Cinco cosas buenas (vol. 6)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

36 horas en Barcelona

Gracias a la flexibilidad del médico en jefe pude escaparme dos días del hospital para viajar a Barcelona.

Tuve medio día libre para pasear por la ciudad. Antes, Barcelona no me gustaba nada pero las últimas dos ocasiones me ha tratado muy bien. Y el hermano de Ronaldinho cuenta que la ciudad fue el factor decisivo para que firmara con el Barça en lugar del Manchester: es la ciudad ideal para los brasileños… ¡y veo que también para los mexicanos que llevamos décadas en Alemania!

No me fichó el Barça pero sí fue buena experiencia cambiar de aires y reemplazar esta topografía plana de Baja Sajonia por las montañas y el mar de Cataluña.

 

Mi primer rally político

Cuando viví en Tarifa tuve la idea de involucrarme en la política local. Por desgracia, aquello no prosperó. Hace tres años, ya con la nacionalidad española en mano, retomé la idea en Alemania. Hablé con personas que pudieran asesorarme, leí mucho, investigué en internet y… ¡me enfermé!

Mi idea era lanzarme para alcalde, siguiendo los pasos de Ryyan Alshebl, un refugiado sirio elegido alcalde de su pueblo en 2023. Pero por motivos de salud no fue viable, así que un amigo tomó la batuta –lo cual le agradezco– y yo quedé como candidato a vicealcalde.

Ayer tuvimos nuestra primera actividad de cara a las elecciones del 13 de septiembre. Fue mi primera experiencia pública como candidato político. Soy un candidato independiente, no pertenezco a ningún partido, pero me sumé a la boleta del CDU porque, también por motivos de salud, no me siento en condiciones de ir por mi cuenta.

No estoy solo: varios amigos hemos hablado sobre la situación global, que está de cabeza, y sobre el crecimiento del partido ultraderechista AfD. ¡Algo tenemos que hacer! Haré lo que pueda dentro de mis posibilidades para ganar y mejorar la vida de la comunidad en este pueblo donde, además de mis hijos y de mí, hay también una veracruzana.

 

Una odisea de Alfonso Reyes

En enero me invitó la Capilla Alfonsina a participar en una conversación sobre la traducción que hizo nuestro regiomontano universal, don Alfonso Reyes, de la Odisea. Fue un proyecto minucioso –una auténtica odisea– que le llevó varios años y que no pudo terminar.

Traduje los cuentos de los hermanos Grimm y los estoy revisando de cara a su pronta publicación. Don Alfonso decía que no sabía griego, así que no se atrevía a llamar a su trabajo “traducción” sino “traslado”, pues se apoyó en otras fuentes y porque su trabajo era más literario que filológico.

Me identifico del todo con su esfuerzo, que es el mismo que he venido haciendo con los cuentos de los Grimm: me importa más que el lector actual los lea y disfrute que la fidelidad inspeccionada con lupa del rigor filológico y académico. Podríamos discutir sobre la filosofía de la traducción, de si mi trabajo es una traducción, una adaptación, un traslado o qué diantres. Llámenlo como quieran: para mí es una traducción literaria pensada para el lector de hoy y de los próximos cien años.

Y para más devoción, conseguí la obra original de 1951, que don Alfonso intituló Aquiles agraviado. Me llegó esta semana y me tiene muy feliz.

 

La vida real

Estamos acostumbrados a ver la Estatua de la Libertad como un símbolo heroico recortado contra el cielo. Las redes sociales filtran la normalidad de la vida, nos seducen e inducen a pensar que lo real es la vida sin plataformas rojas, sin cables, sin callejones grises, para mostrarnos únicamente la estatua –la vida– convertida en perfección.

Me gustó esta foto porque me hizo pensar en la vida real, lo que está tras bambalinas y que ya no vemos: las dudas, los tropiezos, el trabajo repetitivo que sostiene cualquier vida humana en su cotidianidad. Porque incluso los personajes con mayor influencia tienen una vida tras bambalinas tan normal y baladí como nosotros.

Imagen: Lani

 

Made in W. Germany

Me sorprendió y dio gusto ver un objeto tan sencillo como este: una regla de madera. Según el sello, fue fabricada en Alemania Occidental, es decir, antes del 3 de octubre de 1990, fecha de la reunificación alemana, lo que significa que tiene más de 35 años de vida. Toda una biografía.

¡Qué fácil es deshacerse de los objetos baratos, cotidianos y de fácil reemplazo! En realidad, lo normal sería que los cuidemos hasta que no puedan servirnos más. Durante siglos, la relación normal con los objetos fue muy distinta: las cosas se reparaban, se heredaban y se seguían usando. Recuerdo que durante muchos años usé las dos reglas de cuando mi papá era estudiante.

Hoy, que domina la lógica del reemplazo, esta regla resiste al consumismo. No es que sea una regla antigua o valiosa. Pero sí representa aquella otra relación que tuvimos con el mundo material. Si pudiera hablar, contaría una historia mucho más interesante que la de cualquier regla nueva: quizá haya pasado por distintos propietarios, oficinas y escritorios atravesando la Guerra Fría, la caída del Muro y la reunificación alemana… sin dejar de medir sus treinta centímetros reglamentarios.

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Cinco cosas buenas (vol. 5)