Cinco cosas buenas sobre “El buen espíritu” (vol. 23)

Este es un número especial con cinco cosas buenas de la semana en torno al estreno de “El buen espíritu”, pues no aparezco regularmente en producciones internacionales. So, bear with me!

 

La emoción del actor (enero)

En enero volé a Barcelona para que se me entrevistara. Pasé el siguiente día en el set de las recreaciones como asesor. Fuimos a la casa de la familia Salvat, la de las enciclopedias, que amueblaron como casa del Opus. ¡El oratorio era idéntico y me estremeció!

Durante todo ese día, Federico y yo estuvimos sugiriendo mejoras: siéntense así, reaccionen asá, caminen de esta manera, qué sé yo. Fue muy especial haber tenido ese papel, fue muy extraño explicarles a los actores cómo era mi vida y modo de ser hace treinta años.

Hacía un frío terrible, para el cual no llevaba ropa adecuada, y llovió todo el día. Ya al final, justo cuando se ponía el sol, el director –Pera– quiso grabar una escena más. El equipo de unas 150 personas ya estaban recogiendo todos los instrumentos y aparatos, pero en un balcón se mantenían todavía Pera, Mònica y Joel, uno de los actores. Como yo estaba merodeando por ahí, me pidieron que me acercara.

La indicación fue precisa: “¿Fue fácil salirte del Opus Dei?”. El estremecimiento que había sentido por la mañana al ver el oratorio fue menor con la reacción psicosomática de ese momento. “No”, respondí con el cuerpo en estado de shock. “¿Le podrías explicar a Joel cómo es, para que lo pueda actuar?”. Uffff, jamás pensé que tendría que pasarla así de putas pero lo hice.

Durante unos minutos le conté a Joel cómo había sido ese último año de mi vida en el Opus Dei. Un verdadero infierno. En mi caso, exacerbado aún por la presión de parte de mis papás para que continuara. Sufrí incomprensión, calumnias, chantajes, castigos, hasta espionaje. Joel me hizo preguntas hasta que Pera lo llamó.

Me quedé a su lado, mientras Joel se alejaba al balcón y nos daba la espalda. Le veíamos la cara solo a través del monitor del director.

¡Me quito el sombrero ante su actuación! Lo veo y siento lo mismo que sentía aquel año horribilis del 2005. Joel se merece todo mi respeto y admiración por haber expresado de modo excepcional el sufrimiento en el que viví.

Joel, si algún día lees esto: ¡eres grande! Gracias. Te aplaudo.

Foto: El buen espíritu

 

Amor paterno (mayo)

A finales de mayo se nos invitó a ver una versión preliminar de la serie. Quienes vivimos en Europa volamos a Barcelona, excepto Father Vlad, que se enfermó; el resto se conectó al streaming.

Antes de irnos a cenar, quisimos escuchar las impresiones de quienes estaban del otro lado del mundo, a sabiendas de que no asisitirían a nuestra cena en el Barrio Gótico. Se dijeron muchas cosas, corrieron muchas lágrimas, hubo una cantidad de momentos conmovedores.

Pero lo más tremendo para mí fue el papá de Enrique McKenzie. El señor no solo tiene un corazón inmenso y un amor —me atrevería a decir “infinito”— por su hijo. Tanto más me conmovió porque vi cómo es el amor paterno químicamente puro, no solo por su constitución sino por su expresión.

Me propuse ser así de paternal con mis hijos.

 

¡El estreno! (septiembre)

Ver la serie documental El minuto heroico en la clínica psiquiátrica a unos días de recibir el diagnóstico y de empezar a entender el daño que me causó el Opus Dei, persistente décadas después, fue un parteaguas para mí. Así que expresé mi deseo de participar si algún día se grababa alguna serie sobre los varones. No me dieron esperanzas de que aquello fuera a suceder.

Sin embargo, meses después me buscaron para invitarme a participar con mi testimonio. ¡No lo dudé! De todas maneras lo hablé en casa y con mi médico antes de confirmarles a los productores.

Es difícil resumir en pocas líneas tantos meses de trabajo y emociones. Solo diré que el grupo mostró una humanidad, empatía, comunión y afecto descomunales. No solo el trato y la comunicación ha sido excepcional, sino que han ido más allá: tuvimos apoyo psicológico especializado durante las grabaciones y el screening —que aproveché—, nos pagaron todo sin escatimar, satisfacieron mis peticiones un par de peticiones extraordinarias. Al grado de que conté por primera vez en la vida una historia de la que me avergonzaba horrores —y que no contaré aquí—, pues el ambiente era de verdad caritativo.

Estoy profundamente contento con haber participado en esta serie documental.

Imagen: HBO

 

Mensajes

Desde que se anunció la serie he recibido un montón de mensajes, pero más estos últimos tres días, desde su estreno. Dos personas muy queridas me enviaron mensajes negativos, que me dolieron; el resto —de amigos y desconocidos— han sido súper positivos. Algunos me han conmovido, este me hizo reí.

Le agradecí, intentó ligar y cuando le dije que no soy homosexual se disculpó muy correctamente. ¿Debo preocuparme? ¿Tengo cara y pinta de gay? Jajaja…

 

Reunión por Zoom

Hoy, domingo, nos reunimos la mayoría de los entrevistados con la directora, Mònica Terribás, para platicar. Fue una reunión muy alegre y relajada en la que intercambiamos puntos de vista, nos contamos anécdotas y nos reímos mucho.

A Memo ya lo conocía de México. En enero conocí a Federico en el set. En mayo tuvimos el screening en Barcelona, y ahí conocí a Ramón, Juan, Stéphane y Bruno. Es un sentimiento curioso compartir historias traumáticas e intímas con desconocidos, pero no se siente forzado, sino natural, por haber pasado todos por lo mismo. Somos un grupo muy disparejo pero me gustaría que algún día nos reunamos.

Ojalá esto llegue al Vaticano y nos reunamos con el papa.

 
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