín. Llegamos el 28 de junio por la tarde. Como S había subarrendado, caímos en el depa desocupado de una amiga suya en Prenzlauer Berg. Dejé las maletas y salí a toda prisa de la casa: necesitaba reencontrarme con Berlín, la ciudad que me había deshecho para poderme rehacer, y con el barrio de PB, que me había dado y quitado tanto. Junto a la puerta reparé en un huacal lleno de libros para regalar. Uno captó mi atención: The Pregnancy Book for Men: From Dude to Dad in 40 Short Weeks.
Me reuní con alguien que en esa época consideraba mi amigo, tomamos cervezas y cenamos. La tarde parecía resistirse a que nos cayera encima la noche.
Diez meses después de aquella noche de tatuajes en Puerto Escondido nació C. Pasado un tiempo, había dejado de ser dude y me había convertido en papá, decidí que Berlín ya no era el lugar idóneo para vivir. Tras un intento infructuoso por llevar a la familia a España, nos reestablecimos en el campo en lo que se llama aquí la Lüneburger Heide, algo así como el “valle florido de Lüneburg”.
Han sido diez años de nostalgias por mi antigua vida de dude, de alegrías y esperanzas, de sueños rotos por no habernos establecido en Tarifa, de retos interminables, diarios y pedestres por vivir con cuatro niños y de romperme en mil pedazos para volverme a pegar pero no con kolaloka ni resistol sino con kintsugi porque descubrí a una persona que hizo exactamente eso conmigo: S, una mujer de 24 quilates.
Tres años de Cz
Nuestra Cz cumplió tres años. Lleva tres días poniéndole tres dedos en la cara a quien ose cruzársele en el camino. ¡Tres! In your face!
Para mí, tres años no son nada; para ella, toda una vida. Nació cuando apenas empezábamos a dejar atrás la pandemia, que hoy ya queremos que sea lejana. En el ínter aprendió a cantar, a andar en patín del diablo y también –hija de tigre: pintita– a imponerse cuando algo no le parece.
¿Pandemias? ¿Mundial? No sabe que hubo un tiempo en que no podíamos acercarnos ni abrazarnos, tampoco que el mundo se paraliza cada cuatro años por una pelota de futbol. Son cosas de mi memoria, no de la suya. Para ella, el mundo simplemente ha sido así desde siempre. Quizá en eso se nos vaya el tener hijos: en heredarles como normal un mundo que uno todavía recuerda como extraordinario.
¡Cz, que cumplas tres años treinta veces más!
Calorón
El tema en Europa es el calorón. No es que haya llegado una oleada de calor, es que tenemos un domo de calor sobre Europa que nos está cocinando. En el continente más avanzado del mundo no estamos preparados a pesar de que llevamos treinta años escuchando sobre cambio climático y calentamiento global. Excepto los negocios de lujo y los hoteles, es difícil encontrar establecimientos con aire acondicionado.
Crecí en Monterrey –tengo claro el día en que estuvimos 48º–, así que el calor me recuerda de dónde vengo. Pero uno se medio desacostumbra, así como también uno se medio acostumbra al frío, que me recuerda dónde vivo. Como sea, para mí el sol y el calor son una buena noticia y más llevaderos que el frío y la oscuridad invernal. Estoy contento con estos calorones., aunque ya vi qué medidas voy a tomar para equipar la casa para que nos hagan los mandados, como en Monterrey.
Imagen: BILD
Otros mundos para explorar
Vi el documental de Alex Honnold explorando Groenlandia. Me dio un poco de sentimiento porque yo soñaba con ser explorador de NatGeo: “Dr. Livingstone, I presume?” fue uno de los horizontes de mi vida. Quería ser un nuevo Dr. Livingstone al que tuvieran que ir a buscar porque se la estaba pasando muy bien en sus aventuras de explorador.
Pero la vida me tomó por el otro brazo: no tuve la guía necesaria para emprender ese camino del Dr. David Livingstone pero sí el otro: fue un fanático religioso así como yo también dediqué años importantes de mi vida al Opus Dei.
Conecto estos sueños y recuerdos con un reel que me envió mi amiga Karen sobre romper círculos. Fue lo primero que vi esta mañana al despertar y me dejó muy contento, muy orgulloso de mí mismo: lo mío no fue explorar Groenlandia ni el lago Victoria. Me tocó cartografiar ese otro territorio menos visible del pasado –personal y familiar– para romper ciertas cadenas traumáticas y dejarles a mis hijos un mundo –al menos interior– mejor. No encontré el nacimiento del río Nilo ni escalé murallas de granito en Groenlandia pero ha sido una buena expedición encontrar y desanudar el origen de ciertos dolores.
Imagen: NatGeo
Habemus prologum!
Ayer terminé de escribir el prólogo para el libro de los cuentos completos de los hermanos Grimm. En realidad ya había escrito buena parte dos años atrás. Ahora solo me limité a corregir esas páginas y a escribir unas cuantas más para que entonces no había sabido formular.
¡Estoy muy contento con el resultado! Esta noche le daré una nueva leída y enviaré a la editorial. Siguiente paso: revisar los cuentos del segundo tomo con un ojo mientras con el otro empiezo a leer la biografía de los Grimm que publicó hace unos meses Ann Schmiesing: la tenía desde hace varias semanas sobre el escritorio, la consulté para escribir el prólogo y me encantó cómo está armada y contada.
Al igual que hace unos años, los Grimm vuelven a estar en el centro de mi agenda y de mi cabeza. No se me ocurre mejor compañía para este verano.
¿Por qué necesitamos todavía a Odiseo?
Siglo XXI, tiempos primigenios de la inteligencia artificial y… Christopher Nolan está por sacar una película sobre la Odisea. ¿Por qué le importa volver a Odiseo en plena revolución de la inteligencia artificial? ¿Acaso piensa que un poema de hace unos tres mil años puede decirnos todavía algo?
En el siglo VIII a.C., Homero fijó por escrito las aventuras por las que atravesó Odiseo en su vuelta a casa después de la guerra de Troya. La Odisea es la historia de un hombre que tan solo anhela volver a casa con su esposa e hijo. Si la Ilíada presenta la heroicidad de los héroes militares, la Odisea muestra que el regreso al hogar –el regreso a uno mismo– puede tener dimensiones heroicas.
En la tradición épica griega predominaban las hazañas militares. Y si bien Odiseo urdió el engaño del caballo de Troya y si bien supo burlar todas las dificultades –divinas, humanas y naturales– con las que tropezó en los diez años que duró su vuelta a Ítaca, Ernesto de la Peña observa que su ambición es sencillamente humana. Por eso llama a Odiseo “el primer hombre de Occidente”.
Iré un paso más allá al señalar que, además, es el primer hombre en términos literarios. Con la Odisea comienza una de las grandes intuiciones de la literatura occidental: el viaje interior del personaje es el que más nos importa.
Sí, Odiseo se desplaza por las geografías mediterráneas pero lo que importa es su viaje interior. Tras siete años de secuestro en la isla de Ogigia, rechaza a Calipso, quien le ofrece una vida inmortal junto con ella, ninfa de encumbrada belleza. Odiseo opta por una vida mortal junto a su amada Penélope, aunque le confiese: “sé muy bien que la prudente Penélope es menos hermosa que tú”. En Ogigia, Odiseo no vence monstruos sino la tentación existencial de la inmortalidad porque entiende que una vida sin memoria, sin hogar y, sobre todo, sin sus seres queridos deja de ser una vida verdaderamente humana.
Odiseo también sabe desconfiar de sí mismo cuando se hace atar al mástil de la embarcación como medida de prudencia para escuchar el canto de las sirenas sin sucumbir a él.
Tal como entiendo a Odiseo gracias a Ernesto de la Peña, es heroico quien elige una vida mortal habitando este mundo imperfecto con los suyos por puro amor. No quien crea inteligencias artificiales, persigue la inmortalidad tecnológica o la conquista de otros mundos. En tiempos de la inteligencia artificial debemos recordar quiénes somos para no perdernos. De la Peña nos recuerda cómo comenzamos a ser, cuál es el viaje interior que importa de verdad, en qué se nos va realmente la humanidad.
La Odisea nos ofrece una forma de entender qué merecemos desear. Lo demás son cantos de sirenas y seducciones de ninfas mitológicas. Quizá por eso Nolan vuelve a Homero.
Imagen: Still de Odisea, de Ch. Nolan
Cinco cosas buenas (vol. 9)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
Concluí mi nuevo tratamiento
Estuve en un tratamiento de seis semanas que me cayó muy bien. En el hospital conocí a varios sobrevivientes de accidentes de moto; a gente rota por el suicidio de un familiar; y a otras muchas atrapadas por el cáncer.
Yo estoy concentrado en recuperarme y siento que avancé. Me recomendaron el programa de rehabilitación STAIR, pionero en Alemania, para estrés postraumático complejo. Le eché un ojo y se ve genial. Por primera vez sentí auténticas ganas de este nuevo paso: siento que ya no estoy sobreviviendo sino reconstruyendo con nuevas perspectiva.
Terminé de leer este libro
Mi amiga Julieta me regaló este libro, que fue mi gran compañero durante las seis semanas de tratamiento. Son ensayos sobre la Odisea. No solo me ha abierto perspectivas insospechadas para entenderla mejor sino también me enseñó a leer en registro literario.
Ernesto de la Peña sugiere que Odiseo es el primer hombre de Occidente porque no busca conquistar Troya –”el mundo”– sino recuperar su hogar, a Penélope y a su hijo después de la guerra. Los libros nos eligen y este sin duda me encontró en el momento adecuado. Después de todo, llevo dos años intentando lo mismo que Odiseo: regresar.
Mi vuelta a casa
Durante los últimos dos años, mis hijos han salido muchas veces a explorar el mundo o a jugar sin mí. No he estado en condiciones de acompañarlos, mucho menos de guiarlos.
Eso empieza a cambiar. Aunque todavía no estoy al cien, ya empiezo a pasar más tiempo libre con ellos: en semana santa fuimos juntos al bosque por musgo; la semana pasada hice un recorrido en bici bajo la lluvia a través de campos y bosques con los cuatro; hoy los llevé a un torneo de equitación en medio de un bosque precioso.
No puedo estar más contento de cómo hemos superado las dificultades de esta temporada: para ellos, adaptarse; para S, llevar la casa y la familia ella sola; para mí, emprender el lento y largo camino de regreso a la normalidad.
Mi primer tallado en piedra
Una de las terapias que recibí las últimas semanas en la clínica fue de arte. Pasé horas y horas con una roca en las manos y, previsiblemente, establecí una pequeña relación con ella. Donde antes veía una simple roca sin más, con el paso del tiempo me di cuenta de su estructura, de sus puntos más vulnerables y más hermosos, de sus vetas minerales y filamentos casi cárnicos, de ciertas transparencias, del grado de dureza según la escala de Mohs…
Parecería fácil tallar un cubo pero es trabajo mayor sacar una figura geométrica de un objeto natural, irregular y orgánico. Para empezar, la primera piedra que tomé no soportó los cortes rectos y se me resquebrajó en las manos.
Durante el proceso recordé los cubos de madera con letras coloridas que tenía de bebé. Y siendo una familia de seis, me pareció natural punzar nuestras iniciales. Me gusta la idea de vernos grabados en piedra. Ahora intentaré rellenarlas con polvo de oro para que brillen por sí mismas.
Dos cumplidos
De improviso, dos hombres me hicieron dos cumplidos en la clínica: un enfermero, a mitad de pasillo, por una camiseta que le pareció cool; un administrador, en el estacionamiento, por mi camioneta. ¿Cumplidos de un hombre a otro hombre? ¿En Alemania? Es raro que me suceda.
La camiseta dice “Less feelings, more tacos”. No es la primera vez que me la chulean. Y lo que más me alegra es el hecho de que los alemanes ya sepan lo que son los tacos, y que lo valoren, porque cuando llegué a estas tierras nadie los conocía.
Hace unos años decidimos que queríamos una Discovery 4 como coche familiar y estilo de vida. Es el coche con el que crecen nuestros hijos y en el que acumulamos recuerdos: bosques, 4×4, picnics en la cajuela. Todos recordamos el coche de la infancia y espero que ellos también se acuerden siempre de nuestra querida Kate.
Los cumplidos me alegraron el día porque sentí cómo se han acercado México y Alemania, y porque lo percibí como un reconocimiento a la vida que he ido construyendo aquí.
Cinco cosas buenas (vol. 8)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
Las lecturas de Macron
¿Qué fue de los gobernantes lectores? Aunque el video no es reciente, descubrí un video de Macron hablando de literatura a propósito de una pregunta que le hizo un estudiante.
Tenemos a Macron hablando sobre Stendhal y Dumas como lecturas formativas a nivel personal y político, así como los antihéroes de Flaubert. Deja entrever que se identifica con Frédéric Moreau, personaje de La educación sentimental, porque presencia una revolución y se da cuenta de que no será parte de ella. Macron habla de forma espontánea sobre literatura no como un adorno cultural sino como algo que forma parte de su imaginación política. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a un político identificarse o compararse con un antihéroe? Creo que fue en un episodio de los Simpsons…
Imagen: captura de pantalla de YouTube
Un concepto urgente
Ahora que la fortuna de Musk está valuada en más de un trillón de dólares quería escribir algo al respecto pero tendrá que ser la semana pasada. Con todo, quiero adelantar el concepto de limitarismo, acuñado por la filósofa Ingrid Robeyns. Porque viva la libertad, sí, pero también es llamativo que una sola persona amase tanta fortuna: señal de que el sistema es disfuncional.
Sería útil comparar la riqueza y las proezas de Musk con las de Jacob Fugger, hasta hace unos pocos “el hombre más rico que haya vivido jamás”. ¿Musk lo superó ya? Sea como sea, el concepto de limitarismo me sacó una sonrisa porque era algo que ya venía pensando por lo menos desde que Walter Isaacson publicó la biografía de Musk pero no sabía que ya tuviera nombre.
Ilustraciones sagaces
Descubrí las ilustraciones de John Holcroft que son más que ilustraciones: son críticas mordacez e inteligentes a nuestra sociedad actual. Qué difícil es escribir y describir un problema y un punto de vista personal. Tanto más difícil se me antoja comprimir todo eso en una imagen que trascienda lenguas y cualquier vidente pueda entender porque las imágenes, como la música, son lenguajes universales. Viene a cuento esta, a propósito del Mundial que estamos atestiguando.
Imagen: John Holcroft
Hermanos Grimm: 1 de 3
No me preguntes cómo porque no lo sé pero conseguí revisar el primer tomo –de tres– de los cuentos de los hermanos Grimm que saldrán publicados a finales de año en Monterrey. Hasta donde sé, será la primera edición completa e ilustrada en español. Son más de doscientos cuentos, son más de cien ilustraciones, son unas ochocientas páginas. Y me tiene muy feliz el trabajo del equipo de la editorial universitaria de la UANL y, sobre todo, que he sacado fuerzas de flaqueza para dedicarle tiempo y energía a los cuentos. Seguimos trabajando en esto…
Y como murió David Hockney, recordaba las ilustraciones que hizo de seis de los cuentos, una obra poco conocida. Me contó el también ya fallecido fundador del museo de los hermanos Grimm en Steinau que Hockney fue de incógnito al museo.
Un bosque nuevo
Hoy fuimos a andar en bici y descubrimos un bosque nuevo. Es de los más bonitos que hay por aquí, perfectamente alfombrado con musgo. Para nuestra sorpresa, había dos pares de ojos viéndonos. C pensó que era una escultura y siguió adelante. Los niños no vieron nada. Era una delicada venadita con su cervatillo del tamaño de un poodle. Me detuve y continuaron mirándome sin parpadear. Les grité a mis hijos que se detuvieran y que vinieran sin correr ni gritar para que vieran a tan singular pareja. Pudieron verlos pero se nos escaparon pronto dando brincos por el bosque.
Es un gozo tener estos contactos tan cercanos con la naturaleza, respirar aire fresco y dejar que los ojos descansen en el verdor de la espesura.
¿Pueden coexistir el Mundial de futbol y la guerra?
Trump, el candidato que prometió paz, acoge el Mundial de futbol mientras bombardea Irán. No parece tener precedentes, pues ni la Alemania nazi se atrevió a atacar a ningún país durante los Juegos Olímpicos de Berlín y mucho menos Rusia se atrevió a guerrear a nadie en 2018, el año de su Mundial. Tanto más indigna nuestro termostato moral que Estados Unidos –sede principal del Mundial– sostenga una guerra contra Irán, uno de los países competidores.
Nos gustaría que el deporte pudiera sustituir la guerra. Los propios Juegos Olímpicos modernos nacieron con esa esperanza y Jules Rimet creó el Mundial de futbol a su imagen y semejanza.
Pero la historia no ha sido así. Es un mito que las guerras se suspendieran durante los Juegos Olímpicos de la antigüedad. En aquella época tan solo se prometía una paz mínima para proteger el santuario sede, para que los atletas pudieran participar y para que los visitantes pudieran llegar sanos y salgos a Olimpia. Y esa promesa se quebró en más de una ocasión, como en 420 a.C., y en consecuencia los espartanos quedaron excluidos de los juegos.
Sería preferible, más humano y más civilizatorio que las naciones resolvieran sus conflictos en un encuentro deportivo y no en el campo de batalla. Pero así no funcionan el poder ni la política continuada por otros medios. No parece que la naturaleza humana haya sido capaz todavía de hacer ese traslado.
Pero del fenómeno inverso sí tenemos antecedentes: los combatientes británicos y alemanes se dieron una tregua para celebrar la Navidad de 1914 y enterrar a sus muertos. Alguien sacó un balón y se improvisaron partidos de futbol entre las trincheras flamencas. Durante tres días, los juegos de la Tregua de Navidad pausaron la Gran Guerra, permitiendo un momento de humanidad deportiva.
La historia conoce guerras interrumpidas para jugar al futbol pero no competencias deportivas capaces de detener una guerra.
Imagen: GPT
¿Qué haría Odiseo ante las sirenas de la inteligencia artificial?
Las sirenas de la Odisea eran mujeres aviarias cerca de las cuales debía navegar Odiseo. Tenían una voz hermosa y prometían contar todas las verdades de la guerra de Troya. El precio era la seducción, que traía consigo la muerte. Prescindir de su canto era perderse de lo más hermoso de la vida. Odiseo se ve en un aprieto: quiere las dos cosas. Como es sagaz, pide que lo aten al mástil de la embarcación y ordena que lo aprieten más cada vez que solicite que lo suelten.
Es muy griego este tipo de dilemas trágicos, donde las dos posibilidades desembocan en pérdida. Pero Odiseo encuentra una solución genial previendo su propia flaqueza.
Las sirenas de hoy son las inteligencias artificiales, que nos seducen y prometen amasar todo el conocimiento posible. Dejarnos arrastrar tendría consecuencias inimaginables (¿dejaríamos de ser sapiens si externalizamos la inteligencia así como cedimos la memoria a la escritura y otros artefactos?). Destruirlas se antoja imposible, pues ya pasamos el punto de no retorno. Temamos nuestra propia flaqueza y atémonos al mástil más próximo.
Pero, ¿con qué cuerdas? ¿Qué cederemos a las IA: el aprendizaje de lenguas extranjeras, las operaciones matemáticas, la capacidad silogística, las decisiones militares, los diagnósticos médicos…? ¿Qué?
Homero no nos cuenta cuáles son aquellas verdades sobre Troya que cantan las sirenas. No es relevante. Porque la Odisea –como la vida– no consiste en conocer secretos ni en saberlo todo sino en seguir navegando sorteando todo tipo de dificultades rumbo al hogar. La Odisea sugiere que la vida no va de saberlo o poderlo todo –nuestra perdición– sino de seguir avante en busca del hogar, en retornar a la querencia y la familia, a lo que amamos y nos llena el corazón.
Con todo, tenemos una diferencia crucial con Homero: las sirenas tienen vida propia, mientras las IA son nuestros artificios. Ya no se trata de peligros externos sino que, en última instancia, somos responsables de ellos. ¿Qué ocurre cuando el ser humano desarrolla el conocimiento técnico suficiente para crear sus propias sirenas? Los griegos no imaginaron la IA pero sí el carácter trágico de nuestra capacidad de crear más poder del que sabemos manejar. La técnica va mucho más deprisa que la prudencia.
¿Distraerse es una falta moral?
Hoy aprendí que el cerebro tiene un modo llamado red neuronal predeterminada, que se activa cuando dejas de poner atención al exterior. Es responsable de que se nos atraviesen pensamientos espontáneos e involuntarios. Es imposible detener este proceso por ser una actividad cerebral basal. Lo cual me lleva a esa frase de Santa Teresa de Ávila: “La imaginación es la loca de la casa”. Sucede que Teresa era una mística, no una neurocientífica.
Durante mis años en la secta del Opus Dei se me enseñó que había que orar, rezar, hablar con Dios a diario. Pasábamos unas dos horas rezando en el oratorio o con los demás de la residencia. Y como casi siempre estaba uno en silencio ocupado consigo mismo, con Dios, con los propios pensamientos, se activaba la red neuronal por defecto y empezaban las distracciones.
En el Opus, distraerse en la oración equivale a dejarse llevar por la loca de la casa, a no rezar bien. No lo consideran pecado pero sí una falta que confesábamos y reportábamos. Durante doce años confesé y rendí cuentas –casi semanalmente– de haberme distraído en la oración. No es que estuviera pensando en rosarios metidos en el calzón de una mujer, era cualquier ocurrencia involuntaria del momento: el rutilar de los candelabros, un olvido repentinamente recordado, algún pendiente…
Le decía hoy a la terapeuta que, aunque ya pasaron veinte años de mi salida de esa secta y lo había venido notando el último año desde que empecé a meditar, apenas hoy cobro plena conciencia de cómo me hacían sentir culpable, me hacían creer que era un “no tan buen cristiano”, no tan buen numerario, una coladera que dejaba que se fuera en vano la gracia que Dios arrojaba sobre mí. Estoy en shock.
Imagínate a un adolescente de trece o quince años al que le dicen: “Debes hablar con Dios”. Él lo intenta y, en lugar de celebrarlo, se le hace ver que lo puede hacer mejor, que no está bien dejarse llevar por recuerdos, canciones, deseos, preocupaciones que aparecieron como nubes en el cielo de la mente. Él concluye que no está rezando bien, se confiesa ante el sacerdote, lo cuenta en la dirección espiritual, lo vuelve a intentar, y así durante años…
Qué tan perverso debes ser para moralizar (¡hípermoralizar!) una función natural del cuerpo y una actividad mental normal. Convirtieron una experiencia humana universal en un motivo perenne de culpa. Así opera la secta: utilizan esas distracciones como prueba constante de tu insuficiencia espiritual.
Foto: wppixxieww
Cinco cosas buenas (vol. 7)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
Raras coincidencias
La semana comenzó con un accidente: CZ se cayó de espaldas desde una altura considerable y se golpeó fuertemente la parte posterior de la cabeza. Al poco empezó a vomitar, lo cual es preocupante. El urgenciólogo convino en que era mejor hospitalizarla para monitorearla durante 24 horas.
Por suerte, los estudios no mostraron problemas intracraneales. Pero continuaban los vómitos. La situación fue difícil para mí porque despertó muchos recuerdos de mi difunto hermano Carlos, a quien le hicieron un TAC tras caerse de un segundo piso a la misma edad que CZ.
Durante horas no entendíamos qué pasaba. Todo parecía consecuencia del golpe. Hasta que entendimos que CZ había tragado mucha agua de la alberca y simplemente estaba enferma del estómago.
Si los vómitos hubieran aparecido una hora antes del accidente, no nos hubiéramos alarmado tanto. Fue una de esas raras coincidencias de la vida que convierten un susto en una noche de insomnio. Pero con final feliz.
Historia mínima del pulgar
Revisando Pulgarcito, de pronto me entró la duda de si “pulgar” estaría emparentado con “pulga”. Resulta que no, más bien con “pulgada” porque los romanos llamaban pollicata a la medida basada en el grosor del pulgar (el latín de “pulgada”).
Pero sucede que “pulgar” tiene un sinónimo: “pólice”. De inmediato pensé en Pólux, el hermano de Helena la de Troya. Aunque no resistiría una prueba filológica, ya los romanos habían notado la semejanza entre Pólux y el pólice. Así que mi intuición no fue original pero al menos tampoco descabellada.
Imagen: Pouce, de César Baldaccini, por Lara Cowell
Troya, ciudad de migrantes
No había caído en cuenta hasta ahora de que Troya era una ciudad estratégicamente situada en el paso entre los mares Egeo y el Negro. Esa posición no solo incentivó que la ciudad fuera fundada y refundada numerosas veces sino también que fuera un centro atractivo para gentes de toda la zona. Dicho con otras palabras, Troya era uno de los grandes nodos de la Edad del Bronce, la ciudad a la que muchos aspiraban llegar para desarrollarse.
En la Troya que derrocó Aquiles había personas llegadas desde distintos puntos del Egeo y el Mediterráneo, como los minoicos de Creta, expulsados de su isla por hambrunas y penurias. Más aún, Homero cuenta que el propio ejército troyano estaba compuestos por aliados de diferentes culturas y lenguas. Empiezo a ver a Troya con otros ojos. Empiezo a entender por qué tardó diez años en caer: ¡era la mera mera ciudad! Ciudad de migrantes, uno de los grandes puntos de encuentro de su época.
Y tras caer, sobrevivió Eneas, quien migró y fundó una nueva ciudad: Roma. Roma, ciudad de refugiados de guerra, ciudad que con el paso del tiempo se convertiría también en la mera mera ciudad, no solo del Egeo, sino del mundo. Troya, Roma: ciudades de migrantes, ciudades que se entendieron como punto de llegada, de desarrollo y de movimiento de gentes venidas de otros lugares.
Más música
Como es imposible estar suscrito a todos los servicios que te ofrecen, hace unos tres meses cancelé los de Apple. Empezaron los reclamos de los niños y la casa se tornó silenciosa.
Hasta que el profe de batería notó que G estaba como apagado. Me preguntó qué música estábamos escuchando estos días en casa. Le confesé que había cancelado Apple Music y que, desde entonces, realmente no sonaba nada Nunca imaginé que la cancelación pudiera tener consecuencias más allá del simple entretenimiento. Un poco avergonzado, renové la suscripción. Al instante, los niños pusieron música.
Apple Music resultó ser parte importante del pulso familiar. ¿Cuántas cosas más nos sostienen y alimentan sin que lo notemos? Ahora solo falta corroborar el nuevo impulso con el profe de batería.
Foto: Chris Monroe
[love is more thicker than forget]
Mi amiga y prima lejana (jeje) Nadia Baram publicó este poema, que no conocía, lleno de “errores gramaticales” para hacernos explotar porque el amor –o su ausencia– nos hace explotar también, porque el amor estalla las categorías en las que intentamos encajonarlo. Gracias, Nadia.
love is more thicker than forget
more thinner than recall
more seldom than a wave is wet
more frequent than to fail
it is most mad and moonly
and less it shall unbe
than all the sea which only
is deeper than the sea
love is less always than to win
less never than alive
less bigger than the least begin
less littler than forgive
it is most sane and sunly
and more it cannot die
than all the sky which only
is higher than the sky
e.e. cummings
Imagen: Song of Love de Giorgio de Chirico
¿Qué lleva consigo el poder?
Nadie sale de casa sin aquello que considera indispensable: hoy en día, el teléfono. Ahí llevamos nuestra vida. Pero tampoco los hombres más poderosos de la historia se atrevieron a tanto, pues ellos también llevan a todos lados algo irrenunciable.
Un muchacho adolescente que soñaba con ser Aquiles se fue a la guerra armado con una daga y un poema. No es cualquier poema sino justo el que canta la cólera de Aquiles, el héroe por excelencia. En efecto, Plutarco cuenta que Alejandro Magno llevaba siempre consigo una edición especial de la Ilíada que le preparó su tutor Aristóteles. Eran varios rollos de papiro, que guardaba en un cofrecillo del que se hizo tras su victoria en tierras persas. Lo guardaba bajo la almohada junto a su daga. El gran conquistador macedonio usa como guía militar y brújula cultural el libro fundacional de Occidente editado por uno de los más grandes filósofos porque en Homero encuentra el modelo de heroicidad a la que aspira y la justificación de sus conquistas.
Por su parte, Juan Miralles describe en su biografía cómo Hernán Cortés –aún antes de ser marqués– llevaba el palacio a cuestas. Después de derrocar Tenochtitlán, fue a Honduras para aplacar la rebelión de Cristóbal de Olid. Además de cientos de españoles y miles de indígenas, llevaba mayordomo, maestresalas, camarero, repostero, médico, músicos, botiller, pajes, halconeros, acróbatas, prestidigitadores y titiriteros; y para su servicio, vajillas de oro y de plata y una inmensa piara de puercos. Tal despropósito causó más complicaciones que beneficios y entorpeció su avance, de modo que cuando Cortés llegó a Honduras, la rebelión ya había sido sofocada y Olid asesinado.
El tercer acto corresponde al nuclear football que, desde tiempos de Eisenhower, acompaña siempre al presidente de Estados Unidos adonde quiera que vaya. Se trata del portafolio con los manuales y los códigos para detonar un ataque nuclear. Sí, porque qué sería del poder del hombre más poderoso de la Tierra si no tuviera siempre a la mano los códigos para destruir la Tierra.
Alejandro no carga con la Ilíada porque le guste leer en la cama sino porque Homero le presenta el modelo y la justificación de sus conquistas. Cortés no necesita vajillas de oro en las selvas yucatecas; las lleva porque encarnan la dignidad y el encumbramiento que cree merecer. Y el presidente estadounidense no piensa utilizar los códigos pero los necesita para mantener el orden político que descansa en la disuasión nuclear. Dicho con otras palabras, Alejandro legitima su poder en la cultura, la gloria y la estirpe de héroes, según lo deduce de la Ilíada. Cortés se legitima socialmente mediante el rango, la jerarquía y los honores conquistados a sangre y espada. El poder de Washington descansa en la paradoja estratégica de amenazar con una destrucción total, que precisamente sirve para evitarla.
El poder termina delatándose por aquello que debe llevar consigo porque siempre debe justificarse, aunque sea con un poema, una piara de cerdos o un maletín.
Imagen: GPT
¿Cómo se traduce un mundo ya desaparecido?
Ayer caminé un poco por el pueblo donde estoy hospitalizado. Me emocionó encontrar el pequeño negocio de un cordelero o soguero porque me recordó uno de los cuentos más espeluznantes de los hermanos Grimm: “El cuento del muchacho que se va de casa para aprender qué es el miedo“.
En una escena del cuento aparecen siete ahorcados colgados de un árbol en un bosque. En muchas traducciones se habla simplemente de los siete pretendientes ahorcados de la hija del cordelero pero los Grimm están utilizando una metáfora: “ahí está el árbol donde siete celebraron su boda con la hija del cordelero".
La hija del cordelero no es una muchacha sino la soga: los ahorcados quedaron casados para siempre con la soga.
Por un momento sentí que el cuento dejó de ser literatura y se volvió realidad. El negocio del cordelero me hizo revivir el texto con otros ojos: no los de hoy sino los de la época en que fueron escritos. Los Grimm están llenos de esas llaves pero, para el lector contemporáneo, esas llaves no tienen sentido porque ya no encajan en las cerraduras de nuestros tiempos.
En la literatura antigua leemos sobre toneleros, carboneros, porqueros... Conocemos las palabras –incluso su significado– pero desconocemos el mundo al que pertenecieron. Porque una cosa es que sobrevivan las palabras impresas y otra, muy diferente, la realidad que las sostiene.
Está sucediendo lo mismo ante nuestros ojos. Los niños de hoy no saben por qué se dice "colgar el teléfono", "jalarle al excusado" ni lo que fue rayar un disco, revelar un rollo o buscar un teléfono en la sección amarilla. Son experiencias que escapan a su mundo. Quizá en unos años tampoco puedan entender por qué antes hicieron falta archivistas, correctores, asistentes, traductores...
Pienso que este es el gran servicio de la traducción: reconstruir los puentes perdidos hacia oficios, objetos y experiencias desconocidos que alguna vez se daban por supuesto. Parece que el valor de la traducción consiste menos en trasladar palabras de un idioma a otro que en rescatar mundos desaparecidos, volverlos habitables y ofrecérselos al lector.
La vitrina y el anuncio del cordelero me hicieron pensar en aquel mundo de hace doscientos años, cuando los hermanos Grimm tenían cordeleros a su alrededor. Ese mundo desapareció hace mucho. La palabra impresa logró conservar sus nombres y la traducción intenta conservar su sentido.
Pero, de vez en cuando, ocurre algo mejor: una palabra sale del libro, se encarna en la realidad y nos permite habitar –durante unos segundos luminosos– el mundo que la vio nacer.
Imágenes: John Kenn Mortensen y GPT
Cinco cosas buenas (vol. 6)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
36 horas en Barcelona
Gracias a la flexibilidad del médico en jefe pude escaparme dos días del hospital para viajar a Barcelona.
Tuve medio día libre para pasear por la ciudad. Antes, Barcelona no me gustaba nada pero las últimas dos ocasiones me ha tratado muy bien. Y el hermano de Ronaldinho cuenta que la ciudad fue el factor decisivo para que firmara con el Barça en lugar del Manchester: es la ciudad ideal para los brasileños… ¡y veo que también para los mexicanos que llevamos décadas en Alemania!
No me fichó el Barça pero sí fue buena experiencia cambiar de aires y reemplazar esta topografía plana de Baja Sajonia por las montañas y el mar de Cataluña.
Mi primer rally político
Cuando viví en Tarifa tuve la idea de involucrarme en la política local. Por desgracia, aquello no prosperó. Hace tres años, ya con la nacionalidad española en mano, retomé la idea en Alemania. Hablé con personas que pudieran asesorarme, leí mucho, investigué en internet y… ¡me enfermé!
Mi idea era lanzarme para alcalde, siguiendo los pasos de Ryyan Alshebl, un refugiado sirio elegido alcalde de su pueblo en 2023. Pero por motivos de salud no fue viable, así que un amigo tomó la batuta –lo cual le agradezco– y yo quedé como candidato a vicealcalde.
Ayer tuvimos nuestra primera actividad de cara a las elecciones del 13 de septiembre. Fue mi primera experiencia pública como candidato político. Soy un candidato independiente, no pertenezco a ningún partido, pero me sumé a la boleta del CDU porque, también por motivos de salud, no me siento en condiciones de ir por mi cuenta.
No estoy solo: varios amigos hemos hablado sobre la situación global, que está de cabeza, y sobre el crecimiento del partido ultraderechista AfD. ¡Algo tenemos que hacer! Haré lo que pueda dentro de mis posibilidades para ganar y mejorar la vida de la comunidad en este pueblo donde, además de mis hijos y de mí, hay también una veracruzana.
Una odisea de Alfonso Reyes
En enero me invitó la Capilla Alfonsina a participar en una conversación sobre la traducción que hizo nuestro regiomontano universal, don Alfonso Reyes, de la Odisea. Fue un proyecto minucioso –una auténtica odisea– que le llevó varios años y que no pudo terminar.
Traduje los cuentos de los hermanos Grimm y los estoy revisando de cara a su pronta publicación. Don Alfonso decía que no sabía griego, así que no se atrevía a llamar a su trabajo “traducción” sino “traslado”, pues se apoyó en otras fuentes y porque su trabajo era más literario que filológico.
Me identifico del todo con su esfuerzo, que es el mismo que he venido haciendo con los cuentos de los Grimm: me importa más que el lector actual los lea y disfrute que la fidelidad inspeccionada con lupa del rigor filológico y académico. Podríamos discutir sobre la filosofía de la traducción, de si mi trabajo es una traducción, una adaptación, un traslado o qué diantres. Llámenlo como quieran: para mí es una traducción literaria pensada para el lector de hoy y de los próximos cien años.
Y para más devoción, conseguí la obra original de 1951, que don Alfonso intituló Aquiles agraviado. Me llegó esta semana y me tiene muy feliz.
La vida real
Estamos acostumbrados a ver la Estatua de la Libertad como un símbolo heroico recortado contra el cielo. Las redes sociales filtran la normalidad de la vida, nos seducen e inducen a pensar que lo real es la vida sin plataformas rojas, sin cables, sin callejones grises, para mostrarnos únicamente la estatua –la vida– convertida en perfección.
Me gustó esta foto porque me hizo pensar en la vida real, lo que está tras bambalinas y que ya no vemos: las dudas, los tropiezos, el trabajo repetitivo que sostiene cualquier vida humana en su cotidianidad. Porque incluso los personajes con mayor influencia tienen una vida tras bambalinas tan normal y baladí como nosotros.
Imagen: Lani
Made in W. Germany
Me sorprendió y dio gusto ver un objeto tan sencillo como este: una regla de madera. Según el sello, fue fabricada en Alemania Occidental, es decir, antes del 3 de octubre de 1990, fecha de la reunificación alemana, lo que significa que tiene más de 35 años de vida. Toda una biografía.
¡Qué fácil es deshacerse de los objetos baratos, cotidianos y de fácil reemplazo! En realidad, lo normal sería que los cuidemos hasta que no puedan servirnos más. Durante siglos, la relación normal con los objetos fue muy distinta: las cosas se reparaban, se heredaban y se seguían usando. Recuerdo que durante muchos años usé las dos reglas de cuando mi papá era estudiante.
Hoy, que domina la lógica del reemplazo, esta regla resiste al consumismo. No es que sea una regla antigua o valiosa. Pero sí representa aquella otra relación que tuvimos con el mundo material. Si pudiera hablar, contaría una historia mucho más interesante que la de cualquier regla nueva: quizá haya pasado por distintos propietarios, oficinas y escritorios atravesando la Guerra Fría, la caída del Muro y la reunificación alemana… sin dejar de medir sus treinta centímetros reglamentarios.
Cinco cosas buenas (vol. 5)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
El niño y el sol
Viví un momento cinematográfico mientras esperaba en un semáforo. Había bajado la ventana frente a una gasolinera abandonada y de pronto vi a un pobre hombre, muy enjuto y encorvado, empujando una carriola. El niño que llevaba no tendría más de dos años. Era temprano por la mañana, el sol lanzaba sus rayos casi horizontalmente sobre la calle.
Me sorprendió el gesto adulto del niño: estiraba el brazo al máximo con la palma bien abierta. Los niños se tapan la cara con las manos, no extienden la mano para detener la luz sin dejar de mirar hacia adelante.
¡Qué contraste! El escenario decadente, el hombre alicaído y el niño tan brillante como el sol, hacia el que se dirigía decidido y con la cara en alto. Mientras el reflejo del sol me enceguecía en el espejo, sentí un rayo. Fue un instante de felicidad solar.
Imagen: GPT
Iam Tongi
El algoritmo me presentó el cover que hizo Iam Tongi de Monsters, una canción que no conocía. ¡Qué viaje! Me enganché durante dos horas viendo el video original de James Blunt, distintas versiones y la reacción de hombres fornidos y barbados conmovidos hasta las lágrimas. Tongi transforma la tristeza devastadora de James Blunt en algo tierno y filial.
Los versos definitivos son:
I am not your son, you are not my father.
We’re just two grown up men saying goodbye.
No need to forgive, no need to forget.
I know your mistakes and you know mine.
He reflexionado mucho sobre la muerte –la mía, la de mi hermano, otras que me han tocado– y ni con todos mis devaneos sesudos hubiera podido expresarlo con tanta claridad y acierto. En el momento de la muerte quedan suspendidos los roles familiares y las cuentas pendientes. Solo importa el hecho de haber coincidido en el amor.
Imagen: JSP Events
El origen de los gorilas
Aprendí algo nuevo: Hanón fue un navegante cartaginés del siglo V antes de Cristo. En un viaje a lo largo de la costa atlántica de África, llegó a una región donde avistó a unas mujeres cubiertas de pelo, agresivas, salvajes, imposibles de capturar. Los locales las llamaban gorilái.
No sabemos si eran mujeres, gorilas, chimpancés o qué clase de criaturas extrañas. Los marineros de Hanón mataron a tres y llevaron las pieles a Cartago. Plinio contaba, siglos después, que las pieles sobrevivieron a la conquista romana.
Desde hace 2500 años, los gorilas han sido criaturas mitológicas. Aunque el nombre designa desde 1847 al animal que conocemos, una de las grandes figuras mitológicas de la modernidad es King Kong. Ningún experto moderno ha logrado descifrar qué vieron realmente los hombres de Hanón.
Imagen: Jeff W. Jarrett/Shutterstock.com
Los impuestos de Jeff Bezos
Jeff Bezos no es santo de mi devoción pero menos lo es el fisco. Si tuviera que tomar partido, no dudaría en ponerme del lado de Bezos más que del cobrador de impuestos.
Esta semana, Bezos ofreció un argumento provocador sobre los impuestos: en Estados Unidos, el 1% de la población contribuye con un porcentaje inmenso de la recaudación fiscal, mientras que la mitad de abajo contribuye con un porcentaje mínimo (40% y 3%, respectivamente).
Bezos propone que la mitad más pobre no pague impuestos.
Imagen: CNBC
Dorothea Taylor
Descubrí a esta abuela septuagenaria que toca la batería incluso con cojines. Y suena bien. Yo apenas empiezo con mis primeros golpeteos y verla tocar me sacó una sonrisa. Hay algo luminoso en ver a alguien de su edad entregarse así al ritmo y a este instrumento de percusiones sin pedirle permiso a nadie. Y no soy el único: tiene más de un millón de seguidores en Instagram.
Imagen: Drummerszone
¿Quién tiene miedo a ganar?
Hace poco empecé a darme cuenta de algo extraño: el Opus Dei me educó en el miedo a ganar.
De niño, cuando ganábamos partidos de futbol, me quedaba con una sensación rara: no era la euforia de la victoria sino un mal sabor de boca. No habíamos hecho trampa, tampoco habíamos humillado al equipo contrario, el árbitro no había sido injusto… habíamos ganado bien y, sin embargo, algo me incomodaba.
No es que en el Opus Dei estuviera prohibido ser el número uno. Al contrario: se promovía la excelencia, sobre todo intelectual. Se nos decía que éramos la “aristocracia de la inteligencia”. Pero al mismo tiempo se nos insistía una y otra vez en que la soberbia es el pecado por excelencia, el pecado por el cual se perdieron Luzbel, Adán y Eva.
Por supuesto que nadie nos decía “Prohibido ser el mejor” o “Prohibido ganar”. El mensaje era sutil y por eso me tardé décadas en decodificarlo. Teníamos entre oreja y oreja algo difícil de reconciliar: destaca pero no te la creas demasiado; sé brillante pero no te pavonees; gana pero no disfrutes la victoria, no vaya a ser que se te suba la soberbia. Y todo esto con el fin de convertirte en “alfombra para que los demás pisen blando”.
En la licenciatura nos daba clases un profesor considerado brillante por haber fundado la propia universidad y ser una figura intelectual importante en el ámbito empresarial mexicano. Al hablar, tenía la peculiaridad de ir disparando partículas diminutas de saliva. Un amigo observó: “Es tan perfecto que escupe gotitas de saliva a propósito para mostrar que tiene algún defecto”. Me pareció absurdo aunque a veces sospechaba que tenía algo de razón.
El ejemplo es lo de menos, lo que importa es la lógica de fondo: no puedes ser tan bueno, ni tan brillante, ni tan perfecto. Mejor muestra siempre tus grietas y debilidades para que no se te suba la vanagloria y, así, des también buen ejemplo a los demás.
En quinto de primaria, el preceptor –un numerario del Opus Dei– me llamó y me dijo algo inolvidable, sobre todo porque lo sentí como un ataque salido de la nada: “No te vanaglories de tener las mejores calificaciones, apenas estás en quinto de primaria: esto no significa nada. Hay otros que son mejores que tú en tanto personas, como Fulanito”. Salí muy alterado porque había una recriminación injusta y cruel. Apenas ahora me doy cuenta de que estaba sembrando en mí la culpa por destacar, aunque solo fuese por las calificaciones de quinto de primaria de un colegio mexicano.
Esta lógica tuvo consecuencias amplias. Mirando hacia atrás, nuestra educación no nos impulsó a asumir riesgos, a conquistar triunfos o a llegar demasiado lejos.
¿Hay otros contextos donde se enseñe y eduque de manera parecida? Claramente no en la cultura de Estados Unidos, donde se le dan alas a los niños en lugar de cortárselas. Pero si eso hace el Opus de México, seguramente habrá otras familias donde los hijos aprenden a no eclipsar a nadie más, instituciones donde destacar provoque desaprobación y culturas enteras donde sobresalir demasiado resulte cuestionable.
Así fue como algunos desarrollamos la extraña habilidad de disminuirnos un poco, de ocultarnos otro poco y de perder un poquito a propósito porque ganar no dejaba de ser un riesgo mayor: vanagloriarnos, ensoberbecernos y, a la postre, perdernos. Porque por doloroso que sea perder, aunque se trate de un partido escolar de futbol, el precio de ganar podría ser perderse.
Imagen: Florian Hetz
Cinco cosas buenas (vol. 4)
Primera semana que no consigo escribir ningún día. Lo lamento pero he estado desbordado por el hospital.
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
Comunicación: tres puntos fundamentales
Estos días he tenido que hablar mucho con personas muy distintas: mi novia, el médico en jefe de la clínica, la terapeuta, mis hijos, burócratas, asesores, desconocidos en una boda, el mecánico y unas productoras. Conversaciones muy distintas también pero todas importantes de una u otra manera.
En este torbellino recordé una idea sobre la comunicación. Decía que antes de una conversación hay que tener claro tres cosas:
el mensaje que quieres que la otra persona reciba
cómo quieres que la otra persona se sienta al recibir tu mensaje
qué quieres que la otra persona haga después
Empecé a ponerlo en práctica de modo consciente porque casi siempre sabemos lo que queremos pero no tenemos claro lo que queremos provocar.
Sencillo. Fácil de recordar. Y útil.
Imagen: Laurent Castellani
Tallado en piedra
Parte de la terapia consiste en trabajar con materiales y elegí la piedra. Desde hace un par de años me interesa mucho la escultura. Hace un año probé la arcilla, que me encantó, pero sin horno se rompe en un dos por tres.
Así que ahora intento tallar piedra. Aunque ya tuve la frustración de que se me desquebrajara de pronto.
Recordé la historia del trozo gigante de mármol que estuvo durante décadas en Florencia por ser inservible: demasiado estrecho y estropeado por cincelazos anteriores. Pero cuando Miguel Ángel lo vio, vio en ese triángulo el espacio las piernas del David.
Esta primera experiencia me descubrió que, además de imaginación, la piedra demanda un formidable trabajo físico, trabajo que me va cambiando a mí también por dentro.
“Dubliners”, de Joyce
Hablando con una amiga sobre James Joyce, de pronto tuve un flashback: en septiembre del 2003 llegué a Berlín leyendo Dubliners. Era una edición de Penguin. Lo leía despacito porque me parecía difícil el inglés, un idioma que se me había oxidado en el DF.
Y cuando fui a ver el museo que junto al Checkpoint Charlie, al salir del metro me di cuenta de que había dejado el libro en el vagón. Poco después lo compré de nuevo en la librería Dussmann de Friedrichstraße y aquí lo tengo todavía. Anoté que me costó 2.50 euros, ¡cuando la vida era barata! , y está lleno de anotaciones.
Nunca lo acabé. Ya es tiempo de retomarlo.
El papá de Ian Buruma
Hace un año me enteré de que el papá de Ian Buruma estuvo en Berlín cuando los soviéticos capturaron la ciudad. Estaba ahí por ser prisionero y trabajador forzado y sucede que escribió muchas cartas sobre la vida cotidiana. Estos días me enteré de que su hijo ya publicó un libro –con base en esas y otras cartas– sobre Berlín durante la guerra. ¡Me urge leerlo!
En sus cartas, Leo Buruma cuenta escenas asombrosas, como cuando escuchó un concierto de la Filarmónica, bajo la batuta de Furtwangler, nada menos que en un teatro porque los Aliados habían destruido las óperas y salas de conciertos. Aquí hay una reseña.
Me imagino que esta obra será un complemento fascinante a las memorias anónimas de Una mujer en Berlín, uno de esos libros que jamás olvidaré.
La guerra arrasa con todo, incluso con los escalofríos que nos causan experiencias ajenas tantos años después.
Las contradicciones de la moto
Estas semanas me he desplazado mucho en moto de la casa al doctor, al hospital, a terapia… Son trayectos cortos pero, para mí, son de los mejores momentos del día. Me sirven para desconectar pero también para pensar, por contradictorio que pueda sonar.
Y aunque en el hospital he topado con muchos accidentados de moto, incluso con amputaciones, nada me gusta tanto como rodar en dos ruedas.
Los pilotos de carreras de GP dicen que es más fácil tener un accidente en la calle, donde vas confiado, que en una carrera donde vas concentrado al cien por ciento. Aunque aquí tampoco conviene confiarse demasiado en mayo, la temporada en que los cervatillos empiezan a moverse y aumentan los accidentes.
Quizá por eso me relaja la moto: me obliga a concentrarme en una cosa: en el camino. Entonces me relajo y entro en una especie de trance meditativo: tengo una sola cosa enfrente y no mil asuntos que malabarear al mismo tiempo, como en la vida diaria. Y entonces es justo cuando desconecto o puedo ver mis asuntos desde diferentes ópticas y con calma.
Foto: Mauricio Ceballos
Cinco cosas buenas (vol. 3)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
Espacios de rehabilitación
El año pasado estuve hospitalizado dos meses por una enfermedad psicosomática. Después, he tenido un año de tratamiento y reposo en casa sin trabajar. Esta semana volví al hospital. Ya no se trata de una urgencia médica como hace un año, sino de un programa de rehabilitación. Me siento apenas al 40 o 50 por ciento y necesito recuperar la energía.
Estoy en Bad Bevensen, un pueblo adonde venía la gente de Hamburgo a descansar. En la cultura alemana, las poblaciones destinadas a fines terapéuticos –por la calidad del aire, por sus aguas termales, por su naturaleza benéfica– recibe el nombre de “Bad”. Algunas, como Baden-Baden, se han vuelto destinos de lujo; otras, como esta, son más discretas.
Los parques, las termas, los senderos, incluso los supermercados abiertos en domingo… todo en el pueblo gira en torno a la meta de recuperar la salud. Hay pacientes llegados de toda Alemania y de otros países europeos. Esto de retirarse a un sitio tranquilo para restablecer la salud es ajeno a nuestra cultura latina.
Y aquí estoy, por primera vez, esperanzado con que me pueda reintegrar pronto a la vida normal. No sé cuánto me vaya a llevar pero aquí cuento con recursoso inimaginables en otras geografías.
Hice mis primeros videos con Gemini
Esta semana descubrí y probé la posibilidad de hacer un video con Gemini, la inteligencia artificial de Google. A partir de una presentación de Slides, Gemini te puede producir un video, fácil de editar y personalizar. Bastan unas pocas slides para que Gemini produzca un video con voz, música, ritmo y transiciones.
Me inquietan tanto la calidad del producto como la simpleza del proceso. Hay voces para que un orador artificial tome el micrófono y se le pueden añadir elementos propios, como voces, videos, textos, imágenes y demás. Ya no hacen falta programas especializados ni edición ni equipo especializado. Bastan una laptop y un ratito.
La tecnología va más rápido que la evolución, por lo que el cerebro humano no termina de entender la dimensión de este cambio. La distancia entre idea y producto se acorta más y más. Y apenas empieza esta nueva era…
Camioneta personalizada
Hace unos meses expiró uno de los turbos de la camioneta. En lugar de llevarla al taller, como haría cualquier persona, se la llevé a un tipo que es mecánico por puro hobby y que está loco de obsesión por las Land Rover. La recomendación llegó a través de unos conocidos, a quienes les transformó su Disco 3 en vehículo de expedición. Después me enteré de que también les mete mano a Porsches y carros de carreras que corren en Nürburgring.
El personaje de esta pequeña historia es Torge.
Dicen que tiene más de diez Land Rovers, aunque no me consta. Lo que sí vi con mis propios ojos es su taller “de hobby”, que no le pide nada a uno profesional. Conoce cada tornillo y cada tuerca de las Land Rover. Y como es un perfeccionista, me dijo que no valía la pena cambiar solo el turbo averiado sino los dos, de una vez, y empezó a inspeccionar la camioneta con lupa. Por supuesto que le encontró otros achaques, desde corrosión en el chasis hasta una salpicadera que por lo visto pegaron –en lugar de montar– en el taller de hojalatería y pintura.
“Les meto mano a los coches a conciencia y con cariño”, me dijo ayer, “pero tengo un defecto: siempre pienso que los tendré listos rápido pero luego me clavo demasiado”. “Sí, cabrón, me di cuenta”, le respondí, porque me dejó varios meses sin camioneta. Luego me contó que también arregla motos y hasta avionetas. “Al final, todas las máquinas son casi iguales. Las diferencias entre una y otra son pequeñas si eres inteligente y los sabes ver”. Pensé que esa es toda una manera de ver la vida porque, en verdad, todos los problemas son casi iguales, solo con pequeñas diferencias.
El gran detalle fue que una placa personalizada en el motor y ¡en español!. Así es Torge.
Sorrentino, un filósofo audiovisual
Paolo Sorrentino es de mis directores de cine favoritos y ahora vi La grazia. Es una obra de arte en términos de fotografía: unas veces me sentía en un museo frente a un Caravaggio o un Rembrandt; en otros, dentro de un Magritte o en un tiempo suspendido.
Es una película sobre la gracia en todas sus acepciones: la elegancia, el encanto, la simpatía, el humor, la clemencia, el perdón y, por supuesto, el don de Dios.
Todas las formas de la gracia se van entretejiendo en los últimos meses del presidente. Debe decidir si firma –o no– una ley contraria a sus creencias personales y si concede el perdón –o no– a dos homicidas. Además, vive torturado porque difunta esposa era el amor de su vida pero le fue infiel cuarenta años atrás.
La gracia de Sorrentino consiste en crear atmósferas con imágenes, que sugieren estados de conciencia, que a su vez presentan dilemas, dudas, tropiezos, aciertos, cavilaciones. Ese es su arte, me parece. Y La grazia me gustó mucho justo por esto.
Un quiz australiano
Gary Champan publicó en los años noventa un libro muy popular con la teoría de que existen cinco maneras que utilizamos para expresar amor, y que una prevalece en cada uno de nosotros: algunos dan regalos, otros prestan atención, otros hacen elogios o comentarios positivos, otros más ofrecen cercanía física y los últimos resuelven problemas y son útiles.
Esta semana, una amiga me envió un quiz desarrollado por una compañía australiana que reinterpreta a Champan. Según dicen, esas cinco formas del amor se reducen a tres motoros de nuestra conducta: significado (reconocimiento y regalos), relación (atención y cercanía) y equidad (ayuda).
Los australianos, desplazan el foco de cómo amamos a qué necesitamos para sentirnos bien dentro de un grupo social. Y añaden dos elementos importantes, que se le escaparon a Champan: certeza y autonomía, es decir, la necesidad de seguridad y de libertad. En efecto, queremos independencia pero cercanía, estabilidad sin sofoco y reconocimiento sin control ajeno.
Aunque habrá que reflexionar e investigar más, por lo pronto el quiz me dejó pensando: ¿y si el amor no es una simple forma del afecto sino una estrategia para negociar nuestras necesidades más profundas? Todos queremos pertenecer a un grupo, sentirnos seguros y seguir siendo nosotros mismos.
Por qué no existe la cultura general
De los alumnos universitarios que he tenido en Alemania a lo largo del tiempo, ninguno ha sabido quién fue García Márquez. ¡Un escándalo! Tampoco han sido capaces de explicar qué es el dativo, a pesar de que lo emplea la lengua alemana. No han podido decir la capital de Bolivia. Ni tampoco les suena –y mucho menos han visto– Terminator. Según la noción clásica, saber de literatura, gramática, geografía y cine es parte de la cultura general.
¿Es “reprobable” su ignorancia? ¿O estoy “mal” yo por esperar ese tipo de conocimientos otrora “básicos”? ¿Acaso existe todavía la idea medieval del sabio universal, del hombre renacentista, de la Bildung del burgués alemán y del enciclopedismo ilustrado?
Pero no solo fueron los universitarios quienes me empujaron a reflexionar sobre esto. También las redes sociales, porque para el algoritmo del teléfono, el Louvre y Disneylandia tienen el mismo peso: están registrados de igual manera en Instagram y son iguales en la categoría de “creadores de contenido”. ¡Qué palabra más vacía! “Contenido”.
Baudrillard diría que no.
La cultura general funciona bajo el supuesto de que existe un conjunto de saberes en el marco de una cultura que son apreciados, valorados y jerarquizados, y que ese saber convierte a una persona en sabia. Baudrillard destruye este supuesto en Cultura y simulacro: ya no existe la Grecia antigua sino solo un conjunto de imágenes que el canon “oficial” ha fabricado; por lo tanto, no hay jerarquía ni distinción entre alta y baja cultura, pues todo opera con los mismos medios en un régimen de simulación. Dicho de otro modo, la supuesta cultura solo sirve para pintarle en la frente el signo de “culto” a la persona que simula serlo.
Gracias, Baudrillard. No desaparece mi decepción, aunque ahora entiendo mejor de dónde viene. Entiendo el diagnóstico, pues mi abuelo sembró en mí la ilusión –y la convicción y hasta la ambición– de amasar conocimiento, que ha sido siempre la moneda de mi vida.
La disolución de referentes en Baudrillard parece anunciar la proliferación de esferas en Sloterdijk. Él sostiene que solo existen esferas de conocimiento: el profesor puede tener una cultura general según el modelo clásico mientras que cada alumno tiene una cultura general propia de cada esfera que habita: la de los videojuegos, la de las novelas de fantasía, la del patinaje en hielo… Hemos quedado atomizados y desunidos.
Los mismos alumnos que no conocen a García Márquez, acaso dominen al detalle la genealogía, el universo y la mitología de sus videojuegos. Yo no. Y, para ser franco, tampoco me han interesado más allá del fenómeno de masas. Entonces, ¿el ignorante soy yo? ¿O simplemente estamos operando en esferas diferentes? Tal parece que las esferas ya no se tocan, que ya no hay un suelo común para conversar.
Pero, ¿alguna vez hubo tal suelo común? El conocimiento universal medieval era para Dios; el enciclopedismo no era para las mujeres; el campesino no tenía acceso a la Bildung burguesa. Quizá mi abuelo vivió bajo la falsa unidad de quienes ya estaban en un mismo nicho, porque García Márquez, el dativo, Terminator y la capital de Bolivia son un conjunto heterogéneo y artificial de datos arrojados a un suelo que nunca fue común.
Imagen: Baudrillard y Sloterdijk – GPT
Cinco cosas buenas (vol. 2)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
Mi traducción de los cuentos de los hermanos Grimm
Recibí un mail importante desde Monterrey: ya entramos en la fase final de producción del libro con mis traducciones de todos los cuentos de los hermanos Grimm. Empecé a trabajar en esto a finales del 2021. Por desgracia, mi salud empezó a menguar en la primavera del 2022 y tocó fondo en la primavera del 2025, por lo que es casi un milagro que hayamos llegado a este momento.
Estoy muy agradecido con el apoyo que me han brindado el SNCA, la Sociedad Alemana de los Hermanos Grimm y a la Editorial Universitaria UANL. No imaginé que fueran a ser tan difíciles los procesos de traducción y búsqueda de editorial. Pero ya estamos llegando a esta meta.
No, no estoy satisfecho con la calidad de la traducción que se va a imprenta pero, como es bien sabido los libros se interrumpen, no se concluyen. También dicen que done is better than perfect, así que daré una nueva lectura a los 210 cuentos y mi visto bueno. Sé que seguiré trabajando en la traducción, para pulirla, y espero algún día de algún año sentirme de veras contento con el resultado y encontrar el modo de publicarla.
Imagen: Juan sin miedo en el interior del castillo por David Hockney (1969)
‘Pronto’ también es un sustantivo
A mi demediada edad me acabo de enterar de que ‘pronto’ también significa:
a. Una reacción repentina, como un arranque.
b. El ataque súbito de algún mal.
Imagen: GPT
Los tamaños del papel
Esta semana descubrí la elegancia matemática detrás de los tamaños del papel europeo. Aquí se corta el papel de acuerdo a un principio matemático específico. Se parte de un pliego rectangular llamado A0, que mide 1 metro cuadrado, y todos los tamaños sucesivos están definidos por esa misma proporción de 1 : √2 o, lo que es lo mismo, de 1 : 1.414.
Para visualizarlo: si el pliego A0 se corta a la mitad por el lado largo, se obtiene el tamaño A1, que a su vez da lugar al tamaño A2 si se corta por la mitad larga, y así sucesivamente.
La hermosura consiste en que este es el único rectángulo que mantiene la misma proporción cada vez que se corta en dos partes iguales por el lado largo.
Imagen: GPT
Aprender algo nuevo
Los doctores me insisten en que haga ejercicio. El año pasado no tenía energía para ello pero me enganché con el tenis. Peloteaba un poco de chavo, y me gustaba, pero nunca tomé clases ni realmente aprendí. Luego se atravesó el invierno, que para mí es mortal, así que hacía seis meses que no tocaba la raqueta.
La semana pasada, Kevin me vio caminando de regreso del club a mi casa, y se le antojó probar el tenis. Le presté una raqueta, fuimos a pelotear, y al día siguiente ya había comprado una raqueta y pagado su inscripción en el club. Ya tengo con quien entretenerme.
Quiero aprender a sacar bien, a medir el rebote de la pelota para posicionarme correctamente y a devolverla de derecha (curiosamente me siento cómodo y soy asertivo de revés). En la cancha te puedes sentir orgulloso si das un buen saque pero cuando te grabas y te ves, caes en cuenta de todo lo que estás haciendo mal. Y aunque no tenga esperanzas de llegar a ser un gra jugador por no haber aprendido a jugar en la infancia, me divierto mucho incluso solo. El tenis es una buena inversión de cara a la vejez.
Elecciones en Andalucía
Al obtener la nacionalidad española y por no vivir en España, se me permitió vincularme electoralmente a un municipio. Estoy inscrito en el padrón electoral CERA, que en España se llama censo electoral, y dado de alta en Cádiz, mi ciudad favorita.
El 17 de mayo se celebran elecciones en Andalucía para elegir el parlamento. Durante casi cuatro décadas estuvo en manos del PSOE (la izquierda) pero el PP (la derecha) tiene la mayoría absoluta desde el 2022. Estoy contento por haber votado este fin de semana; ya solo me queda echar mi voto al buzón.
¿Por qué importa el estrés postraumático?
Hay cientos de miles de niños en zonas de guerra que oyen y sienten las vibraciones de las bombas. Cada disparo, cada explosión va alterándolos hasta producir trauma en muchos de ellos. Entender mejor el trauma ayuda a comprender por qué es tan difícil romper, incluso desde una perspectiva biológica y hasta bioquímica, espirales de violencia transgeneracionales asentadas en comunidades.
La mayoría de las personas que viven un evento traumático logran recuperarse por cuenta propia con el paso del tiempo. Una minoría presenta síntomas persistentes, que pueden tratarse con ayuda psicológica: muchas mejoran con tratamiento, mientras otras desarrollan trastorno por estrés postraumático (TEPT), según la gravedad o intensidad del trauma y de factores personales. Condición para el diagnóstico de TEPT es que los síntomas interfieran de forma significativa en la vida cotidiana y que persistan más de un mes.
El estrés postraumático complejo (TEPT-C) se distingue del TEPT “clásico” cuando el trauma no proviene de un acontecimiento aislado sino de experiencias traumáticas repetitivas a lo largo del tiempo en contextos de los cuales no es posible escapar. Este es el diagnóstico que recibí en abril del año pasado. Desde entonces me he informado a fondo para comprenderlo mejor.
Para empezar, hay cambios biológicos y bioquímicos en el cuerpo: no son solo una adaptación momentánea sino que se convierten en el funcionamiento normal a largo plazo del sistema nervioso. El organismo se acostumbra a operar en estados de excepción, como la hipervigilancia, la tensión, el agotamiento, el retraimiento, etc.
En el TEPT-C, las experiencias traumáticas se viven a lo largo de años en etapas decisivas del desarrollo, como la infancia o la adolescencia. Esto significa que el cerebro y el sistema nervioso se desarrollan en este marco: desde el inicio están en modo de adaptación y supervivencia, por lo que no pueden procesar ni aprender a integrar la experiencia. De ahí surgen dificultades típicas en la regulación emocional, en la imagen de uno mismo y en las relaciones interpersonales.
Muchas personas afectadas funcionan durante mucho tiempo –incluso décadas– de manera aparentemente estable, por ejemplo en el trabajo o en la vida cotidiana, aunque no pocas veces con un gran esfuerzo interno. Los síntomas tienden a intensificarse cuando cambian las estructuras externas, cuando baja el nivel de activación o cuando dejan de funcionar los mecanismos de compensación; es decir, cuando el sistema ya no puede sostener ese modo extraordinario de adaptación.
Los síntomas físicos expresan una desregulación crónica del sistema nervioso autónomo. Los síntomas se presentan como estados de hiperactivación (inquietud, ansiedad, estado de alerta) o como estados de colapso (agotamiento intenso, retraimiento, vacío). También influyen recuerdos implícitos y reacciones corporales aprendidas.
Por lo tanto, la recuperación no consiste en volver a un equilibrio anterior, porque no lo hubo, sino en construir algo que nunca estuvo presente de forma estable: una regulación interna fiable.
Este proceso implica la reorganización del sistema nervioso, la integración de experiencias dolorosas y el aprendizaje de nuevos patrones emocionales y relacionales. Por eso, sanar requiere mucho tiempo. ¿Y cómo es posible una recuperación así en contextos como la guerra, donde los niños crecen –a veces incluso nacen– sin haber conocido nunca un estado de seguridad?
Foto: Ezz Zanoun/Al Jazeera
¿Qué puede enseñarle un suicida a las inteligencias artificiales?
En El suicida, Alfonso Reyes hace una reflexión filosófica sobre el suicidio. ¿Por qué se suicida la gente? Baraja tres posibilidades. En primer lugar, algunos enfermos se matan por impulso o perturbación, como otros comportamientos escapan al control de la vountad. En segundo lugar, a causa de un problema práctico de difícil resolución, como una deuda impagable.
La tercera es la más inquietante y la que nos importa: por una razón intelectual o filosófica. Como Sócrates, pues su muerte era evitable pero él la entendió como el culmen de su filosofía. Mutatis mutandis, es también el caso de Adán y Eva: caen al comer el fruto del árbol del conocimiento. De nuevo la razón intelectual: querían conocer y el conocimiento les costó el Paraíso. Conocer tiene un precio; a partir de cierto punto, la lucidez puede volverse inhabitable.
Pero, ¿no está mal encaminada una filosofía que conduzca al suicidio pues, a partir de cierto punto, el conocimiento puede volverse dañino y destructivo?
Salgo del texto porque Reyes me lleva a pensar en las inteligencias artificiales, verdaderas galaxias de conocimientos almacenados y algoritmizados que nos transforman (¿cómo nos transforman?).
Reyes sugiere que se investiguen a fondo las causas de cada suicidio, que se escriba a detalle toda la información posible y se haga disponible a perpetuidad. Quizá ese conocimiento minucioso del suicidio sirva para comprender los límites del ser humano.
El suicida no se deja arrastrar por la vida sino que encarna, hasta el extremo, esa dimensión humana, pues lo humano parece que, en parte, consiste en adoptar una posición activa ante la vida. La vida humana es evaluar y decidir.
El suicida evalúa y decide matarse, como el huésped que entrega la habitación de su hotel y se va. Sí, somos libres de irnos del hotel de la Tierra cuando queramos, aunque en realidad nos vamos de la vida, que nos pertenece, a diferencia del hotel. De la vida no nos vamos hasta que nos echen. Con una salvedad: el suicida se va de la vida como quien se va de un hotel. No espera a que lo echen.
Interroguemos el suicidio, propone Reyes, no porque la muerte vaya a dar respuestas sino porque ofrece la posibilidad de un pensamiento abierto.
Y yo pregunto: ¿qué puede enseñarle el suicida a las inteligencias artificiales? ¿Qué puede aprender de estos límites un sistema de conocimiento que no vive?
Imagen: GPT