En estos tiempos revueltos, estoy en busca de claridad.
Un intento por entender
qué sucede en el mundo,
qué decidimos como sociedad
y cómo vivimos en tanto personas.
El mexicano rampante
Leí estos días una columna de opinión en The New York Times sobre el avance del AfD y la incapacidad de Friedrich SchMerz y del CDU para frenarlo. SchMerz llegó al gobierno diciendo precisamente que quería reducir su apoyo, pero vemos lo contrario. (Se apellida Merz pero Schmerz significa “dolor” porque el canciller es un dolor en los mismísimos…)
Una de las razones por las que me metí en política fue precisamente frenar el AfD. Decidí que no podía pasarme viendo lo que ocurría y quejándome de lo mal que están las cosas. Quería hacer algo. Soy candidato independiente al ayuntamiento, pero por razones de salud tomé la decisión pragmática de colaborar con el CDU, el partido fuerte en mi municipio.
Durante tres años me preparé leyendo, investigando, asesorándome, y entré con muchísima ilusión, a sabiendas de que el trabajo es pro bono.
Si bien he aprendido de esta experiencia, la decepción ha sido grande y terminé por entender en carne propia por qué crece y crece el AfD.
No voy a extrapolar a nivel federal lo que sucede en el insignificante pueblo de Rosche, pero sí detecto aquí patrones que reconozco cuando alejo el zoom.
Trabajé cuanto la salud me permitió hasta darme cuenta de que mis iniciativas no eran del todo bienvenidas: estaba bien hacer algunas cosas, pero no tener "demasiada" iniciativa; estaba bien traer ideas nuevas, pero no alterar la manera en que las cosas se habían hecho siempre. Absurdo, si se considera que el eslogan de la campaña es "Pensar a Rosche de nuevo".
El CDU habla de renovación, de nuevas generaciones con nuevas ideas. El problema de los nuevos que queremos fortalecer una alternativa democrática ante el avance del AfD es que llegamos con la desagradable costumbre de —precisamente— ser nuevos, de tener otras ideas, de plantear preguntas, proponer iniciativas diferentes.
Al poco recibí dos ataques semipúblicos de alguien del equipo. Descubrí cambios en lo acordado que me afectaban directamente y de los que nadie se había tomado siquiera la molestia de informarme. Esperaba un trato respetuoso entre quienes proyectábamos trabajar juntos los próximos seis años pero se evidenció una falta de liderazgo.
Me acordé de Albert Hirschman: cuando algo no funciona dentro de una organización, o intentas cambiarlas desde dentro (voice) o te vas (exit). Pues bien, me voy porque no quiero trabajar seis años gratuitamente en un grupo donde no encuentro respeto.
Me acordé entonces también de que Italo Calvino sufrió una tremenda desilusión en 1956. Al percibir que no podría renovar nada dentro de su partido, se alejó y empezó a escribir El barón rampante. Es la historia de Cosimo, un niño que se sube a vivir a los árboles después de una pelea absurda con su familia y decide no volver a poner los pies en el suelo.
Al ganar distancia —separándose sin desaparecer—, Cosimo parece que adivinó un punto intermedio entre los extremos de Hirschman: desde arriba siguió participando de los asuntos políticos de su comunidad.
En cuanto a mí, sigo pensando que vale la pena hacer política municipal, sigo preocupado por el AfD —que arrasó ayer en el estado vecino— y sigo convencido del potencial de este rincón de Alemania. Ahora debo encontrar a qué árbol me voy a subir.
Cinco cosas buenas (vol. 20)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
El corto de El buen espíritu
Cerré la puerta del Opus Dei el día en que salí pocos días antes de la navidad del 2005. En abril del año pasado —casi veinte años después— tuve que reabrir esa puerta para atender de raíz el estrés postraumático complejo (C-PTSD) que se me diagnosticó.
En algún lugar del subconsciente tenía guardado un nombre: “Marina”. Me senté en la terraza de la cafetería de la clínica y googleé ‘Marina documental Opus Dei’ y no tardé en aterrizar en el perfil de Marina Pereda. Como por instinto le escribí, convencido de que era la directora de un documental que había salido meses atrás.
Le conté que estaba en shock por un diagnóstico que había recibido con escepticismo y que, tras dos días de reflexión, conversaciones e investigación, me cuadraba todo: el Opus me había causado C-PTSD. Para mi sorpresa, Marina respondió en cosa de nada. Para mayor sorpresa sostuvimos una larga conversación telefónica ese mismo día. Al despedirnos me dijo que estaba contenta de que el documental me hubiera sido útil. “¡No! No he visto ese documental porque en Alemania no está disponible”. “Entonces, ¿por qué me buscaste?” “¿No eres tú la directora?” La conversación entró a un segundo tiempo para aclarar cosas…
Luego me las arreglé para verlo sin saber en lo que me estaba metiendo. A los 30 segundos ya tenía la piel de gallina. A menos de dos minutos tuve que pararlo con lágrimas en los ojos. ¡Era mi vida reflejada en esos primeros cien segundos!
Me llevó tiempo poderme sentar a verlo. Fue muy duro y a la vez liberador. Me di cuenta de que había vivido alrededor del 85 % de las experiencias que contaban esas mujeres. Yo no era un caso aislado; el problema no había sido yo. Los doctores me lo estaban diciendo por un lado y por este otro lado estaba viendo a un grupo de mujeres de contextos muy diferentes al mío contar vivencias con las que me identificaba.
En días sucesivos le dije a Marina que, si algún día los productores consideraban hacer una serie sobre hombres en el Opus Dei, que me gustaría participar. Quería sumar mi voz a la de esas mujeres valientes que se habían sentado ya no a ver una pantalla, sino a hablar frente a una cámara.
Pasaron muchos meses.
Un buen día, Marina me contactó para informarme que, en efecto, se estaba planteando la idea de hacer una nueva serie documental. ¿Me gustaría participar? Acepté de inmediato. Tenía —y sigo teniendo— la esperanza de prevenir más abusos espirituales y emocionales, y la de cerrar en mi vida la puerta del Opus de manera definitiva.
Esta semana salieron los cortos.
Imagen: instantánea de El buen espíritu
Floris Margadant
Recordé al profesor Floris Margadant. Nunca lo conocí pero mi amigo Alonso fue su asistente personal al final de su vida; el último, me parece. Para mí era una figura mítica.
Alonso me contaba. que vivía en una casa en San Ángel donde apenas había espacio para caminar entre los libros que tenía desde la entrada, junto a la puerta, hasta en pilas al lado de su cama. Él estaba feliz de trabajar con una luminaria del derecho y de la historia del derecho. Quise conocerlo —mejor dicho: su casa-biblioteca—, pero nunca se dio. La curiosidad me llevó a leer esta pequeña biografía suya, aunque lo ideal sería leer Floris Margadant y su mundo, el libro más extenso de entrevistas que le hicieron al final de su vida sobre mil y un temas.
En 2024, Margadant hubiera cumplido cien años. La UNAM celebró su centenario con este homenaje. Qué gusto da escuchar los testimonios de quienes lo conocieron, el impacto positivo que tuvo en alumnos, de los estudiosos de su obra. “Eso es lo que queda después de una vida”, pensaba.
En el caso de Margadant, quedó algo más: donó esa casa fabulosa —y otras más— a la UNAM y sus libros al Instituto de Investigaciones Jurídicas y a El Colegio de México. Y dispuso que las rentas generadas por aquellos inmuebles financiaran un concurso anual sobre derecho romano e historia del derecho.
Su ex libris incluía la frase “Es la tarea la que nos conserva la vitalidad“. Después de su muerte, Margadant sigue activo a través de la biblioteca que donó y de las casas que dejó para financiar ese concurso. ¿Así o más cool?
Imagen: Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
Sótano de las Golondrinas
En el municipio de Aquismón, en San Luis Potosí, se encuentra en Sótano de las Golondrinas. Mis amigos fueron varias veces en los años noventa, pero por distintas razones nunca pude ir. Y aunque he visto fotos y videos desde entonces, este es el mejor clip que jamás haya visto. Tanto más porque lo narra Sir David Attenborough.
Aquí abajo está el inicio de ese episodio sobre cuevas. Además, en el canal de la BBC Earth encontré una playlist de clips sobre México y una compilación de seis horas de narraciones de Sir David, ideal para apaciguar el sistema nervioso.
Imagen: BBC Planet Earth
¡Otoño!
El miércoles fue un día perfecto y lo aproveché haciendo un recorrido de casi cien kilómetros en la moto: cielo azul, nubes altas, el olor a bosque que cubre esta zona, el largo litoral de un río… Tuve hora y media de relajación total.
¡Pero el jueves…! Frío, lluvioso, gris, oprimente. Parece que el otoño comenzó de pronto. Y me dieron unas ganas terribles de tomarme un chocolate caliente mientras escribía. Como no estaba preparado, temí no poderme dar el antojo, pero tuve la buena suerte de encontrarme una porción de chocolate caliente de Baileys.
Desempolvé mi termo Stelton y le di la bienvenida al otoño con este pequeño ritual.
Otra lista de libros
Quien haya hecho peso muerto sabe lo difícil que es. Me gusta y he levantado 100 kilos; estoy seguro de que podría levantar más pero una vez me rompí el psoas cargando una cantidad mucho menor y desde entonces me ando con cuidado.
Julio, mi amigo más fuerte, celebró su medio siglo de vida levantando 200 kilos. Y Julio está muy fuerte. Pero no es nada en comparación “con lo que están haciendo los chavos de ahora”, me decía hace tiempo: “levantan 350 o 400 kilos como si nada”.
Raúl “Tayzon” Flores, de Ciudad Victoria, empezó a entrenar en un gimnasio hace pocos años para sobrellevar la muerte de su perro Tayzon. Con esa motivación, ayer rompió el récord mundial de 510 kilos que tenía “Thor”. Tayzon levantó 511 kilos… y en una entrevista previa dijo que iba a levantar 515 kilos de ser necesario con tal de arrebatarle el récord al islandés.
¡Es una brutalidad! ¿Cómo debes entrenar y comer para que el cuerpo no te estalle con semejante presión? Me parece asombroso.
Foto: Giants Strong Man
Cinco cosas buenas (vol. 19)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
Manifiesto para México y la IA
De entre mis amigos, Orlando es el más clavado con la inteligencia artificial. Lleva ya varios años trabajando a diario en el campo. Esta semana publicó una especie de manifiesto para México y la IA, que él llama “"Estrategia 2030”.
El punto de partida es que México no podrá jamás competir con Estados Unidos ni China, pero si se complementaran el gobierno, la iniciativa privada y la academia, podría tomar un papel de liderazgo en Latinoamérica, un puesto posible y hasta deseable.
Mira aquí la propuesta de Orlando, presentada por su avatar. Dura 6:30 minutos.
Imagen: captura de YouTube
110 preguntas para papá
En la primera conversación que sostuve cuando entré a ZEIT magazin, me contaron que acababan de fichar a Moritz von Uslar. En efecto, Moritz se unió al equipo unos días más tarde. Era conocido en Alemania por sus entrevistas de 99 preguntas que planteaba a gente famosa (por ejemplo, a David Hockney), quienes debían responder de la manera más breve posible. Era algo así como el cuestionario Proust aumentado y personalizado.
Me acordaba de esto mientras leía un artículo, según el cual no conocemos a nuetros padres –ni los padres a sus hijos– más allá de su rol paterno o materno y poco más. El artículo animaba a hacerles preguntas concretas a los papás, con el ánimo de abrir la conversación, y proponía veinte preguntas.
Me gustó la idea y quise ampliar el cuestionario aún más, así que escribí 110 preguntas para mi papá. Le dije que me gustaría hacerle algunas preguntas de la vida en general: “Como gustes, aquí estoy”, me contestó usando tono de oficina. La primera pregunta fue por sus mejores amigos de la infancia.
Ya había escuchado esos nombres alguna vez pero no los había retenido en la memoria. No sabía que, en los años cincuenta fueran amigos todos los vecinos de la cuadra, en la colonia del Valle, en San Pedro. Ahora lo tengo por escrito. Y contando…
Emily Wilson y la Odisea
Leí “An Uncomplicated Man”, la maravillosa reseña que publicó Emily Wilson sobre la Odisea de Christopher Nolan en el London Review. ¡Dios! Qué minuciosidad, qué conocimiento más profundo y hasta diría enciclopédico, qué manera de atar cabos y qué interrelaciones encuentra entre una obra clásica y elementos de la cultura pop. Esa reseña es una verdadera obra maestra y, como dirían en las escuelas de negocios, un caso de estudio.
Wilson es hija de una profesora y un escritor, nieta de escritores, sobrina de un historiador… en resumen: miembro de una familia ilustrada. Tradujo la Odisea, versión que no he leído y que ya se me antojó leer. Pero antes veré la película.
Por lo pronto, Wilson nos deja esta pequeña lista de otras “respuestas creativas a la Odisea que reconsideran la estructura, la narrativa y los valores del poema”:
Helena, de Eurípides
Eneida, de Virgilio
Paradise Lost, de Milton
Ulysses, de Joyce
Omeros, de Walcott
Penelopiad, de Margaret Atwood
Circe, de Madeline Miller
Odyssey, obra de teatro de Lisa Peterson
Imagen: portada del LRB del 13 agosto 2026
El documental de Djoković
Después de haber seguido a McEnroe y, sobre todo, a André Agassi. ¡Qué juegazazazo contra James Blake en 2005! Por largo tiempo el mejor juego que vi.
Luego, por razones personales, me pasaron de noche Federer y Nadal. Pero retomé el tenis hace unos años, justo a tiempo para ver los últimos años de Nole. Para mí será inolvidable la final de las Olimpiadas en París 2024.
Y en cuanto Amazon Prime publicó este documental, lo vi. Disfruté conocer mejor su vida, trasfondo y trayectoria. Y por otras razones también entender mejor el sufrimiento del pueblo serbio durante la guerra que le declaró la OTAN, consecuencia del genocidio de Radovan Karadžić (justo estaba yo en Croacia cuando lo arrestaron: lo recuerdo como un día histórico).
Después de haber visto los documentales de Federer, Nadal y Nole… ¡me quedo con Nole! Me parece el personaje más completo de los tres, el más digno de admiración desde una perspectiva humana y deportiva. Así que #teamnole.
Otra lista de libros
Me encontré esta lista de libros para creativos. Parece que el denominador común es desmitificar el acto creativo: no hace falta esperar a la musa ni nacer con talento, sino que hay que ser constantes y disciplinados en la práctica.
Elizabeth Gilbert, Big Magic — me habló de modo personal, también el podcast que lo acompaña
Austin Kleon, Steal Like An Artist — leí este pequeño bestseller y no me pareció tan revelador
Julia Cameron, The Artist’s Way — lo tengo pero no lo he leído
Rick Rubin, The Creative Act — lo mismo: lo tengo y no lo he leído
Patti Smith, Just Kids — también lo tengo, tampoco lo he leído
Twyla Tharp, The Creative Habit
Corita Kent, Learning By Heart
David DuChemin, Start Ugly
Charlie Gilkey, Start Finishing
Todd Henry, The Accidental Creative
Jessie Kwak, From Chaos To Creativity
Jeff Goins, Real Artists Don’t Starve
Steven Pressfield, The War of Art
No conozco el resto. ¿Hay alguno que podamos añadir?
Foto: Penguin
Cinco cosas buenas (vol. 18)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
Mis ayudantes electorales
Llevamos varias semanas de campaña electoral de cara a las elecciones del 13 de septiembre. Hemos sacado artículos en el periódico, puesto vayas de publicidad vial, una cuenta de Instagram, participado en eventos, regalado merch y este fin de semana depositamos en los buzones de los ciudadanos del municipio folletos. Nos dividimos la carga entre los ocho candidatos del equipo y yo, a mi vez, dividí mi parte con mi familia.
Fue una experiencia que me transportó al Tampiquito y a la Villa Montaña de mi infancia, cuando acompañaba a mis papás a votar. Su obsesión era sacar al PRI del poder. En San Pedro ya era una realidad; luego lo consiguieron en Nuevo León; y para cuando pude votar por presidente, colaboré en romper ese régimen corrupto.
Hoy les contaba esta y otras historias a mis hijos, retrotrayéndome a la Antigua Grecia para explicarles cómo surgió la democracia. Expresaron sus opiniones y luego nos pusimos a trabajar yendo de casa en casa. Cuando decidí candidatear para alcalde hace tres años y me puse a investigar, planeé que iría casa por casa para conocer a todas las familias. La tarea me hubiera llevado varios meses. Pero a falta de salud, he tenido que colaborar con el partido CDU e internamente la mayoría optó por no hacer campaña de casa en casa, excepto por lo que toca a la distribución de folletos.
Espero que los niños se acuerden de este fin de semana y deje una impronta positiva en sus convicciones políticas, que sea el punto de partida para el desarrollo de su conciencia política.
Robert en Pakistán
Mi amigo Robert Baldinger es un motero sueco que hace videos en YouTube. Lo conocí gracias a su primer video y me cayó rebién cuando, en un viaje a Turquía, se equivocó de país: quería llegar a Hungría, me parece, y en la frontera le dijeron que estaba a las puertas de Ucrania. Se tuvo que regresar.
Lo contacté cuando fui a recorrer Suecia en moto y me ofreció alojarme en su cochera. Hablamos de viajes y motos, tomamos cerveza y desde entonces estamos en contacto. A principios de año me invitó –junto con todos los suscriptores de su newsletter- a Pakistán; me hubiera encantado ir pero imposible. Él sí fue y acaba de presentar esta semana su video.
Como Robert es genial, rentó el cine local, invitó a sus amigos y parientes, y ahí lo estrenó. Luego lo subió a YouTube. Si quieres ver el Karakorum y una perspectiva de Pakistán que no aparece en los medios, échale un ojo: Lands of the Giants: Pakistan.
Seurat
Descubrí este estudio que hizo Seurat de cara a su paisaje Un dimanche après-midi à l'Île de la Grande Jatte. Lo que parece un instante dominical es, en realidad, un arduo trabajo de observación y ejecución que le llevó dos años. Aunque lo vi hace más de veinte años en Chicago, estos días me tomé diez minutos para observar cada detalle de la obra. Es hipnotizante meterle zoom para ver cada puntito del pincel y atestiguar la genialidad que se esconde detrás de esos puntos multicolores para expresar gestos, estados de ánimo, objetos animados.
Sin embargo, la imagen que realmente me cautivó fue este bosquejo con carboncillo. Un poco de gris –aquí más tenua, allá más intenso– basta para retratar a una mujer que retira la mirada y le esconde la cara al espectador. ¿Por qué? ¿Lo hace adrede? ¿Ve a sus hijos o a su amado? ¿Le da vergüenza? ¿Estará simplemente distraída? Se me ocurre plantearle tantas preguntas, y tantas más le podría presentar a Seurat.
Veo esto y pienso en que sería revolucionario que las escuelas primarias diseñen un plan de educación artística tal que, al cabo de seis años, un niño sea capaz de hacer un dibujo así de sencillo y complejo.
Imagen: Google Arts Project
Uwe Mozart
“¿Han oído hablar de Mozart"?, preguntó la maestra. “¡Sí!”, respondieron los niños de cuarto de primaria. “A ver, entonces díganme cómo se llamaba porque “Mozart” era el apellido”.
Se hizo el silencio. Los niños se miraban nerviosos unos a otros, algunos prefirieron bajar los ojos hacia el suelo o sacarlos por la ventana.
Hasta que Cósima, muy valiente, levantó la mano y dijo: “Uwe”. A la maestra le ganó la risa. A mí también y pensé qué tonta esta niña. La maestra intervino: “¿Uwe Mozart? Nooo… A ver, ¿quién sabe?”.
Más silencio. Pasaron muchos segundos incómodos –nadie sabía respondier– hasta que Cósima levantó la mano. “A ver, Cósima, ¿qué nos quieres decir?”, le preguntó la maestra. “Obviamente era una broma. Se llamaba Wolfgang Amadeus”.
Cósima nos contó esta pequeña anécdota a la hora de la comida. Para mí como si de pronto hubieran oprimido un botón y Cósima pasó de ser una niña pequeña a una niña grande, capaz de burlarse sutil pero elegantemente de sus compañeros, maestros y papás. Es una nueva experiencia y una delicia convivir con esta nueva niña grande.
Imagen: Robert Greenberg
Casa Cueva
Me importa mucho la era del modernismo en México y sus productos culturales. Una de sus figuras es Juan O’Gorman, y pensaba conocerlo ya de modo decente. Así que me sorprendió enterarme de la historia de su casa, la –al parecer famosa– Casa Cueva. La construyó utilizando una cueva rocosa del pedregal volcánico del Xitle, en Avenida San Jerónimo.
Es una pena que la haya vendido a una pareja que, a los pocos meses, la destruyó casi por completo. Podrá no gustarte pero es raro que alguien compre una casa solo para destruirla, y más siendo de un artista renombrado, y aún más si tu trabajo es dirigir los museos de la ciudad. En fin. Lo que quedan son algunas fotos coloridas de los años cincuenta que dejan ver que esa cueva era algo así como la Biblioteca Central de la UNAM pero en tercera dimensión y en proporciones domésticas. ¡Una maravilla!
Aquí está la historia que leí.
Foto: Familia Cetto
Cinco cosas buenas (vol. 17)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
Joshua Báez
Por la diferencia de horario, en Alemania me ha sido difícil mantener la afición por los deportes gringos. Sin embargo, siempre que puedo veo las jugadas importantes y las finales.
Lo que hizo ayer Joshua Báez no tiene antecedente en la historia. Ayer fue su debut en las Grandes Ligas y tuvo tres oportunidades al bat. En el primer swing: home run al centro. En las siguientes dos oportunidades: home runs a la izquierda y a la derecha. ¡Espectacular! No te pierdas el video.
Foto: NBC
London Falling
Este parece un post reciclado de la semana pasada pero no lo es. Celebro por todo lo alto este libro, que terminaré esta noche porque me quedan pocas páginas. Ha sido una lectura nocturna que me ha tenido en vela hasta las 2 de la mañana y luego me tardo un par de horas en levantarme porque no puedo soltarlo.
Es un libro audaz, inteligente, seductor. Me lleva al diccionario porque está escrito con un lenguaje culto, lo que agradezco, y me hace plantearme tantas preguntas. Es la radiografía de Londres y la historia de una pobre familia desgraciada. De pronto, Patrick Radden Keefe da más detalles de los que uno necesita, lo cual solo abona a la seriedad de su investigación periodística y hasta detectivesca.
Ojalá hubiera más periodistas así.
Coincidencias
De adolescente leí I Thought My Father Was God, una colección de historias radiofónicas que compiló Paul Auster. Son historias donde el personaje principal es el azar, la casualidad.
Me han dicho que escriba las mías porque me pasan todo el tiempo. Hoy fue una y esta es la primera que escribo en mi vida.
Cuando inscribí a Gonzalo en clases de batería, la secretaria de la escuela firmó Hernández. Como había algo que aclarar y me resultaba más fácil hacerlo por teléfono, le llamé. Resultó ser mexicana. Quedamos de vernos pero no cuajó. Hasta hoy, un año después. Vino a comer a la casa con su esposo y tres hijos. Es chilanga y no tenemos nada en común excepto vivir en pueblos cercanos.
En la conversación me contó que trabajó en México para el GIZ. S no sabía que era eso pero yo sí porque una vez en 2016 me solicitaron una traducción, con la que batallé. Le conté eso y que era la novia de un amigo quien trabajaba en el GIZ en aquella época.
Después de la comida y de ir a las motos, abro el Instagram y resulta que la novia de mi amigo del GIZ empieza a seguirme. Llevábamos más de quince años conectados por Facebook y justo una o dos horas después de haber hablado de ella, en Alemania, con “una mexicana que trabaja en la escuela de música”, se le ocurre conectar conmigo.
Algún día escribiré mis historias paulausterianas porque esta es apenas de nivel bajo. Tengo otras aún más insólitas, aunque no tan inauditas como las de ese libro.
Cazatesoros
Uno de los hobbies de S es cazar tesoros escondidos a la vista de todos. Para mí siempre fue un sueño encontrar uno pero jamás me lo había tomado en serio hasta que empecé a acompañarla en su búsqueda. Y resulta que nos complementamos bien: ella se interesa sobre todo por muebles y arte, y yo por arte y libros; pero ella es impaciente y yo muy paciente.
Hace tiempo, por ejemplo, descubrió un sofácama y dos silloncitos en excelente estado de la colección Z de Poul Jenssen. En 1stDibs piden miles de dólares por cada pieza. Después de considerar venderlos, decidimos quedárnoslos. Y a esto puedo sumarle comodas altas y bajas, sillas, mesas, lámparas, de todo. Nos gusta el estilo mid-century y es lo que buscamos.
En cuanto a mí, encontré un facsímil extraordinario de un libro alemán medieval. Lo ofrecí a un anticuario en Roma pero lo rechazó. Esta semana lo vendí por 400 euros a un reconocido profesor de historia medieval en Alemania. Ya he vendido otras obras de arte que he encontrado y actualmente tengo dos en venta: una litografía a la plancha perdida de Alfred Pohl y una litografía de Werner Petzold. Son artistas menores pero es entretenido y un entrenamiento porque algún día encontraré un gran maestro o una pieza grecolatina.
Por lo pronto, esta semana fuimos a ver una mansión: el señor murió, la señora está demente en un asilo y una de las hijas, a la que conozco, me pidió ayuda, así que fuimos. No encontramos nada de gran valor económico pero sí algunas piezas monas y muchas cosas útiles. Quizá me contrate para que le ayude a vaciar la casa, “lo está pensando y platicando con sus hermanos”.
La culpa de todo es de Julio Verne y de Salgari, porque me hicieron soñar con tesoros, y luego de Bruno Traven, que me hizo creer durante mi infancia de que había un tesoro escondido en la Sierra Madre. Ay…
Foto: obra sin título conocido de Amadeo Gabino, 1989, que tengo en el pasillo que lleva al ático
Mi amigo Cafeólogo
Jesús Salazar es un amigo que llegó a la filosofía después de una incursión en la medicina. Compartimos oficina en la Facultad de Filosofía durante un año decisivo en mi vida y durante ese tiempo nos volvimos amigos. Primero me fui yo de ahí para regresarme a Berlín y poco después se fue él a su Chiapas natal para dedicarse al café. Desde entonces se hace llamar Cafeólogo.
“El café es un centro, del que confluyen ciencia, tecnología, filosofía, arte, hostelería, ética, medio ambiente, negocios, culturas, y convergen quienes hemos decidido dedicarnos a él. nos encontramos en el mejor escenario posible“, escribió. Y con razón, pues pocos saben tanto sobre café –y desde tantas perspectivas– como él.
Sin embargo, tenemos veinte años de no vernos. Hace unos días, me llegó un WhatsApp desde Bruselas: una amiga cafetera se había encontrado con el Cafeólogo y salí en la conversación. Me mandaban saludos los dos. Y luego, hablando con otro amigo de Monterrey, fui yo quien lo sacó a colación. Total que terminé chateando con él hasta Chiapas.
Un gran reecuentro digital que espero repetir con un café de por medio. En donde sea.
Foto: Jesús Salazar Cafeólogo
Fatiga digital
Ayer, Frank Bruni puso el dedo en la llaga: “The digital age has a way of turning excitement to exhaustion, of reducing everything to content to be molded in whatever fashion a given messenger or medium desires.“
Para empezar, “creador de contenido” era una expresión técnica que saltó al lenguaje cotidiano. Pero es una expresión vacía. Cuando compras chile tajín, compras chile tajín: importan el sabor, la consistencia, el olor, la marca incluso. Pero cuando “generamos contenido digital”, ¿qué estamos vendiendo? Y cuando “consumimos contenido”, ¿qué estamos comprando?
Fue Geert Lovink el primero a quien le escuché decir hace muchos años ya en un seminario que dictó en Malta que el producto es uno mismo. En la economía de creadores, de influencers y de redes basadas en personalidades, el término “contenido” es una mentira: es la envoltura porque el verdadero contenido es el “creador”. El creador que se crea a sí mismo como producto.
“Contenido” es una generalidad porque no es lo mismo consumir chistes, historias personales o porno, así como no es lo mismo comprar zapatos, una pizza o una entrada al cine. Si diferenciamos eso en la vida real, ¿por qué no en la digital? Las redes no distinguen entre una caída, una guerra, un par de tetas y una reseña de Kant: todas se reducen a lo mismo, anzuelos que capturan nuestra atención.
Algunos estamos empezando a fatigarnos ya de “contenidos” digitales, que fundamentalmente nos cuentan en línea y sin tregua lo divertida, trágica o maravillosa que es la vida real. No solo se perdió la diferencia entre una cosa y otra, sino también entre el contenido y su envoltura, entre lo que producimos y nosotros mismos.
Foto: Gali May Lucas & Karoline Hinz, ‘Absorbed by Light’ (2019)
Cinco cosas buenas (vol. 16)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
Hans-Christian Andersen visita a los hermanos Grimm
Mi suegro llegó a casa muy entusiasmado. Quería contarme una anécdota que leyó en la autobiografía de Hans-Christian Andersen. Después de escucharlo, la revisé y me dio mucha risa.
Ya había visitado a los hermanos Grimm en una ocasión anterior pero en aquel entonces no logré entablar relación con ellos: no llevaba cartas de recomendación porque me habían dicho —y así lo creí— que, si alguien conocía mi nombre en Berlín, eran justo los hermanos Grimm. Así que fui directamente a su casa.
La criada me preguntó con cuál de los dos deseaba hablar.
—Con el que más haya escrito —respondí porque no sabía cuál de los dos se había dedicado con mayor empeño a los cuentos de hadas—.
—Jacob es el más erudito —contestó la muchacha.
—Entonces lléveme con él.
Entré en la habitación y de pronto tuve frente a mí a Jacob Grimm, con su rostro severo e inteligente.
—Vengo a verlo sin cartas de presentación —le dije— porque espero que mi nombre no le sea del todo desconocido.
—¿Y usted quién es? —me preguntó.
Le dije mi nombre.
—No recuerdo haberlo oído nunca —respondió con cierta incomodidad—. ¿Qué ha escrito?
Ahora el avergonzado era yo. Le mencioné entonces mis pequeños cuentos.
—No los conozco —dijo—. Dígame otro título. Seguramente habré oído hablar de alguna de sus obras.
Fui enumerando varios pero él siguió negando con la cabeza. Me sentí del todo desafortunado.
—¿Qué pensará usted de mí? —le dije—. Llego aquí como un completo desconocido y tengo que ponerme a enumerar mis propios libros para explicarle quién soy. ¡Usted debería conocerme! En Dinamarca se publicó una colección de cuentos populares de todos los pueblos dedicada a usted, y ahí aparece por lo menos un cuento mío.
—No —respondió con buen humor, aunque tan incómodo como yo—. Ni siquiera he leído ese libro. Pero me alegra mucho conocerlo. ¿Me permite llevarlo con mi hermano Wilhelm?
—No, muchas gracias —contesté.
En ese momento, lo único que deseaba era irme. Ya me había ido bastante mal con un solo hermano. Le estreché la mano y salí a toda prisa de la casa.
Imagen: GPT
Candidatura legal y oficial
Esta semana, el municipio publicó la lista definitiva de los candidatos a las elecciones del próximo 13 de septiembre, en las que figuro. No tengo ninguna ambición ni quiero hacer carrera política. Es un trabajo pro bono a nivel municipal.
Estoy orgulloso de ser el primer mexicano en una lista electoral en Alemania y sospecho que incluso soy el primer latino.
London Falling
En todos lados leí que es una maravilla este libro, que es un reportaje. Lo empecé a leer y de inmediato me recordó In Cold Blood. Buena prosa, misterio, muerte pero con un toque de siglo XXI: gente rica en Londres.
Apenas voy en las primeras páginas pero, si te gusta leer una buena historia bien contada, lo recomiendo, respaldado en la cantidad de reseñas positivas que he leí.
Bosques de Cleveland
Mi amiga R me envía una foto desde la terraza de su casa, en Cleveland. Resulta que tiene tres acres –poco más de una hectárea– de bosque. ¡Alucinante! En Alemania, el 43 % de los bosques son propiedad privada; en México, casi el 60 % son ejidales y el resto privados, con una cantidad ínfima de bosques públicos; y en Estados Unidos alrededor del 55 % son privados también.
Curiosamente, hace dos o tres días pensaba en esto de los bosques porque vi un bosque en venta: precio del metro cuadrado: 1.60 euros. En este caso, el dueño vendía muchas hectáreas y no estaba dispuesto a dividir la propiedad.
Otros conocidos tienen bosques en Alemania: los usan para sacar madera, para ir de cacería, para descansar, para tenerlos, quizá como inversión. Lo estuve pensando a raíz del anuncio y creo que no es algo en lo que invertiría por más que me gustaría tener uno con montaña y arroyo incluidos.
El termómetro de mi salud
Aunque esta fue una mala semana por sentir esa fatiga rara tipo PTSD, qué bien se siente tener otra vez cierta capacidad de acometer cosas y de hacer vida en familia: llevaba ya unos cuantos años sin hacer planes en familia de modo normal por pura falta de energía física para ir y venir, subir y bajar, entrar y salir. Me había limitado a sobrevivir y a convivir lo mínimo indispensable.
Esta semana nos fuimos a pasar un día a Hamburgo. Fuimos a un lugar nuevo para mí: a las playas del río Elba justo en la zona del puerto. El río tiene marea –al igual que el Támesis, según aprendí en London Falling– y fuimos en bajamar (¿bajorrío?). Esto, aunado a las sequías que castigan a Europa, hizo que la playa fuera más ancha de lo normal.
Tiene algo de encantador bañarse y asolearse en la ciudad frente a todo tipo de embarcaciones, desde vapores de paleta como los del Mississippi hasta buques de carga transatlántica.
Cinco cosas buenas (vol. 15)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
El Guernica africano
Con la edad me he asombrado más y más por el genio de Picasso. Me sirvo de cualquier oportunidad en clase para hablar de él. Pero no conocía este Guernica africano, con el que Dumile Feni denunció desde Johannesburg los abusos del apartheid y artísticamente lo emparentó con el ataque de la legión Condor nazi a Guernica. Es una obra monumental de más de dos metros de lado hecho con carboncillo y lápiz.
Por primera vez salió de Sudáfrica y está expuesto en el Reina Sofía. Me gustaría verlo.
Imagen: Museo Reina Sofía
Victor Lundy
Otro de los descubrimientos de esta semana fueron otros dibujos, también relacionados con la guerra, a saber, los de Victor Lundy, un adolescente que peleó en el frente occidental contra los nazis. Sus imágenes tienen vida propia y son los mejores que he visto de esa época. Por desgracia se perdieron muchos de los 87 cuadernos que llenó; aún así, se conservan más de 200 dibujos, que incluyen retratos, paisajes, instantáneas, que siempre transmiten el ánimo del momento.
Luego fue un arquitecto renombrado. Vale la pena ver también los diseños que dibujó. Y murió hace poco a los 103 años de edad. No resistí y compré uno de sus libros para revisarlos con calma.
Imagen: Victor Lundy
Countryside Brutalism
Jonathan Bell escribió en Wallpaper una reseña de la nueva camioneta Q9, de Audi. Al parecer, es un mamotreto de casi cinco metros y medio; y un cúmulo de lujos bochornoso. No sin ironía observó que es una preciosidad por dentro y –lo dicho– un mamotreto por fuera: “This is a segment dedicated to cars that are much better experienced from within than from without – it’s business class brutalism“.
Me cuadró lo del brutalismo porque es justo el tipo de camionetas que me gustan: cuadradas, lo menos aerodinámicas posibles, que se vea el esfuerzo que hace el motor por vencer la resistencia del aire. Y aunque no es el caso de Audi, sí lo es de Land Rover.
Así que, parafraseando a Bell, acuñé el término countryside brutalism para referirme a nuestra Kate, una Discover IV. Las líneas rectas, los escalones, las propociones acrecentadas y el uso no urbano que le damos a diario son cien por ciento rasgos brutalistas.
Maromas
La última vez que me eché una maroma en el aire fue antes de darme el estirón, es decir, a los catorce años. O sea, hace más de treinta años. Con el estirón sentí que perdí coordinación y, con ello, cofianza en mí mismo.
Hasta ahora, en que me dije que no podía ser y me lancé al agua. Las primeras tres o cuatro veces caí de espaldas –auch– pero ya había logrado quitarme de encima el temor. Ya las siguientes maromas me salieron bien.
Seguiré practicando. Hasta donde alcanzo a ver, soy el único chavorruco que se ha echado maromas en esa alberca.
Por una cochera digna
Hace tiempo que quería tener una cochera digna. Tenemos una cochera pequeña, donde cabría la camioneta pero doblando los espejos y con márgenes milimétricos para entrar y salir, por lo que se queda afuera. Ya la ampliaré.
Por lo pronto, es el lugar de las bicis y las motos. O debería serlo. Pero sucede que en la cultura alemana, cochera es sinónimo de chiquero: ahí echan todo lo que es basura y no quieren tener ni en el sótano ni en el ático –porque estos alemanes tienen ¡tres! espacios en la casa para convertir en chiquero– pero tampoco se atreven a tirar.
Tras varias conversaciones, que no negociaciones, S me permitió “hacer lo que yo quisiera” con la cochera". No esperé a que me lo dijera dos veces. Y si bien no me autorizó comprar los sofás que yo quería comprar para ya empezar, aunque no fueran los que tenía en mente, de pronto una vecina le vendió un sillón bueno y S me dejó que pasara uno de los sillones de la sala a la cochera.
No hizo falta entusiasmar a G porque él se entusiasma solo. Y hoy me pasé doce horas arreglando la cochera. Aún faltan muchos detalles pero estamos contentos con este primer paso. Será nuestra cave’s man, ya dijimos.
La casa va tomando forma: ya tenemos también un pequeño gimnasio, ya tengo mi biblioteca en los libreros, áhi la llevamos… No ha sido ni fácil ni rápido.
Es algo pequeño pero grande para mí pues hace dos años que quise tener esto en orden y simplemente no había tenido la energía para acometer lo que me parecía una tarea imposible. Señal de que ya estoy mejor.
¿Qué representa Musk el billonario?
A finales de junio –cuando empecé a escribir este post–, el patrimonio de Elon Musk estuvo valorado en más de un millón de millones de dólares, lo que lo convirtió en el único billonario del mundo. (El término inglés billionaire equivale en español a “milmillonario” y trillonaire a “billonario”.) Como es difícil imaginar un millón de millones, los medios de comunicación ofrecieron un sinnúmero de símiles para ponerlo en perspectiva: torres estratosféricas de billetes de dólares o miles de años en sueldos.
Pero la pregunta de fondo es qué dice de nosotros y del sistema semejante ultrarriqueza.
Empecemos por apagar alarmismos, pues esta no es la primera vez en la historia que un solo individuo amasa tamaña fortuna ni está claro que sea el hombre más rico de la historia. Damas y caballeros, les presento a Jakob Fugger, a quien en su época apodaban “el rico” y en la nuestra “el hombre más rico que haya jamás vivido”.
Es difícil –y acaso inútil– comparar dos fortunas con cinco siglos de diferencia. Pero sirva decir que a Fugger le debían dinero y favores todas las casas imperiales y reales de Europa, incluido el papa, y que su riqueza era el 2% del PIB del continente europeo. Fugger convenció al papa de levantar la prohibición vaticana sobre los intereses para cobrarles intereses a los soberanos, empezando por Carlos V, el emperador del imperio más vasto en la historia después de Roma.
Musk no ha alcanzado ni de lejos ese poderío: su influencia en Washington fue pequeña y pasajera. Fugger utilizó el poder político para acumular riqueza, mientras que Musk utiliza su riqueza para comprar capital político. Fugger fue uno de los arquitectos del sistema capitalista actual. Fugger fue uno de los constructores de la plataforma sobre la cual hoy se yergue Musk.
El banquero que financiaba emperadores, papas y reyes, influía en sus decisiones políticas, militares y sociales. Esta germanía entre poder económico y político resultó ser un arma de doble filo: las repetidas bancarrotas de los Habsburgo golpearon a la casa Fugger, marcando el declive de la mayor fortuna del mundo. En efecto, Fugger muestra que el sistema que lo posibilitó terminó por destruirlo, así como Saturno devoró a sus hijos.
Mi lectura es que Fugger marcó el punto de mayor poderío del sistema que lo produjo y ese mismo sistema terminó por implosionar. Acaso Musk represente también la culminación de un modelo económico, cuya sostenibilidad ya se cuestiona con seriedad.
Hoy no importa el tamaño de la riqueza de Fugger sino su legado, por lo demás ambivalente: una institución de vivienda social que sigue funcionando cinco siglos después, un capitalismo financiero que transformó Europa y una nueva relación entre el dinero y el poder político. ¿Qué dirán los historiadores sobre el legado de Musk dentro de quinientos años?
Cinco cosas buenas (vol. 14)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
¡Canicas!
Hace muchos años, mi amigo José Montelongo me dio a leer un ensayo padre de verdad sobre canicas. Deploraba con nostalgia que el juego hubiera desaparecido, lo que me hizo caer en cuenta de que, en efecto, llevaba unos veinte años sin jugar a las canicas o sin ver niños jugando a las canicas. Me transmitió su nostalgia.
La casa que nos heredaron llegó con un bote de canicas, tabú para las niñas que crecieron aquí: llevaban cuarenta años confiscadas en un bote. Pues hoy que estuvo el día lluvioso y los niños me dijeron que estaban aburridos, saqué el bote de las canicas tabú y les enseñé a jugar, aunque fuera adentro sobre la alfombra. No recordaba con exactitud los distintos juegos, nombres ni siquiera las reglas pero hice mi mejor esfuerzo. A falta de pocito usamos un papelito. Les enseñé a los niños a tirar –lo que me costó mucho trabajo no solo por la falta de práctica sino porque ya me crecieron las manos– y nos divertimos.
Quedamos de llevar las canicas al patio de la escuela, ideal para jugar, no solo por la orografía sino porque a las canicas se debe jugar en el patio de la escuela. Mientras tanto, yo ya habré releído el ensayo de José y, quizá, googleado las reglas básicas del juego.
Un nuevo motociclista
Una de las grandes desilusiones de mi vida fue nunca tener moto, a pesar de haber insistido desde kíndergarten en que quería una. Con la consigna de que “es un ataúd sobre ruedas”, jamás me compraron moto. Tuve que aprender a manejar robándome la de mi papá cuando a los catorce o quince años… ah, porque él sí tenía su moto.
Esa gran desilusión me llevó a la ilusión de comprarles motos a mis hijos. Gozo de una manera indescriptible sentarme a verlos mientras dan vueltas en su moto o irnos a dar la vuelta juntos en las motos.
La gran alegría de esta semana es que R ya aprendió a andar en moto. El año pasado se cayó en el primer intento y tuvo miedo de volverlo a intentar, miedo que se extendió todavía hasta este verano. Pero su hermano lo persuadió de que “no pasa nada” y por fin se animó. No solo eso, sino que a los cinco minutos ya estaba divirtiéndose haciendo piruetas y parándose sobre el asiento como un verdadero stunt man.
Nada me gustaría más que llegara a desarrollar el gusto por las motos y que se una al plan que tenemos G y yo de darle la vuelta al mundo en unos años, cuando tengan edad y se pueda.
Godspeed!
Este futbolito de lujo
Soy de gustos sofisticados y caros, qué le voy a hacer. S propuso que tuviéramos un futbolito de mesa y reaccioné con horror porque son objetos espantosos. Quizá estoy un poco desviado en mi juicio porque el primer futbolito que vi en mi vida en casa de mis primos era una absoluta ruina sucia, rota, apestosa, desagradable, y se me quedó la idea.
Pero esta semana vi esta belleza irlandesa construida siguiendo las líneas del diseño mid-century con madera de nogal, mármol, porterías de piel y empuñaduras de bronce. Se fabrican a mano en Irlanda bajo pedido. Se aceptan donaciones en esta casa.
Foto: Orior Furniture
El monte Olimpo
Hace unos quince años, Grecia pidió a la Unesco que reconociera al monte Olimpo como patrimonio de la humanidad, por ser la sede de Zeus y la asamblea de los dioses griegos. La respuesta llegó justo hoy, para beneplácito mío, y acorde con el estreno de la Odisea de Christopher Nolan, que no he visto.
Hace unos días caí en cuenta de que la Odisea es el libro que he leído y releído más veces. Y ahora empiezo a leerla y a entenderla desde las perspectivas que dan la adultez y la experiencia. Todo esto para decir que he estado confrontando el modo de ser griego con el modo de ser cristiano y me doy cuenta de que cada vez me alejo más del cristianismo que se me inculcó –sectario, opusdeico, sí– para volverme más griego. No hablo de religión sino de cosmovisión.
Así que me alegra en demasía la noticia, que llegó tambié muy acorde con mis perspectivas de la vida.
Foto: The Guardian
¿Duraznos? ¿En Alemania? ¡Sí hay!
Lo que escribió Tolstoi de que “Todas las familias felices se parecen pero cada familia infeliz lo es a su manera” también puede decirse de la infancia. Y si en la mía estuvo ausente la alegría de la moto, tuvo la delicia de los higos y duraznos del jardín. Cada verano me comía los higos casi solo –llegué a contar setenta en una sola sentada– y las ramas del durazno caían hasta el suelo de tan recargados de frutos que estaban. Hasta que llegó una helada y murieron, no sin que antes hubiera tenido yo el tino de sembrar el hueso de uno de los duraznos que me comí.
Desde hace dos años he querido tener árboles frutales en el jardín. Decidí que cada uno de los niños sembrara uno: un manzano, un ciruelo, un cerezo y un peral, frutas todas que se dan bien aquí. Pero se nos pasó el tiempo de la siembra, luego surgieron otras prioridades y no sembramos nada.
Pero el dueño del taller de motos me contó que tiene un durazno en el estacionamiento del taller. ¿¡Cómo!? Si esos árboles no son a prueba de frío. O al menos eso pensaba. Pues fui a asomarme y, en efecto, el arbolito está recarcago de duraznos. Corté dos, me los comí y los sembramos en el jardín. Ya encarrerados, los niños tomaron huesos de otros duraznos que habíamos comprado y los sembramos también.
Para mi sorpresa, C ya había tomado la iniciativa por cuenta propia y había sembrado cinco castaños, y las matitas ya estaban creciditas. Ya veremos cómo se van dando…
Cinco cosas buenas (vol. 13)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
La serie de Nadal
Soy un converso: nunca me interesó realmente Rafa Nadal pero después de ver la serie documental de Netflix me convertí al nadalismo. Exagero, claro, aunque sí he llegado a descubrir un personaje asombroso. No me parece que su camino sea modelo para nadie ni que haya elegido el mejor camino pero impresionan su persistencia y fortaleza.
De las series biográficas de deportistas que he visto, me parece que esta es la más humana y la que presenta el peor ejemplo de todos: jugar tenis al más alto nivel con el pie roto durante décadas es algo que nunca me imaginé. El sufrimiento como medio de realización. Más católico, imposible. Y aún así, no deja de fascinar cada sombra que proyecta Nadal con las decisiones reprobables y erróneas que, a mi jucio, tomó.
Y sin embargo, ayer fue el mejor del mundo y hoy está felizmente retirado. Otras vidas son posibles…
Imagen: Netflix
El cardán de la moto
Puesto que la moto es una bici evolucionada mediante un motor, la mayoría de las motocicletas funcionan con caja de tranmisión en el motor y una cadena (o correa dentada). Pero los ingenieros de BMW eliminaron la cadena y adoptaron el invento de Girolamo Cardano –el cardán– para reducir el mantenimiento de la transmisión.
Me preocupó ver la zona del cardán de mi moto manchada de grasa y aún más no tener ni las herramientas para acceder a la boquilla para ver el nivel de aceite. La llevé al taller temiendo haber dañado el cardán, cuya reparación suele ser costosa. Por suerte no: era un simple retén de aceite roto.
Desde ayer tengo la moto de nuevo en casa y listo para rodar un poco. Pero solo un poco porque debo cambiarle las llantas y aún no sé si volver a ponerle las Continental que me gustan o probar un modelo nuevo para meterle más al off-road. Lo voy a consultar con la almohada…
De Wordle a Spelling Bee
No soy gamer ni afecto a los videojuegos pero durante nuestra estancia en España me entretuve con Wordle. A finales del año pasado lo retomé pero terminó aburriéndome por parecerme fácil. Después de comparar los distintos juegos del New York Times, terminé por engancharme al Spelling Bee.
Lo juego hasta alcanzar el puntaje mínimo dle nivel más alto y lo dejo. Es adictivo e irregular: a veces es facilísimo encontrar las palabras, otras veces endiabladamente difícil. La única regla que me he impuesto es no usar inteligencia artificial. Como primer ayuda, acudo a las pistas del propio juego; como segunda, al diccionario. Nada más.
Es mi termómetro cognitivo: después de tres años incapacitado para leer, voy observando cómo va respondiendo el cerrebro. Esta semana, por ejemplo, ha sido mala, pues no consigo casi armar palabras con las siete letras en juego.
Imagen: New York Times
Un nuevo gym
Después de varias consideraciones, por fin decidí dónde instalar el gym que quiero tener en casa. A esta edad cobra importancia tomar decisiones para envejecer de la mejor manera posible. Y si además a uno le gusta jalar fierro, mejor todavía. El espacio es pequeño pero ideal para instalar un gym casero. Ya el tiempo dirá si lo reubico para ampliarlo.
Por lo pronto, hoy conseguí la primera piedra de esta fundación doméstica: una máquina remadora con agua. La compré de segunda mano, en excelente estado y por una ganga.
Ya tengo un saco de box pero va a ser complicada su instalación, además de unas dumbbells y algo más de equipo. Todavía me faltan algunas cosas de mi checklist pero no hay prisa. Por lo pronto, ya sé qué cómo voy a empezar ahora mis mañanas.
Château de Purnon
Una pareja australiana compró un castillo del siglo XVIII en ruinas. Desde hace tres años han estado restaurándolo y documentando cada detalle. Es fascinante ver el trabajal que han invertido en su Château de Purnon, cerca de Poitiers. Porque, además, han sabido documentar cada minucia por escrito, con fotografía y con video, de manera que ya cuentan con un libro, un canal de YouTube y cuenta en Instagram con 650 mil seguidores.
Con acumen han sabido juntar colaboradores y mecenas, patrocinadores y entusiastas. Al descubrir restos de tapices, por ejemplo, consiguieron que Farrow & Ball –nada menos– los reprodujera y pusiera a la venta.
Hay uno en particular que me atrapó de inmediato: una garza devorando una serpiente. ¿Acaso puede haber algo más apto para este mexicano de la Garza? Ya estoy pidiendo una muestra porque mi propuesta de usar tapices de Fornasetti no tuvo éxito…
Foto: Château de Purnon
Cinco cosas buenas (vol. 12)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
Wimbledon forever
De niño se me prohibió jugar tenis —aunque usted no lo crea— pero me aficioné gracias a Agassi, sobre todo, y de adolescente daba pelotazos. Ahora es mi deporte favorito y no me pierdo los Slams.
Este torneo de Wimbledon fue una gozada. El partido entre Djoković y Felix A-A fue tenis al más alto nivel. Y la final femenina me puso al borde del sillón. Me gustó que perdiera Zverev y que Sinner se quedara con el trofeo, pero se extraña a Alcaraz, el mayor showman.
Foto: Wimbledon
Esta biografía intelectual
Estoy leyendo esta biografía de los hermanos Grimm. Publicada a finales de 2025, es la primera en lengua inglesa desde hace 55 años y la primera de los últimos quince años. Curioso que se biografe a una pareja en conjunto, no a cada sujeto por su cuenta.
Y aunque apenas voy al inicio, ya me enganché porque no es una biografía típica sino más bien intelectual. He aprendido ya de historia alemana y de la Reforma, por no decir sobre los biografiados. Una lectura muy recomendable.
Nuevas geografías del alma
Estoy en una playa del Mar del Norte poco antes de llegar a Dinamarca. Si pudiera ver tierra detrás del horizonte, vería las playas cercanas a York, en Inglaterra.
La geografía es muy otra a la de nuestras playas: dunas extensas en parte cubiertas de pastos, playas de casi un kilómetro de anchura con un declive bajísimo.
El año pasado también vinimos pero yo me sentía tan mal que casi no salí del depa. Esta vez, en cambio, soy otro: he bajado a la playa todos los días, he trotado mis kilometritos sobre la arena y dado recorridos en bici. Siento que estoy ya en la última etapa de mi largo proceso de recuperación…
American History X treinta años después
Vi American History X. ¡Qué diferente lectura a la de cuando salió en 1998! No era consciente de que ya entonces hubiera cuotas de integración de minorías y, mucho menos, que ya hubiera oposición. Los diálogos parecen de hoy. Spooky!
Es una gran película con una actualidad que pone los pelos de punta, sobre todo porque su happy end se antoja cien por ciento ficticio e inviable en nuestra sociedad casi treinta años después.
Foto: American History X
Expos en línea
Dado que vivo en un pueblo rascuache, mi única posibilidad de ver exposiciones es en línea. Pues sucede que los alemanes han desarrollado el raro arte de montar exposiciones en internet. Vi una buena en serio sobre los monumentos men, el equipo de soldados encargados de recuperar el patrimonio cultural que los nazis robaron a todo lo largo y ancho de Europa. George Clooney dirigió una película basada en ellos. Aprendí que su trabajo fue la primera ocasión en la historia en que los vencedores no expolian el arte y los artefactos arqueológicos y culturales del país vencido, lo cual dio pie a la creación de la Unesco.
Luego vi otra expo sobre libros en la biblioteca central de la Universidad Humboldt de Berlín. Si bien es estudiantil, con las limitantes que ello implica, hay historias preciosas sobre algunos libros del acervo.
Sin duda recomiendo estar al tanto de las exposiciones interneteras que ofrecen las distintas instituciones culturales alemanas.
Foto: Lili Csóti
Cinco cosas buenas (vol. 11)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
“Me ha ayudado mucho en la vida”
Durante los últimos cuatro meses de 2024 di clases en un Gymnasium, el equivalente alemán de la secundaria y la prepa, solo que aquí comienza en quinto grado. Nunca había dado clase debajo de prepa hasta esta ocasión. Aprendí que no es lo mío.
Es de un alumno muy inteligente, consciente de que es listo y acostumbrado a sentirse superior a sus maestros. No fue fácil que nos entendiéramos pero lo conseguimos. Pasado año y medio, me llegó este mensaje que me hizo sentir orgulloso del esfuerzo que puse: “¿Se acuerda de mí? Gracias por su clase, que me ha ayudado mucho en la vida”.
Paraísos perdidos
Leí, releí, imprimí, subrayé y guardé un artículo fenomenal de The Atlantic sobre Darwin. Resulta que odiaba navegar porque se mareaba mucho pero su obsesión por verlo todo era más grande.
Darwin tuvo dos paraísos: El paraíso perdido de Milton, que lo acompañó a las Galápagos, el archipiélago que fue su segundo paraíso. No tuvo una visión beatífica en las islas; tan solo estuvo cinco semanas, tiempo suficiente para observar y anotar lo que necesitaba para desarrollar en su escritorio, a lo largo de los siguientes veinte años, su teoría de la evolución. No fue la primera que se propuso pero sí la más robusta, la que logró convencer a la comunidad científica.
El escándalo de Darwin no fue tanto decir que “descendemos de los monos” –de niño, mi papá despachó esas tonterías– sino el destronamiento del ser humano, que pasó de ser la criatura preferida del Creador, quien la había situado en un rango superior –tal como me dijo mi papá–, a uno más entre los mamíferos.
Una de las ideas más sugerentes del artículo es: You are what you pay attention to. En efecto, aquello a lo que le prestamos atención termina moldeando nuestra manera de pensar, sensibilidad y carácter. La vida, en definitiva. Lo puedo confirmar: desde ese lejano día en casa comencé a prestarle más atención a la teoría de la evolución que a aquello que repetí miles de veces al rezar el Credo niceno-constantinopolitano. Sin que lo imagináramos, mi papá sembró con ese comentario dogmático la semilla de la curiosidad y la duda, que a la postre me contribuirían a salvarme del Opus Dei.
Foto: Will Matsuda
Train Dreams
Me gustó tanto ver Train Dreams en Netflix, que busqué la novela. Es una novela diminuta que se lee en dos horas. Conmueve por su sencillez, asombra por condensar toda una vida y deslumbra por su lenguaje.
Una de sus más notables cualidades es el manejo del tiempo y del ritmo: Denis Johnson va y viene de una a otra década, de un año a otro, sin que sintamos el salto brusco en el calendario.
¡Y la revelación! No diré más porque toda novela guarda una, excepto que hoy leí esta pequeña obra maestra.
Un problemón de 4 €
El verano pasado me pareció fácil guardar el protector para el sol debajo del asiento abatible de Kate, nuestra camioneta. Lo hice muchas veces. Era el mejor sitio perfecto para tenerlo a la mano sin que estorbara.
Cuándo me iba a imaginar que quedaría prensado en el mecanismo que levanta el asiento. Durante un año no pudimos desatorarlo. Varias veces intenté repararlo: pasé horas viendo videos, leyendo recomendaciones en foros y encaramado en la cajuela de la camioneta. El asiento me derrotó.
La recomendación de internet era siempre la misma: violencia pura para romper el asiento y reemplazarlo por uno nuevo. Pero yo me resistía. Mi mecánico tampoco supo cómo resolverlo. ¡Todo un año de problemas por un pedazo de basura de 4 euros! Prefiero no decir cuánto te cobran en la agecia por instalar un asiento nuevo, en caso de que aún tengan la refacción.
Pero no hay nada que nuestro amigo Torge –mecánico por hobby– no pueda resolver cuando se trata de Land Rover: su pasión es inigualable y conoce estas camionetas al milímetro. Torge resolvió el problema en cosa de dos horas: metió una sonda con una cámara y se las ingenió para liberar el mecanismo a distancia con una herramienta de inverosímil ingenio. Fue una endoscopia.
Después de un año difícil, nuestra Kate ya está otra vez como nueva.
Cumpleaños 250 de Estados Unidos
Después de la democracia de la antigua Grecia, pienso que Estados Unidos ha sido el experimento político más asombroso de la historia (el tercero es la Unión Europea).
Sobre la base de que all men are created equal, los fundadores concibieron una nación no definida por la sangre, la lengua o la etnia, sino por unos principios comunes. Por eso, cualquier persona de cualquier lugar del mundo puede aspirar a convertirse en estadounidense.
Sí, los tiempos actuales son aciagos; los abusos e injusticias, innúmeros; acaso la pax americana sea cosa del pasado. Lo sé y lo pongo en la balanza. Pero aún así, como esfuerzo de igualdad de oportunidades, atraer talento de todos lados y ofrecer la posibilidad de prosperar, ¿qué otra organización política ha llegado tan lejos o influido tanto en la vida de tanta gente?
Happy birthday, USA!
Cinco cosas buenas (vol. 10)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
¡Décimo aniversario!
En mi cumpleaños del 2016, mientras vivíamos en México y celebrábamos en Puerto Escondido, le dije a S que quería vivir con ella por tiempo indefinido y formar una familia. Esa misma noche, aún sentados en la playa, tomamos cuatro decisiones: matching tattoos, hacer un viaje en coche por la costa occidental de Estados Unidos, empezar nuestra familia cuanto antes y que los niños crecieran en Alemania.
Como somos resolutivos, nos levantamos y convencimos al tatuador de que pospusiera su cena y nos tatuara. Regresamos al DF, organizamos nuestro roadtrip y en Portland nos enteramos de que S estaba embarazada.
Después abordamos el avión de Lufthansa que nos llevó a Berlín. Llegamos el 28 de junio por la tarde. Como S había subarrendado, caímos en el depa desocupado de una amiga suya en Prenzlauer Berg. Dejé las maletas y salí a toda prisa de la casa: necesitaba reencontrarme con Berlín, la ciudad que me había deshecho para poderme rehacer, y con el barrio de PB, que me había dado y quitado tanto. Junto a la puerta reparé en un huacal lleno de libros para regalar. Uno captó mi atención: The Pregnancy Book for Men: From Dude to Dad in 40 Short Weeks.
Me reuní con alguien que en esa época consideraba mi amigo, tomamos cervezas y cenamos. La tarde parecía resistirse a que nos cayera encima la noche.
Diez meses después de aquella noche de tatuajes en Puerto Escondido nació C. Pasado un tiempo, había dejado de ser dude y me había convertido en papá, decidí que Berlín ya no era el lugar idóneo para vivir. Tras un intento infructuoso por llevar a la familia a España, nos reestablecimos en el campo en lo que se llama aquí la Lüneburger Heide, algo así como el “valle florido de Lüneburg”.
Han sido diez años de nostalgias por mi antigua vida de dude, de alegrías y esperanzas, de sueños rotos por no habernos establecido en Tarifa, de retos interminables, diarios y pedestres por vivir con cuatro niños y de romperme en mil pedazos para volverme a pegar pero no con kolaloka ni resistol sino con kintsugi porque descubrí a una persona que hizo exactamente eso conmigo: S, una mujer de 24 quilates.
Tres años de Cz
Nuestra Cz cumplió tres años. Lleva tres días poniéndole tres dedos en la cara a quien ose cruzársele en el camino. ¡Tres! In your face!
Para mí, tres años no son nada; para ella, toda una vida. Nació cuando apenas empezábamos a dejar atrás la pandemia, que hoy ya queremos que sea lejana. En el ínter aprendió a cantar, a andar en patín del diablo y también –hija de tigre: pintita– a imponerse cuando algo no le parece.
¿Pandemias? ¿Mundial? No sabe que hubo un tiempo en que no podíamos acercarnos ni abrazarnos, tampoco que el mundo se paraliza cada cuatro años por una pelota de futbol. Son cosas de mi memoria, no de la suya. Para ella, el mundo simplemente ha sido así desde siempre. Quizá en eso se nos vaya el tener hijos: en heredarles como normal un mundo que uno todavía recuerda como extraordinario.
¡Cz, que cumplas tres años treinta veces más!
Calorón
El tema en Europa es el calorón. No es que haya llegado una oleada de calor, es que tenemos un domo de calor sobre Europa que nos está cocinando. En el continente más avanzado del mundo no estamos preparados a pesar de que llevamos treinta años escuchando sobre cambio climático y calentamiento global. Excepto los negocios de lujo y los hoteles, es difícil encontrar establecimientos con aire acondicionado.
Crecí en Monterrey –tengo claro el día en que estuvimos 48º–, así que el calor me recuerda de dónde vengo. Pero uno se medio desacostumbra, así como también uno se medio acostumbra al frío, que me recuerda dónde vivo. Como sea, para mí el sol y el calor son una buena noticia y más llevaderos que el frío y la oscuridad invernal. Estoy contento con estos calorones., aunque ya vi qué medidas voy a tomar para equipar la casa para que nos hagan los mandados, como en Monterrey.
Imagen: BILD
Otros mundos para explorar
Vi el documental de Alex Honnold explorando Groenlandia. Me dio un poco de sentimiento porque yo soñaba con ser explorador de NatGeo: “Dr. Livingstone, I presume?” fue uno de los horizontes de mi vida. Quería ser un nuevo Dr. Livingstone al que tuvieran que ir a buscar porque se la estaba pasando muy bien en sus aventuras de explorador.
Pero la vida me tomó por el otro brazo: no tuve la guía necesaria para emprender ese camino del Dr. David Livingstone pero sí el otro: fue un fanático religioso así como yo también dediqué años importantes de mi vida al Opus Dei.
Conecto estos sueños y recuerdos con un reel que me envió mi amiga Karen sobre romper círculos. Fue lo primero que vi esta mañana al despertar y me dejó muy contento, muy orgulloso de mí mismo: lo mío no fue explorar Groenlandia ni el lago Victoria. Me tocó cartografiar ese otro territorio menos visible del pasado –personal y familiar– para romper ciertas cadenas traumáticas y dejarles a mis hijos un mundo –al menos interior– mejor. No encontré el nacimiento del río Nilo ni escalé murallas de granito en Groenlandia pero ha sido una buena expedición encontrar y desanudar el origen de ciertos dolores.
Imagen: NatGeo
Habemus prologum!
Ayer terminé de escribir el prólogo para el libro de los cuentos completos de los hermanos Grimm. En realidad ya había escrito buena parte dos años atrás. Ahora solo me limité a corregir esas páginas y a escribir unas cuantas más para que entonces no había sabido formular.
¡Estoy muy contento con el resultado! Esta noche le daré una nueva leída y enviaré a la editorial. Siguiente paso: revisar los cuentos del segundo tomo con un ojo mientras con el otro empiezo a leer la biografía de los Grimm que publicó hace unos meses Ann Schmiesing: la tenía desde hace varias semanas sobre el escritorio, la consulté para escribir el prólogo y me encantó cómo está armada y contada.
Al igual que hace unos años, los Grimm vuelven a estar en el centro de mi agenda y de mi cabeza. No se me ocurre mejor compañía para este verano.
¿Por qué necesitamos todavía a Odiseo?
Siglo XXI, tiempos primigenios de la inteligencia artificial y… Christopher Nolan está por sacar una película sobre la Odisea. ¿Por qué le importa volver a Odiseo en plena revolución de la inteligencia artificial? ¿Acaso piensa que un poema de hace unos tres mil años puede decirnos todavía algo?
En el siglo VIII a.C., Homero fijó por escrito las aventuras por las que atravesó Odiseo en su vuelta a casa después de la guerra de Troya. La Odisea es la historia de un hombre que tan solo anhela volver a casa con su esposa e hijo. Si la Ilíada presenta la heroicidad de los héroes militares, la Odisea muestra que el regreso al hogar –el regreso a uno mismo– puede tener dimensiones heroicas.
En la tradición épica griega predominaban las hazañas militares. Y si bien Odiseo urdió el engaño del caballo de Troya y si bien supo burlar todas las dificultades –divinas, humanas y naturales– con las que tropezó en los diez años que duró su vuelta a Ítaca, Ernesto de la Peña observa que su ambición es sencillamente humana. Por eso llama a Odiseo “el primer hombre de Occidente”.
Iré un paso más allá al señalar que, además, es el primer hombre en términos literarios. Con la Odisea comienza una de las grandes intuiciones de la literatura occidental: el viaje interior del personaje es el que más nos importa.
Sí, Odiseo se desplaza por las geografías mediterráneas pero lo que importa es su viaje interior. Tras siete años de secuestro en la isla de Ogigia, rechaza a Calipso, quien le ofrece una vida inmortal junto con ella, ninfa de encumbrada belleza. Odiseo opta por una vida mortal junto a su amada Penélope, aunque le confiese: “sé muy bien que la prudente Penélope es menos hermosa que tú”. En Ogigia, Odiseo no vence monstruos sino la tentación existencial de la inmortalidad porque entiende que una vida sin memoria, sin hogar y, sobre todo, sin sus seres queridos deja de ser una vida verdaderamente humana.
Odiseo también sabe desconfiar de sí mismo cuando se hace atar al mástil de la embarcación como medida de prudencia para escuchar el canto de las sirenas sin sucumbir a él.
Tal como entiendo a Odiseo gracias a Ernesto de la Peña, es heroico quien elige una vida mortal habitando este mundo imperfecto con los suyos por puro amor. No quien crea inteligencias artificiales, persigue la inmortalidad tecnológica o la conquista de otros mundos. En tiempos de la inteligencia artificial debemos recordar quiénes somos para no perdernos. De la Peña nos recuerda cómo comenzamos a ser, cuál es el viaje interior que importa de verdad, en qué se nos va realmente la humanidad.
La Odisea nos ofrece una forma de entender qué merecemos desear. Lo demás son cantos de sirenas y seducciones de ninfas mitológicas. Quizá por eso Nolan vuelve a Homero.
Imagen: Still de Odisea, de Ch. Nolan
Cinco cosas buenas (vol. 9)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
Concluí mi nuevo tratamiento
Estuve en un tratamiento de seis semanas que me cayó muy bien. En el hospital conocí a varios sobrevivientes de accidentes de moto; a gente rota por el suicidio de un familiar; y a otras muchas atrapadas por el cáncer.
Yo estoy concentrado en recuperarme y siento que avancé. Me recomendaron el programa de rehabilitación STAIR, pionero en Alemania, para estrés postraumático complejo. Le eché un ojo y se ve genial. Por primera vez sentí auténticas ganas de este nuevo paso: siento que ya no estoy sobreviviendo sino reconstruyendo con nuevas perspectiva.
Terminé de leer este libro
Mi amiga Julieta me regaló este libro, que fue mi gran compañero durante las seis semanas de tratamiento. Son ensayos sobre la Odisea. No solo me ha abierto perspectivas insospechadas para entenderla mejor sino también me enseñó a leer en registro literario.
Ernesto de la Peña sugiere que Odiseo es el primer hombre de Occidente porque no busca conquistar Troya –”el mundo”– sino recuperar su hogar, a Penélope y a su hijo después de la guerra. Los libros nos eligen y este sin duda me encontró en el momento adecuado. Después de todo, llevo dos años intentando lo mismo que Odiseo: regresar.
Mi vuelta a casa
Durante los últimos dos años, mis hijos han salido muchas veces a explorar el mundo o a jugar sin mí. No he estado en condiciones de acompañarlos, mucho menos de guiarlos.
Eso empieza a cambiar. Aunque todavía no estoy al cien, ya empiezo a pasar más tiempo libre con ellos: en semana santa fuimos juntos al bosque por musgo; la semana pasada hice un recorrido en bici bajo la lluvia a través de campos y bosques con los cuatro; hoy los llevé a un torneo de equitación en medio de un bosque precioso.
No puedo estar más contento de cómo hemos superado las dificultades de esta temporada: para ellos, adaptarse; para S, llevar la casa y la familia ella sola; para mí, emprender el lento y largo camino de regreso a la normalidad.
Mi primer tallado en piedra
Una de las terapias que recibí las últimas semanas en la clínica fue de arte. Pasé horas y horas con una roca en las manos y, previsiblemente, establecí una pequeña relación con ella. Donde antes veía una simple roca sin más, con el paso del tiempo me di cuenta de su estructura, de sus puntos más vulnerables y más hermosos, de sus vetas minerales y filamentos casi cárnicos, de ciertas transparencias, del grado de dureza según la escala de Mohs…
Parecería fácil tallar un cubo pero es trabajo mayor sacar una figura geométrica de un objeto natural, irregular y orgánico. Para empezar, la primera piedra que tomé no soportó los cortes rectos y se me resquebrajó en las manos.
Durante el proceso recordé los cubos de madera con letras coloridas que tenía de bebé. Y siendo una familia de seis, me pareció natural punzar nuestras iniciales. Me gusta la idea de vernos grabados en piedra. Ahora intentaré rellenarlas con polvo de oro para que brillen por sí mismas.
Dos cumplidos
De improviso, dos hombres me hicieron dos cumplidos en la clínica: un enfermero, a mitad de pasillo, por una camiseta que le pareció cool; un administrador, en el estacionamiento, por mi camioneta. ¿Cumplidos de un hombre a otro hombre? ¿En Alemania? Es raro que me suceda.
La camiseta dice “Less feelings, more tacos”. No es la primera vez que me la chulean. Y lo que más me alegra es el hecho de que los alemanes ya sepan lo que son los tacos, y que lo valoren, porque cuando llegué a estas tierras nadie los conocía.
Hace unos años decidimos que queríamos una Discovery 4 como coche familiar y estilo de vida. Es el coche con el que crecen nuestros hijos y en el que acumulamos recuerdos: bosques, 4×4, picnics en la cajuela. Todos recordamos el coche de la infancia y espero que ellos también se acuerden siempre de nuestra querida Kate.
Los cumplidos me alegraron el día porque sentí cómo se han acercado México y Alemania, y porque lo percibí como un reconocimiento a la vida que he ido construyendo aquí.
Cinco cosas buenas (vol. 8)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
Las lecturas de Macron
¿Qué fue de los gobernantes lectores? Aunque el video no es reciente, descubrí un video de Macron hablando de literatura a propósito de una pregunta que le hizo un estudiante.
Tenemos a Macron hablando sobre Stendhal y Dumas como lecturas formativas a nivel personal y político, así como los antihéroes de Flaubert. Deja entrever que se identifica con Frédéric Moreau, personaje de La educación sentimental, porque presencia una revolución y se da cuenta de que no será parte de ella. Macron habla de forma espontánea sobre literatura no como un adorno cultural sino como algo que forma parte de su imaginación política. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a un político identificarse o compararse con un antihéroe? Creo que fue en un episodio de los Simpsons…
Imagen: captura de pantalla de YouTube
Un concepto urgente
Ahora que la fortuna de Musk está valuada en más de un trillón de dólares quería escribir algo al respecto pero tendrá que ser la semana pasada. Con todo, quiero adelantar el concepto de limitarismo, acuñado por la filósofa Ingrid Robeyns. Porque viva la libertad, sí, pero también es llamativo que una sola persona amase tanta fortuna: señal de que el sistema es disfuncional.
Sería útil comparar la riqueza y las proezas de Musk con las de Jacob Fugger, hasta hace unos pocos “el hombre más rico que haya vivido jamás”. ¿Musk lo superó ya? Sea como sea, el concepto de limitarismo me sacó una sonrisa porque era algo que ya venía pensando por lo menos desde que Walter Isaacson publicó la biografía de Musk pero no sabía que ya tuviera nombre.
Ilustraciones sagaces
Descubrí las ilustraciones de John Holcroft que son más que ilustraciones: son críticas mordacez e inteligentes a nuestra sociedad actual. Qué difícil es escribir y describir un problema y un punto de vista personal. Tanto más difícil se me antoja comprimir todo eso en una imagen que trascienda lenguas y cualquier vidente pueda entender porque las imágenes, como la música, son lenguajes universales. Viene a cuento esta, a propósito del Mundial que estamos atestiguando.
Imagen: John Holcroft
Hermanos Grimm: 1 de 3
No me preguntes cómo porque no lo sé pero conseguí revisar el primer tomo –de tres– de los cuentos de los hermanos Grimm que saldrán publicados a finales de año en Monterrey. Hasta donde sé, será la primera edición completa e ilustrada en español. Son más de doscientos cuentos, son más de cien ilustraciones, son unas ochocientas páginas. Y me tiene muy feliz el trabajo del equipo de la editorial universitaria de la UANL y, sobre todo, que he sacado fuerzas de flaqueza para dedicarle tiempo y energía a los cuentos. Seguimos trabajando en esto…
Y como murió David Hockney, recordaba las ilustraciones que hizo de seis de los cuentos, una obra poco conocida. Me contó el también ya fallecido fundador del museo de los hermanos Grimm en Steinau que Hockney fue de incógnito al museo.
Un bosque nuevo
Hoy fuimos a andar en bici y descubrimos un bosque nuevo. Es de los más bonitos que hay por aquí, perfectamente alfombrado con musgo. Para nuestra sorpresa, había dos pares de ojos viéndonos. C pensó que era una escultura y siguió adelante. Los niños no vieron nada. Era una delicada venadita con su cervatillo del tamaño de un poodle. Me detuve y continuaron mirándome sin parpadear. Les grité a mis hijos que se detuvieran y que vinieran sin correr ni gritar para que vieran a tan singular pareja. Pudieron verlos pero se nos escaparon pronto dando brincos por el bosque.
Es un gozo tener estos contactos tan cercanos con la naturaleza, respirar aire fresco y dejar que los ojos descansen en el verdor de la espesura.
¿Pueden coexistir el Mundial de futbol y la guerra?
Trump, el candidato que prometió paz, acoge el Mundial de futbol mientras bombardea Irán. No parece tener precedentes, pues ni la Alemania nazi se atrevió a atacar a ningún país durante los Juegos Olímpicos de Berlín y mucho menos Rusia se atrevió a guerrear a nadie en 2018, el año de su Mundial. Tanto más indigna nuestro termostato moral que Estados Unidos –sede principal del Mundial– sostenga una guerra contra Irán, uno de los países competidores.
Nos gustaría que el deporte pudiera sustituir la guerra. Los propios Juegos Olímpicos modernos nacieron con esa esperanza y Jules Rimet creó el Mundial de futbol a su imagen y semejanza.
Pero la historia no ha sido así. Es un mito que las guerras se suspendieran durante los Juegos Olímpicos de la antigüedad. En aquella época tan solo se prometía una paz mínima para proteger el santuario sede, para que los atletas pudieran participar y para que los visitantes pudieran llegar sanos y salgos a Olimpia. Y esa promesa se quebró en más de una ocasión, como en 420 a.C., y en consecuencia los espartanos quedaron excluidos de los juegos.
Sería preferible, más humano y más civilizatorio que las naciones resolvieran sus conflictos en un encuentro deportivo y no en el campo de batalla. Pero así no funcionan el poder ni la política continuada por otros medios. No parece que la naturaleza humana haya sido capaz todavía de hacer ese traslado.
Pero del fenómeno inverso sí tenemos antecedentes: los combatientes británicos y alemanes se dieron una tregua para celebrar la Navidad de 1914 y enterrar a sus muertos. Alguien sacó un balón y se improvisaron partidos de futbol entre las trincheras flamencas. Durante tres días, los juegos de la Tregua de Navidad pausaron la Gran Guerra, permitiendo un momento de humanidad deportiva.
La historia conoce guerras interrumpidas para jugar al futbol pero no competencias deportivas capaces de detener una guerra.
Imagen: GPT
¿Qué haría Odiseo ante las sirenas de la inteligencia artificial?
Las sirenas de la Odisea eran mujeres aviarias cerca de las cuales debía navegar Odiseo. Tenían una voz hermosa y prometían contar todas las verdades de la guerra de Troya. El precio era la seducción, que traía consigo la muerte. Prescindir de su canto era perderse de lo más hermoso de la vida. Odiseo se ve en un aprieto: quiere las dos cosas. Como es sagaz, pide que lo aten al mástil de la embarcación y ordena que lo aprieten más cada vez que solicite que lo suelten.
Es muy griego este tipo de dilemas trágicos, donde las dos posibilidades desembocan en pérdida. Pero Odiseo encuentra una solución genial previendo su propia flaqueza.
Las sirenas de hoy son las inteligencias artificiales, que nos seducen y prometen amasar todo el conocimiento posible. Dejarnos arrastrar tendría consecuencias inimaginables (¿dejaríamos de ser sapiens si externalizamos la inteligencia así como cedimos la memoria a la escritura y otros artefactos?). Destruirlas se antoja imposible, pues ya pasamos el punto de no retorno. Temamos nuestra propia flaqueza y atémonos al mástil más próximo.
Pero, ¿con qué cuerdas? ¿Qué cederemos a las IA: el aprendizaje de lenguas extranjeras, las operaciones matemáticas, la capacidad silogística, las decisiones militares, los diagnósticos médicos…? ¿Qué?
Homero no nos cuenta cuáles son aquellas verdades sobre Troya que cantan las sirenas. No es relevante. Porque la Odisea –como la vida– no consiste en conocer secretos ni en saberlo todo sino en seguir navegando sorteando todo tipo de dificultades rumbo al hogar. La Odisea sugiere que la vida no va de saberlo o poderlo todo –nuestra perdición– sino de seguir avante en busca del hogar, en retornar a la querencia y la familia, a lo que amamos y nos llena el corazón.
Con todo, tenemos una diferencia crucial con Homero: las sirenas tienen vida propia, mientras las IA son nuestros artificios. Ya no se trata de peligros externos sino que, en última instancia, somos responsables de ellos. ¿Qué ocurre cuando el ser humano desarrolla el conocimiento técnico suficiente para crear sus propias sirenas? Los griegos no imaginaron la IA pero sí el carácter trágico de nuestra capacidad de crear más poder del que sabemos manejar. La técnica va mucho más deprisa que la prudencia.
¿Distraerse es una falta moral?
Hoy aprendí que el cerebro tiene un modo llamado red neuronal predeterminada, que se activa cuando dejas de poner atención al exterior. Es responsable de que se nos atraviesen pensamientos espontáneos e involuntarios. Es imposible detener este proceso por ser una actividad cerebral basal. Lo cual me lleva a esa frase de Santa Teresa de Ávila: “La imaginación es la loca de la casa”. Sucede que Teresa era una mística, no una neurocientífica.
Durante mis años en la secta del Opus Dei se me enseñó que había que orar, rezar, hablar con Dios a diario. Pasábamos unas dos horas rezando en el oratorio o con los demás de la residencia. Y como casi siempre estaba uno en silencio ocupado consigo mismo, con Dios, con los propios pensamientos, se activaba la red neuronal por defecto y empezaban las distracciones.
En el Opus, distraerse en la oración equivale a dejarse llevar por la loca de la casa, a no rezar bien. No lo consideran pecado pero sí una falta que confesábamos y reportábamos. Durante doce años confesé y rendí cuentas –casi semanalmente– de haberme distraído en la oración. No es que estuviera pensando en rosarios metidos en el calzón de una mujer, era cualquier ocurrencia involuntaria del momento: el rutilar de los candelabros, un olvido repentinamente recordado, algún pendiente…
Le decía hoy a la terapeuta que, aunque ya pasaron veinte años de mi salida de esa secta y lo había venido notando el último año desde que empecé a meditar, apenas hoy cobro plena conciencia de cómo me hacían sentir culpable, me hacían creer que era un “no tan buen cristiano”, no tan buen numerario, una coladera que dejaba que se fuera en vano la gracia que Dios arrojaba sobre mí. Estoy en shock.
Imagínate a un adolescente de trece o quince años al que le dicen: “Debes hablar con Dios”. Él lo intenta y, en lugar de celebrarlo, se le hace ver que lo puede hacer mejor, que no está bien dejarse llevar por recuerdos, canciones, deseos, preocupaciones que aparecieron como nubes en el cielo de la mente. Él concluye que no está rezando bien, se confiesa ante el sacerdote, lo cuenta en la dirección espiritual, lo vuelve a intentar, y así durante años…
Qué tan perverso debes ser para moralizar (¡hípermoralizar!) una función natural del cuerpo y una actividad mental normal. Convirtieron una experiencia humana universal en un motivo perenne de culpa. Así opera la secta: utilizan esas distracciones como prueba constante de tu insuficiencia espiritual.
Foto: wppixxieww