En estos tiempos revueltos, estoy en busca de claridad.

Un intento por entender
qué sucede en el mundo,
qué decidimos como sociedad
y cómo vivimos en tanto personas.

 
Enrique G de la G Enrique G de la G

Cinco cosas buenas (vol. 3)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

Espacios de rehabilitación

El año pasado estuve hospitalizado dos meses por una enfermedad psicosomática. Después, he tenido un año de tratamiento y reposo en casa sin trabajar. Esta semana volví al hospital. Ya no se trata de una urgencia médica como hace un año, sino de un programa de rehabilitación. Me siento apenas al 40 o 50 por ciento y necesito recuperar la energía.

Estoy en Bad Bevensen, un pueblo adonde venía la gente de Hamburgo a descansar. En la cultura alemana, las poblaciones destinadas a fines terapéuticos –por la calidad del aire, por sus aguas termales, por su naturaleza benéfica– recibe el nombre de “Bad”. Algunas, como Baden-Baden, se han vuelto destinos de lujo; otras, como esta, son más discretas.

Los parques, las termas, los senderos, incluso los supermercados abiertos en domingo… todo en el pueblo gira en torno a la meta de recuperar la salud. Hay pacientes llegados de toda Alemania y de otros países europeos. Esto de retirarse a un sitio tranquilo para restablecer la salud es ajeno a nuestra cultura latina.

Y aquí estoy, por primera vez, esperanzado con que me pueda reintegrar pronto a la vida normal. No sé cuánto me vaya a llevar pero aquí cuento con recursoso inimaginables en otras geografías.

 

Hice mis primeros videos con Gemini

Esta semana descubrí y probé la posibilidad de hacer un video con Gemini, la inteligencia artificial de Google. A partir de una presentación de Slides, Gemini te puede producir un video, fácil de editar y personalizar. Bastan unas pocas slides para que Gemini produzca un video con voz, música, ritmo y transiciones.

Me inquietan tanto la calidad del producto como la simpleza del proceso. Hay voces para que un orador artificial tome el micrófono y se le pueden añadir elementos propios, como voces, videos, textos, imágenes y demás. Ya no hacen falta programas especializados ni edición ni equipo especializado. Bastan una laptop y un ratito.

La tecnología va más rápido que la evolución, por lo que el cerebro humano no termina de entender la dimensión de este cambio. La distancia entre idea y producto se acorta más y más. Y apenas empieza esta nueva era…

 

Camioneta personalizada

Hace unos meses expiró uno de los turbos de la camioneta. En lugar de llevarla al taller, como haría cualquier persona, se la llevé a un tipo que es mecánico por puro hobby y que está loco de obsesión por las Land Rover. La recomendación llegó a través de unos conocidos, a quienes les transformó su Disco 3 en vehículo de expedición. Después me enteré de que también les mete mano a Porsches y carros de carreras que corren en Nürburgring.

El personaje de esta pequeña historia es Torge.

Dicen que tiene más de diez Land Rovers, aunque no me consta. Lo que sí vi con mis propios ojos es su taller “de hobby”, que no le pide nada a uno profesional. Conoce cada tornillo y cada tuerca de las Land Rover. Y como es un perfeccionista, me dijo que no valía la pena cambiar solo el turbo averiado sino los dos, de una vez, y empezó a inspeccionar la camioneta con lupa. Por supuesto que le encontró otros achaques, desde corrosión en el chasis hasta una salpicadera que por lo visto pegaron –en lugar de montar– en el taller de hojalatería y pintura.

“Les meto mano a los coches a conciencia y con cariño”, me dijo ayer, “pero tengo un defecto: siempre pienso que los tendré listos rápido pero luego me clavo demasiado”. “Sí, cabrón, me di cuenta”, le respondí, porque me dejó varios meses sin camioneta. Luego me contó que también arregla motos y hasta avionetas. “Al final, todas las máquinas son casi iguales. Las diferencias entre una y otra son pequeñas si eres inteligente y los sabes ver”. Pensé que esa es toda una manera de ver la vida porque, en verdad, todos los problemas son casi iguales, solo con pequeñas diferencias.

El gran detalle fue que una placa personalizada en el motor y ¡en español!. Así es Torge.

 

Sorrentino, un filósofo audiovisual

Paolo Sorrentino es de mis directores de cine favoritos y ahora vi La grazia. Es una obra de arte en términos de fotografía: unas veces me sentía en un museo frente a un Caravaggio o un Rembrandt; en otros, dentro de un Magritte o en un tiempo suspendido.

Es una película sobre la gracia en todas sus acepciones: la elegancia, el encanto, la simpatía, el humor, la clemencia, el perdón y, por supuesto, el don de Dios.

Todas las formas de la gracia se van entretejiendo en los últimos meses del presidente. Debe decidir si firma –o no– una ley contraria a sus creencias personales y si concede el perdón –o no– a dos homicidas. Además, vive torturado porque difunta esposa era el amor de su vida pero le fue infiel cuarenta años atrás.

La gracia de Sorrentino consiste en crear atmósferas con imágenes, que sugieren estados de conciencia, que a su vez presentan dilemas, dudas, tropiezos, aciertos, cavilaciones. Ese es su arte, me parece. Y La grazia me gustó mucho justo por esto.

 

Un quiz australiano

Gary Champan publicó en los años noventa un libro muy popular con la teoría de que existen cinco maneras que utilizamos para expresar amor, y que una prevalece en cada uno de nosotros: algunos dan regalos, otros prestan atención, otros hacen elogios o comentarios positivos, otros más ofrecen cercanía física y los últimos resuelven problemas y son útiles.

Esta semana, una amiga me envió un quiz desarrollado por una compañía australiana que reinterpreta a Champan. Según dicen, esas cinco formas del amor se reducen a tres motoros de nuestra conducta: significado (reconocimiento y regalos), relación (atención y cercanía) y equidad (ayuda).

Los australianos, desplazan el foco de cómo amamos a qué necesitamos para sentirnos bien dentro de un grupo social. Y añaden dos elementos importantes, que se le escaparon a Champan: certeza y autonomía, es decir, la necesidad de seguridad y de libertad. En efecto, queremos independencia pero cercanía, estabilidad sin sofoco y reconocimiento sin control ajeno.

Aunque habrá que reflexionar e investigar más, por lo pronto el quiz me dejó pensando: ¿y si el amor no es una simple forma del afecto sino una estrategia para negociar nuestras necesidades más profundas? Todos queremos pertenecer a un grupo, sentirnos seguros y seguir siendo nosotros mismos.

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Por qué no existe la cultura general

De los alumnos universitarios que he tenido en Alemania a lo largo del tiempo, ninguno ha sabido quién fue García Márquez. ¡Un escándalo! Tampoco han sido capaces de explicar qué es el dativo, a pesar de que lo emplea la lengua alemana. No han podido decir la capital de Bolivia. Ni tampoco les suena –y mucho menos han visto– Terminator. Según la noción clásica, saber de literatura, gramática, geografía y cine es parte de la cultura general.

¿Es “reprobable” su ignorancia? ¿O estoy “mal” yo por esperar ese tipo de conocimientos otrora “básicos”? ¿Acaso existe todavía la idea medieval del sabio universal, del hombre renacentista, de la Bildung del burgués alemán y del enciclopedismo ilustrado?

Pero no solo fueron los universitarios quienes me empujaron a reflexionar sobre esto. También las redes sociales, porque para el algoritmo del teléfono, el Louvre y Disneylandia tienen el mismo peso: están registrados de igual manera en Instagram y son iguales en la categoría de “creadores de contenido”. ¡Qué palabra más vacía! “Contenido”.

Baudrillard diría que no.

La cultura general funciona bajo el supuesto de que existe un conjunto de saberes en el marco de una cultura que son apreciados, valorados y jerarquizados, y que ese saber convierte a una persona en sabia. Baudrillard destruye este supuesto en Cultura y simulacro: ya no existe la Grecia antigua sino solo un conjunto de imágenes que el canon “oficial” ha fabricado; por lo tanto, no hay jerarquía ni distinción entre alta y baja cultura, pues todo opera con los mismos medios en un régimen de simulación. Dicho de otro modo, la supuesta cultura solo sirve para pintarle en la frente el signo de “culto” a la persona que simula serlo.

Gracias, Baudrillard. No desaparece mi decepción, aunque ahora entiendo mejor de dónde viene. Entiendo el diagnóstico, pues mi abuelo sembró en mí la ilusión –y la convicción y hasta la ambición– de amasar conocimiento, que ha sido siempre la moneda de mi vida.

La disolución de referentes en Baudrillard parece anunciar la proliferación de esferas en Sloterdijk. Él sostiene que solo existen esferas de conocimiento: el profesor puede tener una cultura general según el modelo clásico mientras que cada alumno tiene una cultura general propia de cada esfera que habita: la de los videojuegos, la de las novelas de fantasía, la del patinaje en hielo… Hemos quedado atomizados y desunidos.

Los mismos alumnos que no conocen a García Márquez, acaso dominen al detalle la genealogía, el universo y la mitología de sus videojuegos. Yo no. Y, para ser franco, tampoco me han interesado más allá del fenómeno de masas. Entonces, ¿el ignorante soy yo? ¿O simplemente estamos operando en esferas diferentes? Tal parece que las esferas ya no se tocan, que ya no hay un suelo común para conversar.

Pero, ¿alguna vez hubo tal suelo común? El conocimiento universal medieval era para Dios; el enciclopedismo no era para las mujeres; el campesino no tenía acceso a la Bildung burguesa. Quizá mi abuelo vivió bajo la falsa unidad de quienes ya estaban en un mismo nicho, porque García Márquez, el dativo, Terminator y la capital de Bolivia son un conjunto heterogéneo y artificial de datos arrojados a un suelo que nunca fue común.

Imagen: Baudrillard y Sloterdijk – GPT

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Cinco cosas buenas (vol. 2)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

Mi traducción de los cuentos de los hermanos Grimm

Recibí un mail importante desde Monterrey: ya entramos en la fase final de producción del libro con mis traducciones de todos los cuentos de los hermanos Grimm. Empecé a trabajar en esto a finales del 2021. Por desgracia, mi salud empezó a menguar en la primavera del 2022 y tocó fondo en la primavera del 2025, por lo que es casi un milagro que hayamos llegado a este momento.

Estoy muy agradecido con el apoyo que me han brindado el SNCA, la Sociedad Alemana de los Hermanos Grimm y a la Editorial Universitaria UANL. No imaginé que fueran a ser tan difíciles los procesos de traducción y búsqueda de editorial. Pero ya estamos llegando a esta meta.

No, no estoy satisfecho con la calidad de la traducción que se va a imprenta pero, como es bien sabido los libros se interrumpen, no se concluyen. También dicen que done is better than perfect, así que daré una nueva lectura a los 210 cuentos y mi visto bueno. Sé que seguiré trabajando en la traducción, para pulirla, y espero algún día de algún año sentirme de veras contento con el resultado y encontrar el modo de publicarla.

Imagen: Juan sin miedo en el interior del castillo por David Hockney (1969)

 

‘Pronto’ también es un sustantivo

A mi demediada edad me acabo de enterar de que ‘pronto’ también significa:

a. Una reacción repentina, como un arranque.

b. El ataque súbito de algún mal.

Imagen: GPT

 

Los tamaños del papel

Esta semana descubrí la elegancia matemática detrás de los tamaños del papel europeo. Aquí se corta el papel de acuerdo a un principio matemático específico. Se parte de un pliego rectangular llamado A0, que mide 1 metro cuadrado, y todos los tamaños sucesivos están definidos por esa misma proporción de 1 : √2 o, lo que es lo mismo, de 1 : 1.414.

Para visualizarlo: si el pliego A0 se corta a la mitad por el lado largo, se obtiene el tamaño A1, que a su vez da lugar al tamaño A2 si se corta por la mitad larga, y así sucesivamente.

La hermosura consiste en que este es el único rectángulo que mantiene la misma proporción cada vez que se corta en dos partes iguales por el lado largo.

Imagen: GPT

 

Aprender algo nuevo

Los doctores me insisten en que haga ejercicio. El año pasado no tenía energía para ello pero me enganché con el tenis. Peloteaba un poco de chavo, y me gustaba, pero nunca tomé clases ni realmente aprendí. Luego se atravesó el invierno, que para mí es mortal, así que hacía seis meses que no tocaba la raqueta.

La semana pasada, Kevin me vio caminando de regreso del club a mi casa, y se le antojó probar el tenis. Le presté una raqueta, fuimos a pelotear, y al día siguiente ya había comprado una raqueta y pagado su inscripción en el club. Ya tengo con quien entretenerme.

Quiero aprender a sacar bien, a medir el rebote de la pelota para posicionarme correctamente y a devolverla de derecha (curiosamente me siento cómodo y soy asertivo de revés). En la cancha te puedes sentir orgulloso si das un buen saque pero cuando te grabas y te ves, caes en cuenta de todo lo que estás haciendo mal. Y aunque no tenga esperanzas de llegar a ser un gra jugador por no haber aprendido a jugar en la infancia, me divierto mucho incluso solo. El tenis es una buena inversión de cara a la vejez.

 

Elecciones en Andalucía

Al obtener la nacionalidad española y por no vivir en España, se me permitió vincularme electoralmente a un municipio. Estoy inscrito en el padrón electoral CERA, que en España se llama censo electoral, y dado de alta en Cádiz, mi ciudad favorita.

El 17 de mayo se celebran elecciones en Andalucía para elegir el parlamento. Durante casi cuatro décadas estuvo en manos del PSOE (la izquierda) pero el PP (la derecha) tiene la mayoría absoluta desde el 2022. Estoy contento por haber votado este fin de semana; ya solo me queda echar mi voto al buzón.

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¿Por qué importa el estrés postraumático?

 

Hay cientos de miles de niños en zonas de guerra que oyen y sienten las vibraciones de las bombas. Cada disparo, cada explosión va alterándolos hasta producir trauma en muchos de ellos. Entender mejor el trauma ayuda a comprender por qué es tan difícil romper, incluso desde una perspectiva biológica y hasta bioquímica, espirales de violencia transgeneracionales asentadas en comunidades.

La mayoría de las personas que viven un evento traumático logran recuperarse por cuenta propia con el paso del tiempo. Una minoría presenta síntomas persistentes, que pueden tratarse con ayuda psicológica: muchas mejoran con tratamiento, mientras otras desarrollan trastorno por estrés postraumático (TEPT), según la gravedad o intensidad del trauma y de factores personales. Condición para el diagnóstico de TEPT es que los síntomas interfieran de forma significativa en la vida cotidiana y que persistan más de un mes.

El estrés postraumático complejo (TEPT-C) se distingue del TEPT “clásico” cuando el trauma no proviene de un acontecimiento aislado sino de experiencias traumáticas repetitivas a lo largo del tiempo en contextos de los cuales no es posible escapar. Este es el diagnóstico que recibí en abril del año pasado. Desde entonces me he informado a fondo para comprenderlo mejor.

Para empezar, hay cambios biológicos y bioquímicos en el cuerpo: no son solo una adaptación momentánea sino que se convierten en el funcionamiento normal a largo plazo del sistema nervioso. El organismo se acostumbra a operar en estados de excepción, como la hipervigilancia, la tensión, el agotamiento, el retraimiento, etc.

En el TEPT-C, las experiencias traumáticas se viven a lo largo de años en etapas decisivas del desarrollo, como la infancia o la adolescencia. Esto significa que el cerebro y el sistema nervioso se desarrollan en este marco: desde el inicio están en modo de adaptación y supervivencia, por lo que no pueden procesar ni aprender a integrar la experiencia. De ahí surgen dificultades típicas en la regulación emocional, en la imagen de uno mismo y en las relaciones interpersonales.

Muchas personas afectadas funcionan durante mucho tiempo –incluso décadas– de manera aparentemente estable, por ejemplo en el trabajo o en la vida cotidiana, aunque no pocas veces con un gran esfuerzo interno. Los síntomas tienden a intensificarse cuando cambian las estructuras externas, cuando baja el nivel de activación o cuando dejan de funcionar los mecanismos de compensación; es decir, cuando el sistema ya no puede sostener ese modo extraordinario de adaptación.

Los síntomas físicos expresan una desregulación crónica del sistema nervioso autónomo. Los síntomas se presentan como estados de hiperactivación (inquietud, ansiedad, estado de alerta) o como estados de colapso (agotamiento intenso, retraimiento, vacío). También influyen recuerdos implícitos y reacciones corporales aprendidas.

Por lo tanto, la recuperación no consiste en volver a un equilibrio anterior, porque no lo hubo, sino en construir algo que nunca estuvo presente de forma estable: una regulación interna fiable.

Este proceso implica la reorganización del sistema nervioso, la integración de experiencias dolorosas y el aprendizaje de nuevos patrones emocionales y relacionales. Por eso, sanar requiere mucho tiempo. ¿Y cómo es posible una recuperación así en contextos como la guerra, donde los niños crecen –a veces incluso nacen– sin haber conocido nunca un estado de seguridad?

Foto: Ezz Zanoun/Al Jazeera

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¿Qué puede enseñarle un suicida a las inteligencias artificiales?

 

En El suicida, Alfonso Reyes hace una reflexión filosófica sobre el suicidio. ¿Por qué se suicida la gente? Baraja tres posibilidades. En primer lugar, algunos enfermos se matan por impulso o perturbación, como otros comportamientos escapan al control de la vountad. En segundo lugar, a causa de un problema práctico de difícil resolución, como una deuda impagable.

La tercera es la más inquietante y la que nos importa: por una razón intelectual o filosófica. Como Sócrates, pues su muerte era evitable pero él la entendió como el culmen de su filosofía. Mutatis mutandis, es también el caso de Adán y Eva: caen al comer el fruto del árbol del conocimiento. De nuevo la razón intelectual: querían conocer y el conocimiento les costó el Paraíso. Conocer tiene un precio; a partir de cierto punto, la lucidez puede volverse inhabitable.

Pero, ¿no está mal encaminada una filosofía que conduzca al suicidio pues, a partir de cierto punto, el conocimiento puede volverse dañino y destructivo?

Salgo del texto porque Reyes me lleva a pensar en las inteligencias artificiales, verdaderas galaxias de conocimientos almacenados y algoritmizados que nos transforman (¿cómo nos transforman?).

Reyes sugiere que se investiguen a fondo las causas de cada suicidio, que se escriba a detalle toda la información posible y se haga disponible a perpetuidad. Quizá ese conocimiento minucioso del suicidio sirva para comprender los límites del ser humano.

El suicida no se deja arrastrar por la vida sino que encarna, hasta el extremo, esa dimensión humana, pues lo humano parece que, en parte, consiste en adoptar una posición activa ante la vida. La vida humana es evaluar y decidir.

El suicida evalúa y decide matarse, como el huésped que entrega la habitación de su hotel y se va. Sí, somos libres de irnos del hotel de la Tierra cuando queramos, aunque en realidad nos vamos de la vida, que nos pertenece, a diferencia del hotel. De la vida no nos vamos hasta que nos echen. Con una salvedad: el suicida se va de la vida como quien se va de un hotel. No espera a que lo echen.

Interroguemos el suicidio, propone Reyes, no porque la muerte vaya a dar respuestas sino porque ofrece la posibilidad de un pensamiento abierto.

Y yo pregunto: ¿qué puede enseñarle el suicida a las inteligencias artificiales? ¿Qué puede aprender de estos límites un sistema de conocimiento que no vive?

Imagen: GPT

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¿Por qué Trump?

Hay de dos sopas: o Trump ha causado al menos en parte el actual desequilibrio mundial, o, por el contrario, es el producto de un largo proceso histórico que era inevitable y que da la casualidad que el personaje se llama Trump pero bien pudo haber sido otra persona.

Según la primera opción, el mundo estaba más o menos en orden y tuvo que llegar Trump para ponerlo de cabeza porque es un caprichoso, es un hípernacionalista y un abusivo. Esa es una posibilidad real pues esto que he dicho sobre él parece ser verdad. Si Kamala Harris u otro candidato republicano hubiera llegado a la presidencia, no estaría la situación geopolítica tan desestabilizada como está ahora.

Según la segunda opción, los procesos históricos son más grandes que nosotros, los individuos, así como la naturaleza es más poderosa que nosotros; y aunque hay supervivientes de catástrofes naturales, por lo regular se impone la naturaleza. De manera análoga, la historia se impone en términos generales, si bien a veces surgen figuras que logran escaparse de su torrente para reencauzarlo. Así pues, si observamos la creciente acumulación de poder del presidente de Estados Unidos, su creciente desdén por el Congreso y los acuerdos e instituciones internacionales, y si analizamos la tendencia de las últimas décadas, ya desde Reagan se veía venir algo como lo que estamos viviendo.

La pregunta parece ser idéntica a la pregunta por el huevo o la gallina, es decir, depende de qué perspectiva se tome, se puede responder correctamente de una u otra manera: cada perspectiva explica distintos aspectos.

No solo la naturaleza y la historia son más grandes que nosotros sino también las instituciones. Por eso debemos cuidarlas, pues el día en que falte la sensatez presidencial, ahí seguirán las instituciones –normas, procesos, asociaciones– que orienten el actuar. Pero si llega alguien como Trump, que cancela acuerdos y erosiona las instituciones, ese individuo desarticula los marcos que lo contienen y actúa como si estuviera por encima de la historia y de las instituciones. La historia es celosa y raramente da la razón a tales individuos.

Más allá de las dos sopas –Trump como causa o como efecto–, lo importante es salvaguardar las instituciones, no porque sean perfectas sino porque trascienden nuestras vidas personales.

Imagen: GPT

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Cinco cosas buenas (vol. 1)

Los domingos voy a recoger cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

Colores de Suecia

Mi amiga Nieves dejó hace varios años la vida y la movida madrileñas para mudarse a un pueblo en el corazón de Suecia. Trabaja ahí como arquitecta. Y como la vida rural se lleva a otro ritmo en Escandinavia al de las grandes ciudades, ha tenido tiempo para explorar su lado artístico: empezó a tocar la flauta, después a tejer y pinta desde hace cosa de un año.

Me encanta el lenguaje visual de su obra abstracta. Pinta al óleo sobre papel con textura de lienzo. Y esta semana me regaló esta obra, que tanto me gustó cuando la vi en su Instagram. ¡Gracias, Nieves!

Veo un paisaje extendido en el tiempo: la textura del fondo recibió primero los tonos oscuros, que luego dieron paso a otras tonalidades. Pero son los estallidos de verde y las interrupciones amarillas las que me atraparon la mirada. Me podría poner a meditar observando cada detalle durante horas sin parar. Y me quedo pensando cuánto verdor tan equilibrado cabe en 50 centímetros cuadrados.

 

Lloyd Alter in da house

Hoy vino a comer a casa mi amigo Lloyd Alter, arquitecto, profesor de arquitectura y periodista de Toronto. Fue el editor fundador de TreeHugger. Hoy escribe sobre todo en Upfront Carbony es uno de los grandes expertos en hábitat pasivo.

Mañana estará en Berlín para dictar una conferencia sobre su propuesta principal: la frugalidad como estilo de vida y como estrategia para regular y adaptarnos al cambio climático. Si no sabes cuánto carbono se esconde detrás de una hamburguesa, una familia o un edificio, tienes que leer su libro.

Nos sentamos en el jardín a hablar sobre temas de ecología. Por ejemplo, sobre cómo las redes de calor urbanas que funcionan con etanol, como la que quieren instalar en mi comunidad, en realidad son un gran subsidio para los agricultores. Después de escuchar sus argumentos, me quedó claro que es una hoja de higuera porque no parece un sistema más ecológico que la calefacción casera.

Siempre es un gusto reunirse con y escuchar a expertos apasionados en lo que hacen.

 

División de la Iglesia y el Estado in extremis

En septiembre de 1944, un bombardero cayó al mar cerca de la isla japonesa de Chichijima. Los japoneses no solo aprehendieron a la tripulación, sino que también los torturaron, asesinaron y hasta se los comieron al más puro estilo caníbal. Solo logró escapar el piloto, un veinteañero de nombre George Bush, a quien rescató un submarino estadunidense.

Muchas décadas después, en el contexto de su campaña presidencial, le preguntaron sobre qué cosas había pensado durante las horas que permaneció en alta mar, Bush respondió:

“I thought about Mother and Dad and the strength I got from them — and God and faith, and the separation of Church and State”.

 

Cuatro empleos para ganar madera

Leyendo Train Dreams, aprendí cómo era la industria maderera hace cien años: el sawyer derribaba el árbol; el limber retiraba las ramas hasta dejar el tronco despejado; el bucker lo cortaba en trozos manejables de seis metros; y el choker los subía y fijaba al camión que llevaba la carga al aserradero.

Nunca había pensado en la subdivisión de los empleos forestales. Pero, ¿y eso cómo se traduce al español?

La tradición forestal anglosajona ha sido diferente a la nuestra, así que no todos tienen equivalentes –dicho de otra manera más cruda, aquí los leñadores eran multiusos–, además de que hoy todo se hace con maquinaria pesada. Pero, eso sí: las máquins conservan los nombres originales en inglés o se han adaptado, como leñador o motosierrista, desramador, tronzero y el enganchador o estrobero, además de grúas y otras más.

 

Centenario de calidad

Vendí un centenario de oro en una operación surrealista y divertida. El comprador dudaba mucho de la autenticidad de la pieza, a pesar de que todos los valores estaban en orden y la factura, tan solo prque su aparato le marcaba un valor magnético positivo (el oro es diamagético, es decir, no es magnético) del 0.02%.

Terminó llamando a la fábrica que produce esos medidores de susceptibilidad magnética y alcancé a escuchar la respuesta a grito pelado, a pesar de no tenía el altavoz activado: “¡Es normal! El centenario mexicano tiene una cantidad ínfima de hierro, eso lo explica. ¡Es una moneda excelente, cómprela!”.

Me sentí orgulloso de nuestro centenario y triste de tener que dejarlo ir. Le pedí que no fuera a fundirlo porque se lo compraré a la primera oportunidad.

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¿Para qué otro blog?

En estos días y en este mundo tan revuelto, tan confuso e imprevisible, necesito detenerme más a menudo y con más ahínco que antes para reflexionar. Intento entender qué está sucediendo en el mundo, qué nos está pasando como sociedad y cómo van cambiando nuestras vidas.

Por un lado, estamos volviendo a la luna como un punto intermedio para alcanzar Marte, mientras devastamos el planeta Tierra. Redefinimos la vida, rediseñamos y hasta creamos nuevos seres, y tenemos contenida la energía suficiente para borrarnos del planeta. Nunca antes habíamos llegado tan lejos ni visto tantas especies animales y vegetales, pero tampoco nunca antes había tantas especies extintas o en riesgo de desaparecer, ni tampoco zonas geográficas transformándose con la celeridad actual. Somos guardianes y verdugos de lo propio y lo ajeno, y engreídos ante la infinitud y complejidad del universo, que no cesa de maravillarnos.

Por otro lado, la inteligencia artificial está reconfigurando el trabajo intelectual tal como lo conocemos, así como las máquinas de la revolución industrial hicieron desaparecer tantas profesiones hace dos siglos. Hoy, parece que la salvación laboral para muchos será trabajar con las manos: más quiroprácticos, plomeros y enterradores que mercadólogos, escritores de código y personal de recursos humanos.

También, el desmoronamiento de la pax americana parece estarle dando pie a antiguos sueños imperialistas, en lo político, y en lo económico le está dando la oportunidad a China de plantarse como la nueva potencia mundial. ¿Deberíamos enseñarles chino a nuestros hijos o posponemos la tarea para que ellos lo hagan con los suyos? Lo que oí a finales de los noventa sobre la preeminencia china parece una realidad magnificada por la lupa de la historia.

En el plano de la vida, estamos empezando a entender el cerebro humano, con lo que cada vez entendemos mejor sus aflicciones. Además, el traslape entre la realidad real y la realidad virtual –incluida, de nuevo, la inteligencia artificial– siembra la duda de quiénes somos y si seguiremos siendo como habíamos venido siendo desde de los faraones egipcios, Moisés y la guerra de Troya.

Según Kant, solo había tres temas sobre los cuales pensar: Dios, el mundo y el alma. Para corregirle la triada, en este blog me propongo escribir una observación cada día sobre el mundo, la sociedad y la vida. Me gustaría que llegara a ser un diálogo con quienes me lean, así que responderé a todos los comentarios que se hagan aquí y por las redes sociales.

¡Pásenle a leer, bienvenidos!

Foto: Natasja Madsen

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