En estos tiempos revueltos, estoy en busca de claridad.

Un intento por entender
qué sucede en el mundo,
qué decidimos como sociedad
y cómo vivimos en tanto personas.

 
Enrique G de la G Enrique G de la G

Cinco cosas buenas (vol. 5)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

El niño y el sol

Viví un momento cinematográfico mientras esperaba en un semáforo. Había bajado la ventana frente a una gasolinera abandonada y de pronto vi a un pobre hombre, muy enjuto y encorvado, empujando una carriola. El niño que llevaba no tendría más de dos años. Era temprano por la mañana, el sol lanzaba sus rayos casi horizontalmente sobre la calle.


Me sorprendió el gesto adulto del niño: estiraba el brazo al máximo con la palma bien abierta. Los niños se tapan la cara con las manos, no extienden la mano para detener la luz sin dejar de mirar hacia adelante.


¡Qué contraste! El escenario decadente, el hombre alicaído y el niño tan brillante como el sol, hacia el que se dirigía decidido y con la cara en alto. Mientras el reflejo del sol me enceguecía en el espejo, sentí un rayo. Fue un instante de felicidad solar.


Imagen: GPT

 

Iam Tongi

El algoritmo me presentó el cover que hizo Iam Tongi de Monsters, una canción que no conocía. ¡Qué viaje! Me enganché durante dos horas viendo el video original de James Blunt, distintas versiones y la reacción de hombres fornidos y barbados conmovidos hasta las lágrimas. Tongi transforma la tristeza devastadora de James Blunt en algo tierno y filial.

Los versos definitivos son:

I am not your son, you are not my father.
We’re just two grown up men saying goodbye.
No need to forgive, no need to forget.
I know your mistakes and you know mine.

He reflexionado mucho sobre la muerte –la mía, la de mi hermano, otras que me han tocado– y ni con todos mis devaneos sesudos hubiera podido expresarlo con tanta claridad y acierto. En el momento de la muerte quedan suspendidos los roles familiares y las cuentas pendientes. Solo importa el hecho de haber coincidido en el amor.

Imagen: JSP Events

 

El origen de los gorilas

Aprendí algo nuevo: Hanón fue un navegante cartaginés del siglo V antes de Cristo. En un viaje a lo largo de la costa atlántica de África, llegó a una región donde avistó a unas mujeres cubiertas de pelo, agresivas, salvajes, imposibles de capturar. Los locales las llamaban gorilái.

No sabemos si eran mujeres, gorilas, chimpancés o qué clase de criaturas extrañas. Los marineros de Hanón mataron a tres y llevaron las pieles a Cartago. Plinio contaba, siglos después, que las pieles sobrevivieron a la conquista romana.

Desde hace 2500 años, los gorilas han sido criaturas mitológicas. Aunque el nombre designa desde 1847 al animal que conocemos, una de las grandes figuras mitológicas de la modernidad es King Kong. Ningún experto moderno ha logrado descifrar qué vieron realmente los hombres de Hanón.

Imagen: Jeff W. Jarrett/Shutterstock.com

 

Los impuestos de Jeff Bezos

Jeff Bezos no es santo de mi devoción pero menos lo es el fisco. Si tuviera que tomar partido, no dudaría en ponerme del lado de Bezos más que del cobrador de impuestos.

Esta semana, Bezos ofreció un argumento provocador sobre los impuestos: en Estados Unidos, el 1% de la población contribuye con un porcentaje inmenso de la recaudación fiscal, mientras que la mitad de abajo contribuye con un porcentaje mínimo (40% y 3%, respectivamente).

Bezos propone que la mitad más pobre no pague impuestos.

Imagen: CNBC

 

Dorothea Taylor

Descubrí a esta abuela septuagenaria que toca la batería incluso con cojines. Y suena bien. Yo apenas empiezo con mis primeros golpeteos y verla tocar me sacó una sonrisa. Hay algo luminoso en ver a alguien de su edad entregarse así al ritmo y a este instrumento de percusiones sin pedirle permiso a nadie. Y no soy el único: tiene más de un millón de seguidores en Instagram.

Imagen: Drummerszone

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Enrique G de la G Enrique G de la G

Cinco cosas buenas (vol. 4)

Primera semana que no consigo escribir ningún día. Lo lamento pero he estado desbordado por el hospital.

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

Comunicación: tres puntos fundamentales

Estos días he tenido que hablar mucho con personas muy distintas: mi novia, el médico en jefe de la clínica, la terapeuta, mis hijos, burócratas, asesores, desconocidos en una boda, el mecánico y unas productoras. Conversaciones muy distintas también pero todas importantes de una u otra manera.

En este torbellino recordé una idea sobre la comunicación. Decía que antes de una conversación hay que tener claro tres cosas:

  • el mensaje que quieres que la otra persona reciba

  • cómo quieres que la otra persona se sienta al recibir tu mensaje

  • qué quieres que la otra persona haga después

Empecé a ponerlo en práctica de modo consciente porque casi siempre sabemos lo que queremos pero no tenemos claro lo que queremos provocar.

Sencillo. Fácil de recordar. Y útil.

Imagen: Laurent Castellani

 

Tallado en piedra

Parte de la terapia consiste en trabajar con materiales y elegí la piedra. Desde hace un par de años me interesa mucho la escultura. Hace un año probé la arcilla, que me encantó, pero sin horno se rompe en un dos por tres.

Así que ahora intento tallar piedra. Aunque ya tuve la frustración de que se me desquebrajara de pronto.

Recordé la historia del trozo gigante de mármol que estuvo durante décadas en Florencia por ser inservible: demasiado estrecho y estropeado por cincelazos anteriores. Pero cuando Miguel Ángel lo vio, vio en ese triángulo el espacio las piernas del David.

Esta primera experiencia me descubrió que, además de imaginación, la piedra demanda un formidable trabajo físico, trabajo que me va cambiando a mí también por dentro.

 

“Dubliners”, de Joyce

Hablando con una amiga sobre James Joyce, de pronto tuve un flashback: en septiembre del 2003 llegué a Berlín leyendo Dubliners. Era una edición de Penguin. Lo leía despacito porque me parecía difícil el inglés, un idioma que se me había oxidado en el DF.

Y cuando fui a ver el museo que junto al Checkpoint Charlie, al salir del metro me di cuenta de que había dejado el libro en el vagón. Poco después lo compré de nuevo en la librería Dussmann de Friedrichstraße y aquí lo tengo todavía. Anoté que me costó 2.50 euros, ¡cuando la vida era barata! , y está lleno de anotaciones.

Nunca lo acabé. Ya es tiempo de retomarlo.

 

El papá de Ian Buruma

Hace un año me enteré de que el papá de Ian Buruma estuvo en Berlín cuando los soviéticos capturaron la ciudad. Estaba ahí por ser prisionero y trabajador forzado y sucede que escribió muchas cartas sobre la vida cotidiana. Estos días me enteré de que su hijo ya publicó un libro –con base en esas y otras cartas– sobre Berlín durante la guerra. ¡Me urge leerlo!

En sus cartas, Leo Buruma cuenta escenas asombrosas, como cuando escuchó un concierto de la Filarmónica, bajo la batuta de Furtwangler, nada menos que en un teatro porque los Aliados habían destruido las óperas y salas de conciertos. Aquí hay una reseña.

Me imagino que esta obra será un complemento fascinante a las memorias anónimas de Una mujer en Berlín, uno de esos libros que jamás olvidaré.

La guerra arrasa con todo, incluso con los escalofríos que nos causan experiencias ajenas tantos años después.

 

Las contradicciones de la moto

Estas semanas me he desplazado mucho en moto de la casa al doctor, al hospital, a terapia… Son trayectos cortos pero, para mí, son de los mejores momentos del día. Me sirven para desconectar pero también para pensar, por contradictorio que pueda sonar.

Y aunque en el hospital he topado con muchos accidentados de moto, incluso con amputaciones, nada me gusta tanto como rodar en dos ruedas.

Los pilotos de carreras de GP dicen que es más fácil tener un accidente en la calle, donde vas confiado, que en una carrera donde vas concentrado al cien por ciento. Aunque aquí tampoco conviene confiarse demasiado en mayo, la temporada en que los cervatillos empiezan a moverse y aumentan los accidentes.

Quizá por eso me relaja la moto: me obliga a concentrarme en una cosa: en el camino. Entonces me relajo y entro en una especie de trance meditativo: tengo una sola cosa enfrente y no mil asuntos que malabarear al mismo tiempo, como en la vida diaria. Y entonces es justo cuando desconecto o puedo ver mis asuntos desde diferentes ópticas y con calma.

Foto: Mauricio Ceballos

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Enrique G de la G Enrique G de la G

Cinco cosas buenas (vol. 3)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

Espacios de rehabilitación

El año pasado estuve hospitalizado dos meses por una enfermedad psicosomática. Después, he tenido un año de tratamiento y reposo en casa sin trabajar. Esta semana volví al hospital. Ya no se trata de una urgencia médica como hace un año, sino de un programa de rehabilitación. Me siento apenas al 40 o 50 por ciento y necesito recuperar la energía.

Estoy en Bad Bevensen, un pueblo adonde venía la gente de Hamburgo a descansar. En la cultura alemana, las poblaciones destinadas a fines terapéuticos –por la calidad del aire, por sus aguas termales, por su naturaleza benéfica– recibe el nombre de “Bad”. Algunas, como Baden-Baden, se han vuelto destinos de lujo; otras, como esta, son más discretas.

Los parques, las termas, los senderos, incluso los supermercados abiertos en domingo… todo en el pueblo gira en torno a la meta de recuperar la salud. Hay pacientes llegados de toda Alemania y de otros países europeos. Esto de retirarse a un sitio tranquilo para restablecer la salud es ajeno a nuestra cultura latina.

Y aquí estoy, por primera vez, esperanzado con que me pueda reintegrar pronto a la vida normal. No sé cuánto me vaya a llevar pero aquí cuento con recursoso inimaginables en otras geografías.

 

Hice mis primeros videos con Gemini

Esta semana descubrí y probé la posibilidad de hacer un video con Gemini, la inteligencia artificial de Google. A partir de una presentación de Slides, Gemini te puede producir un video, fácil de editar y personalizar. Bastan unas pocas slides para que Gemini produzca un video con voz, música, ritmo y transiciones.

Me inquietan tanto la calidad del producto como la simpleza del proceso. Hay voces para que un orador artificial tome el micrófono y se le pueden añadir elementos propios, como voces, videos, textos, imágenes y demás. Ya no hacen falta programas especializados ni edición ni equipo especializado. Bastan una laptop y un ratito.

La tecnología va más rápido que la evolución, por lo que el cerebro humano no termina de entender la dimensión de este cambio. La distancia entre idea y producto se acorta más y más. Y apenas empieza esta nueva era…

 

Camioneta personalizada

Hace unos meses expiró uno de los turbos de la camioneta. En lugar de llevarla al taller, como haría cualquier persona, se la llevé a un tipo que es mecánico por puro hobby y que está loco de obsesión por las Land Rover. La recomendación llegó a través de unos conocidos, a quienes les transformó su Disco 3 en vehículo de expedición. Después me enteré de que también les mete mano a Porsches y carros de carreras que corren en Nürburgring.

El personaje de esta pequeña historia es Torge.

Dicen que tiene más de diez Land Rovers, aunque no me consta. Lo que sí vi con mis propios ojos es su taller “de hobby”, que no le pide nada a uno profesional. Conoce cada tornillo y cada tuerca de las Land Rover. Y como es un perfeccionista, me dijo que no valía la pena cambiar solo el turbo averiado sino los dos, de una vez, y empezó a inspeccionar la camioneta con lupa. Por supuesto que le encontró otros achaques, desde corrosión en el chasis hasta una salpicadera que por lo visto pegaron –en lugar de montar– en el taller de hojalatería y pintura.

“Les meto mano a los coches a conciencia y con cariño”, me dijo ayer, “pero tengo un defecto: siempre pienso que los tendré listos rápido pero luego me clavo demasiado”. “Sí, cabrón, me di cuenta”, le respondí, porque me dejó varios meses sin camioneta. Luego me contó que también arregla motos y hasta avionetas. “Al final, todas las máquinas son casi iguales. Las diferencias entre una y otra son pequeñas si eres inteligente y los sabes ver”. Pensé que esa es toda una manera de ver la vida porque, en verdad, todos los problemas son casi iguales, solo con pequeñas diferencias.

El gran detalle fue que una placa personalizada en el motor y ¡en español!. Así es Torge.

 

Sorrentino, un filósofo audiovisual

Paolo Sorrentino es de mis directores de cine favoritos y ahora vi La grazia. Es una obra de arte en términos de fotografía: unas veces me sentía en un museo frente a un Caravaggio o un Rembrandt; en otros, dentro de un Magritte o en un tiempo suspendido.

Es una película sobre la gracia en todas sus acepciones: la elegancia, el encanto, la simpatía, el humor, la clemencia, el perdón y, por supuesto, el don de Dios.

Todas las formas de la gracia se van entretejiendo en los últimos meses del presidente. Debe decidir si firma –o no– una ley contraria a sus creencias personales y si concede el perdón –o no– a dos homicidas. Además, vive torturado porque difunta esposa era el amor de su vida pero le fue infiel cuarenta años atrás.

La gracia de Sorrentino consiste en crear atmósferas con imágenes, que sugieren estados de conciencia, que a su vez presentan dilemas, dudas, tropiezos, aciertos, cavilaciones. Ese es su arte, me parece. Y La grazia me gustó mucho justo por esto.

 

Un quiz australiano

Gary Champan publicó en los años noventa un libro muy popular con la teoría de que existen cinco maneras que utilizamos para expresar amor, y que una prevalece en cada uno de nosotros: algunos dan regalos, otros prestan atención, otros hacen elogios o comentarios positivos, otros más ofrecen cercanía física y los últimos resuelven problemas y son útiles.

Esta semana, una amiga me envió un quiz desarrollado por una compañía australiana que reinterpreta a Champan. Según dicen, esas cinco formas del amor se reducen a tres motoros de nuestra conducta: significado (reconocimiento y regalos), relación (atención y cercanía) y equidad (ayuda).

Los australianos, desplazan el foco de cómo amamos a qué necesitamos para sentirnos bien dentro de un grupo social. Y añaden dos elementos importantes, que se le escaparon a Champan: certeza y autonomía, es decir, la necesidad de seguridad y de libertad. En efecto, queremos independencia pero cercanía, estabilidad sin sofoco y reconocimiento sin control ajeno.

Aunque habrá que reflexionar e investigar más, por lo pronto el quiz me dejó pensando: ¿y si el amor no es una simple forma del afecto sino una estrategia para negociar nuestras necesidades más profundas? Todos queremos pertenecer a un grupo, sentirnos seguros y seguir siendo nosotros mismos.

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