Cinco cosas buenas (vol. 28)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

Flojeras de domingo

Los domingos en la tarde me da pereza tomar el coche y llevar a la familia a cenar a casa de unos amigos. Pero de regreso me vuelvo a preguntar por qué me costó tanto salir.

Hace un año, un amigo tuvo la iniciativa de reunirnos con otra familia amiga las tardes de los domingos para que los niños jueguen y cocinen. Lo llamo Square Table. Ha sido una experiencia deliciosa, empezando por la gastronomía misma, pues hemos probado platillos nuevos a los que difícilmente hubiéramos tenido acceso.

Hoy, por ejemplo, dos de las niñas mayores hicieron un pie de queso turco con ajonjolí que les quedó bueno. Mientras los más pequeños jugaban, G ayudó a hacer quesadillas y Cz estuvo “cocinando” un buen rato en la cocinita de juguete.

Una vez que los niños terminaron de comer, los adultos nos quedamos platicando. Son un par de horas buenas que le sacamos al fin de semana, por más que se sienta difícil animarse a ir y a convivir, como a veces puede suceder con el deporte, que da pereza pero luego uno se siente mejor por el ejercicio y bien con uno mismo por haberse vencido. Así lo describo: siempre me da un poco de pereza viajar 20 minutos para ir a cenar a casa de otra familia pero siempre regreso contento y con algo nuevo.

Los adultos con familia tenemos la dificultad de que las cosas que nos hacen bien no suceden ya por sí mismas, sino que tenemos que buscarlas, organizarlas, ponerlas en marcha, darles un espacio en la agenda… incluso del domingo. Visto en retrospectiva, no parece que esos veinte minutos de camino sea un precio alto para cerrar la semana contento.

 

Mariana Yampolsky en Luneburgo

Caminando por la Leuphana me encontré con Mi gallo, una foto de Mariana Yampolsky. Me detuve a leer la cédula y resultó que hay una pequeña exposición de cuatro fotos suyas diseminadas por el campus. Encontré una segunda y ya.

Aunque la calidad de la impresión es deplorable y que la curaduría se haya inclinado por fotos que no Sophien representativas de su obra, celebro la iniciativa de llevar arte mexicano a jóvenes alemanes. Ojalá se siga haciendo y se haga con mejor tino.

A mí, por lo pronto, me sirvió para repasar sus fotos y volverme a maravillar por su ojo y manejo de la luz. Me hizo extrañar México.

 

El silencio de Beckett

Hace unas semanas le fue concedido el Nobel de Literatura a Anne Carson, de quien la Academia Sueca publicó un retrato en la cocina. Poco después lo siguió ella con un poema intitulado “9 October”, que tiene tan solo dos líneas:

Yesterday I won the Nobel Prize.
Odd day.

Me acordé de que Bob Dylan se escondió durante meses y que envió a su comadre Patti Smith a recoger el premio y leer el discurso de aceptación. Y me encontré con una “entrevista muda” que concedió Samuel Beckett cuando se anunció que había ganado el Nobel de Literatura de 1969.

Si entiendo bien, la noticia le llegó a través de un amigo periodista, que le escribió por telegrama: “Dear Sam and Suzanne. In spite of everything, they have given you the Nobel Prize—I advise you to go into hiding”. Sabía Beckett que su vida ya no volvería a ser la misma y que había perdido la paz que concede el anonimato.

Mientras Anne Carson estaba limpiando la cocina cuando le llegó la noticia, Beckett recibió el telegrama mientras estaba hospedado en un hotel tunecino. Accedió a una entrevista pero al estilo silencioso de John Cage en la que no hubo preguntas, respuestas ni declaraciones.

Imagen: still de la entrevista de Sveriges Television (SVT)

 

Las 10:01 de la noche

Leí una carta de una lectora del New York Times en la que cuenta que durante su divorcio se puso una una alarma en el teléfono con la canción Tell Me Something Good para decirse a sí misma algo bueno de ese día y no permitirse caer en el abatimiento. Y si realmente no recordaba nada bueno, releía las anotaciones de días pasados y listo.

Me he demostrado a mí mismo que quienes tenemos un talante negativo y pesimista por naturaleza podemos modular esa forma de ser e incluso transformarla en un talante optimista y positivo. Hace unos ocho años me propuse anotar a diario tres cosas buenas del día, práctica que seguí durante unos años. Más recientemente escribo este post dominical con cinco cosas buenas de la semana.

Sin embargo, me gustó la idea de esta mujer y la adopté. Todas las noches a las 10:01 suena mi teléfono la alarma Good Things Happen con una canción de Meg Myers y me detengo a pensar en algo bueno del día. Además, intento hacerlo contándomelo en tercera persona, pues he observado desde que me lo explicaron en la clínica psiquiátrica que tiene enormes ventajas para efectos de regulación de trauma y heridas en general.

 

Aptónimos

¿Cómo se llama al fenómeno cuando el oficio de una persona coincide con su apellido? Por ejemplo, un bombero de apellido Llamas o un herrero de apellido Herrero. O Usain Bolt, veloz como el rayo.

Podríamos elucubrar hasta qué punto es casualidad y hasta qué punto podría el apellido influenciar el interés por tomar este o aquel oficio. Lo que sí es que esta semana me enteré de que el fenómeno tiene nombre: “aptónimo”.

Foto: @eyevine / Redux

 
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