¿Por qué Trump?
Hay de dos sopas: o Trump ha causado al menos en parte el actual desequilibrio mundial, o, por el contrario, es el producto de un largo proceso histórico que era inevitable y que da la casualidad que el personaje se llama Trump pero bien pudo haber sido otra persona.
Según la primera opción, el mundo estaba más o menos en orden y tuvo que llegar Trump para ponerlo de cabeza porque es un caprichoso, es un hípernacionalista y un abusivo. Esa es una posibilidad real pues esto que he dicho sobre él parece ser verdad. Si Kamala Harris u otro candidato republicano hubiera llegado a la presidencia, no estaría la situación geopolítica tan desestabilizada como está ahora.
Según la segunda opción, los procesos históricos son más grandes que nosotros, los individuos, así como la naturaleza es más poderosa que nosotros; y aunque hay supervivientes de catástrofes naturales, por lo regular se impone la naturaleza. De manera análoga, la historia se impone en términos generales, si bien a veces surgen figuras que logran escaparse de su torrente para reencauzarlo. Así pues, si observamos la creciente acumulación de poder del presidente de Estados Unidos, su creciente desdén por el Congreso y los acuerdos e instituciones internacionales, y si analizamos la tendencia de las últimas décadas, ya desde Reagan se veía venir algo como lo que estamos viviendo.
La pregunta parece ser idéntica a la pregunta por el huevo o la gallina, es decir, depende de qué perspectiva se tome, se puede responder correctamente de una u otra manera: cada perspectiva explica distintos aspectos.
No solo la naturaleza y la historia son más grandes que nosotros sino también las instituciones. Por eso debemos cuidarlas, pues el día en que falte la sensatez presidencial, ahí seguirán las instituciones –normas, procesos, asociaciones– que orienten el actuar. Pero si llega alguien como Trump, que cancela acuerdos y erosiona las instituciones, ese individuo desarticula los marcos que lo contienen y actúa como si estuviera por encima de la historia y de las instituciones. La historia es celosa y raramente da la razón a tales individuos.
Más allá de las dos sopas –Trump como causa o como efecto–, lo importante es salvaguardar las instituciones, no porque sean perfectas sino porque trascienden nuestras vidas personales.
Imagen: GPT