Cinco cosas buenas (vol. 1)

Los domingos voy a recoger cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

Colores de Suecia

Mi amiga Nieves dejó hace varios años la vida y la movida madrileñas para mudarse a un pueblo en el corazón de Suecia. Trabaja ahí como arquitecta. Y como la vida rural se lleva a otro ritmo en Escandinavia al de las grandes ciudades, ha tenido tiempo para explorar su lado artístico: empezó a tocar la flauta, después a tejer y pinta desde hace cosa de un año.

Me encanta el lenguaje visual de su obra abstracta. Pinta al óleo sobre papel con textura de lienzo. Y esta semana me regaló esta obra, que tanto me gustó cuando la vi en su Instagram. ¡Gracias, Nieves!

Veo un paisaje extendido en el tiempo: la textura del fondo recibió primero los tonos oscuros, que luego dieron paso a otras tonalidades. Pero son los estallidos de verde y las interrupciones amarillas las que me atraparon la mirada. Me podría poner a meditar observando cada detalle durante horas sin parar. Y me quedo pensando cuánto verdor tan equilibrado cabe en 50 centímetros cuadrados.

 

Lloyd Alter in da house

Hoy vino a comer a casa mi amigo Lloyd Alter, arquitecto, profesor de arquitectura y periodista de Toronto. Fue el editor fundador de TreeHugger. Hoy escribe sobre todo en Upfront Carbon y es uno de los grandes expertos en hábitat pasivo.

Mañana estará en Berlín para dictar una conferencia sobre su propuesta principal: la frugalidad como estilo de vida y como estrategia para regular y adaptarnos al cambio climático. Si no sabes cuánto carbono se esconde detrás de una hamburguesa, una familia o un edificio, tienes que leer su libro.

Nos sentamos en el jardín a hablar sobre temas de ecología. Por ejemplo, sobre cómo las redes de calor urbanas que funcionan con etanol, como la que quieren instalar en mi comunidad, en realidad son un gran subsidio para los agricultores. Después de escuchar sus argumentos, me quedó claro que es una hoja de higuera porque no parece un sistema más ecológico que la calefacción casera.

Siempre es un gusto reunirse con y escuchar a expertos apasionados en lo que hacen.

 

División de la Iglesia y el Estado in extremis

En septiembre de 1944, un bombardero cayó al mar cerca de la isla japonesa de Chichijima. Los japoneses no solo aprehendieron a la tripulación, sino que también los torturaron, asesinaron y hasta se los comieron al más puro estilo caníbal. Solo logró escapar el piloto, un veinteañero de nombre George Bush, a quien rescató un submarino estadunidense.

Muchas décadas después, en el contexto de su campaña presidencial, le preguntaron sobre qué cosas había pensado durante las horas que permaneció en alta mar, Bush respondió:

“I thought about Mother and Dad and the strength I got from them — and God and faith, and the separation of Church and State”.

 

Cuatro empleos para ganar madera

Leyendo Train Dreams, aprendí cómo era la industria maderera hace cien años: el sawyer derribaba el árbol; el limber retiraba las ramas hasta dejar el tronco despejado; el bucker lo cortaba en trozos manejables de seis metros; y el choker los subía y fijaba al camión que llevaba la carga al aserradero.

Nunca había pensado en la subdivisión de los empleos forestales. Pero, ¿y eso cómo se traduce al español?

La tradición forestal anglosajona ha sido diferente a la nuestra, así que no todos tienen equivalentes –dicho de otra manera más cruda, aquí los leñadores eran multiusos–, además de que hoy todo se hace con maquinaria pesada. Pero, eso sí: las máquins conservan los nombres originales en inglés o se han adaptado, como leñador o motosierrista, desramador, tronzero y el enganchador o estrobero, además de grúas y otras más.

 

Centenario de calidad

Vendí un centenario de oro en una operación surrealista y divertida. El comprador dudaba mucho de la autenticidad de la pieza, a pesar de que todos los valores estaban en orden y la factura, tan solo prque su aparato le marcaba un valor magnético positivo (el oro es diamagético, es decir, no es magnético) del 0.02%.

Terminó llamando a la fábrica que produce esos medidores de susceptibilidad magnética y alcancé a escuchar la respuesta a grito pelado, a pesar de no tenía el altavoz activado: “¡Es normal! El centenario mexicano tiene una cantidad ínfima de hierro, eso lo explica. ¡Es una moneda excelente, cómprela!”.

Me sentí orgulloso de nuestro centenario y triste de tener que dejarlo ir. Le pedí que no fuera a fundirlo porque se lo compraré a la primera oportunidad.

Previous
Previous

¿Por qué Trump?

Next
Next

¿Para qué otro blog?