Cinco cosas buenas (vol. 21)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

Elecciones en mi municipio

Hoy tuvimos elecciones en Baja Sajonia, a las que me postulé como candidato a concejal del municipio en donde vivo y del grupo de municipios mancomunados. En el municipio de Rosche tenemos derecho a voto casi 2,000 habitantes y en la asociación de municipios mancomunados poco más de 5,500.

Salí electo.

De niño acompañaba a mis papás a votar; esta es la primera vez que mis hijos me acompañan a votar, pues las ocasiones anteriores había votado por correo. Además, es la primera vez que tengo la posibilidad de votar por mí mismo… y seguramente la última también, pues no me interesa hacer carrera en la política: mi única motivación era contribuir pro bono en mi comunidad.

 

Pseudónimos y apellidos

Me encontré en el London Review of Books este nombre: “Anne Enright”. Ya me había movido el tapete hace muchos años el apellido del buen Álvaro: “Enrigue”. En un primer momento pensé que sería un pseudónimo, pero no. Así que lo dejé pasar.

¡En cambio “Enright”! Las primeras dos sílabas son idénticas a las de mi nombre y tiene también la misma cantidad de letras. Sobre todo, ¡suena a que esta mujer siempre tiene razón!

¿Cómo no se me había ocurrido utilizarlo como pseudónimo? Pero a partir de ahora…

Imagen: London Review of Books 48, 16 (Sept. 10, 2026)

 

Mi sierra

Pensamos que conocemos la tierra natal hasta el momento en que alguien te ofrece una nueva perspectiva. Es lo que hizo Federico Padilla con esta foto, tomada por lo visto desde Coahuila hacia Monterrey. Al fondo se alcanza a distiguir la M de la Sierra Madre. ¡Chulada de foto!

Este es un ejemplo paradigmático de perspectiva atmosférica: cuando las montañas lejanas se ven más claras que las cercanas, un fenómeno que pintó y analizó científicamente Leonardo da Vinci.

Foto: Federico Padilla

 

Miyamoto Tsuneichi

Descubrí a Miyamoto Tsuneichi (1907–1981), un folklorista que hizo justo lo que no hicieron los hermanos Grimm. Mientras los Grimm enviaron cartas a sus amigos —sobre todo, amigas— pidiendo historias y cuentos, Tsuneichi se puso manos a la obra y recorrió todo Japón.

Si los Grimm querían rescatar del olvido las historias tradicionales que, a su juicio, estaban a punto de perderse tras los cambios políticos ocasionados por Napoléon, Tsuneichi hizo lo propio sin saber que la II Guerra Mundial transformaría Japón radicalmente. Por periodos a lo largo de cincuenta años, este profesor de primaria habló con cuanta gente sencilla del pueblo pudo: campesinos, pescadores, obreros, pobres, ancianos…

Además de las historias, tomó alrededor de 100,000 fotos para documentar Japón. O mejor dicho, los muchos Japones que encontró en la isla, porque el Japón de las montañas no tenía nada que ver con el Japón de las pequeñas islas o los arrozales.

Fue también alguien que trabajó pro bono para mejorar las condiciones de los más pobres. Si su idea original era compilar el folklor japonés, al final terminó documentando la vida diaria de la gente normal, de la gente “olvidada” por la Historia. Algo así como lo que intentó plasmar Buñuel.

Foto: Stone Bridge Press

 

Las dos vidas según Rousseau

En su Émile, Rousseau escribió una frase célebre: “Digamos que nacemos dos veces: la primera vez para existir; luego para vivir…” (“Nous naissons, pour ainsi dire, en deux fois : l’une pour exister, et l’autre pour vivre…”).

Por experiencia propia, difiero: he nacido más de dos veces. Sí nací para existir en abril de 1979, pero luego volví a nacer el día que me fui del Opus (21 diciembre 2005), el día en que casi me muero de peritonitis en Japón (12 septiembre 2015) y el día del diagnóstico de C-PTSD (3 abril 2025). Cada uno de estos tres eventos me han llevado a cambiar radicalmente mi vida y mi perspectiva de la vida.

Ayer justamente recordaba Japón. Hasta entonces, había decidido no tener hijos. En ese momento cambié de opinión, lo cual explica que viva en este pueblo alemán. Ayer les decía a los míos que, sin esa vivencia, nadie de nosotros estaría aquí ahora. La foto es justo mientras espero el diagnóstico en una pobre clínica japonesa.

Lo mismo podría decir de cuando abandoné el Opus: fue salir de la caverna de Platón; y con el diagnóstico, fue como mirar atrás, contemplar desde la distancia aquella cueva y empezar a entender los 45 años de mi vida.

Así que debería reformular a Rousseau: “nacemos cada vez que una experiencia límite nos lleva a romper con nuestra vida anterior y reorienta nuestra vida futura”.

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