Cinco cosas buenas (vol. 22)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
Derek Sivers y los libros
Un buen amigo me envió un breve texto de Derek Sivers sobre por qué le gustan los libros. Me pareció muy elocuente su perspectiva:
La semana pasada alguien me preguntó por qué prefiero los libros. Mi respuesta inmediata fue que me encanta su carácter silencioso y no comercial. Sin anuncios. Sin bombo. Sólo sabiduría tranquila, con profundas recompensas para una mente concentrada.
Nubes
Un día de 2007, me fui de aventón a Munich para ver a mi novia de aquel entonces. De camino, mi chofer desconocido me contó de una sociedad de apreciación nubes. Durante horas me habló de nubes con gran pasión, al grado de que me contagió.
Pasó el tiempo, hasta que un día me acordé de lo que me había contado. En Google encontré la Cloud Appreciation Society (CAS) y me afilié con el número 18,394.
Últimamente he querido refrescar y ampliar mi conocimiento sobre nubes. Esta semana me encontré con un fenómeno que atrapó mi atención y aproveché para enviar mis nubes a la colección de la CAS. No traía mi manual a mano, GPT no me dio información convincente, pero la CAS supo catalogarla: esas formaciones en forma de flamas se llaman virgas.
Una biblioteca de pueblo
Hacía tiempo que había querido visitar la biblioteca de Bad Bevensen, un pueblo de aguas termales adonde va mucha gente enferma en busca de salud. Pero apenas el jueves encontré tiempo para asomarme.
A la entrada había un letrero que anunciaba el cumpleaños cuarenta de la biblioteca. Pensé que era un aniversario que celebraban a lo largo del año o del mes. Pero no: ¡era justo ese día! Y para más chiripa, acababan de abrir las puertas. Entré como despistado y me recibieron con café, galletas, chocolates y gran cordialidad.
Hablé con la directora, me entrevistó una periodista y aproveché que el registro era gratuito para afiliarme. Es una biblioteca de pueblo con un acervo muy limitado pero mis hijos le sacarán mucho provecho, pues tiene una colección fabulosa de Tonies.
El edificio en sí es muy acogedor y agdable; además, tiene un patio interno amable para leer al aire libre y a la sombra. Si de pronto desaparezco, vayan a buscarme ahí…
Amor por los animales
Hasta hoy, yo no sabía quién había sido el Dr. Louis J. Camuti. Pero vi en Instagram que existe el Catskill Animal Sanctuary y me atrapó esta opinión:
El amor por los animales es un impulso universal, un terreno común en torno al cual todos podemos encontrarnos. Al amar y comprender a los animales, quizá lleguemos nosotros, los seres humanos, a comprendernos unos a otros.
No lo había pensado pero… ¡bien puede ser! Hitler era tan compasivo con los animales, que se volvió vegetariano. ¿Quizá ese habría sido un camino que el terapeuta que no tuvo pudo tomar para hacerlo entrar en razón.
Y en tiempos de inteligencia artificial, las mascotas quizá terminen siendo nuestro último contacto con la naturaleza.
Foto: Elisha o Renée Herbert (no recuerdo)
Una palabra nueva
Si los idiomas son infinitos, el alemán tiene infinitas posibilidades de volverse infinito por el simple hecho de que se pueden unir palabras para inventar nuevas. Es fascinante.
Esta semana me encontré con una palabra nueva, que queda bien con el tipo de amistad que sostengo con algunos amigos: Benzingespräch. Literalmente: “diálogo de gasolina”.
Se refiere a las conversaciones típicas entre moteros en torno a las motos. Con mi amigo Alfonso, por ejemplo, diría que el 90 por ciento de nuestras conversaciones giran en torno a las motos que quisiéramos tener pero no nos alcanza para comprarnos. Y justo hoy, mientras jugábamos en la cocina a decir nombres de países y de animales, G propuso —frustrado porque su hermana le ganaba— que jugáramos a decir nombres de motos. El Benzingespräch pasó a ser Benzinspiel (“juego de gasolinas”). Como buen moterito que es, ¡ganó!
Foto: Alannah Whalton