Cinco cosas buenas (vol. 20)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

El corto de El buen espíritu

Cerré la puerta del Opus Dei el día en que salí pocos días antes de la navidad del 2005. En abril del año pasado —casi veinte años después— tuve que reabrir esa puerta para atender de raíz el estrés postraumático complejo (C-PTSD) que se me diagnosticó.

En algún lugar del subconsciente tenía guardado un nombre: “Marina”. Me senté en la terraza de la cafetería de la clínica y googleé ‘Marina documental Opus Dei’ y no tardé en aterrizar en el perfil de Marina Pereda. Como por instinto le escribí, convencido de que era la directora de un documental que había salido meses atrás.

Le conté que estaba en shock por un diagnóstico que había recibido con escepticismo y que, tras dos días de reflexión, conversaciones e investigación, me cuadraba todo: el Opus me había causado C-PTSD. Para mi sorpresa, Marina respondió en cosa de nada. Para mayor sorpresa sostuvimos una larga conversación telefónica ese mismo día. Al despedirnos me dijo que estaba contenta de que el documental me hubiera sido útil. “¡No! No he visto ese documental porque en Alemania no está disponible”. “Entonces, ¿por qué me buscaste?” “¿No eres tú la directora?” La conversación entró a un segundo tiempo para aclarar cosas…

Luego me las arreglé para verlo sin saber en lo que me estaba metiendo. A los 30 segundos ya tenía la piel de gallina. A menos de dos minutos tuve que pararlo con lágrimas en los ojos. ¡Era mi vida reflejada en esos primeros cien segundos!

Me llevó tiempo poderme sentar a verlo. Fue muy duro y a la vez liberador. Me di cuenta de que había vivido alrededor del 85 % de las experiencias que contaban esas mujeres. Yo no era un caso aislado; el problema no había sido yo. Los doctores me lo estaban diciendo por un lado y por este otro lado estaba viendo a un grupo de mujeres de contextos muy diferentes al mío contar vivencias con las que me identificaba.

En días sucesivos le dije a Marina que, si algún día los productores consideraban hacer una serie sobre hombres en el Opus Dei, que me gustaría participar. Quería sumar mi voz a la de esas mujeres valientes que se habían sentado ya no a ver una pantalla, sino a hablar frente a una cámara.

Pasaron muchos meses.

Un buen día, Marina me contactó para informarme que, en efecto, se estaba planteando la idea de hacer una nueva serie documental. ¿Me gustaría participar? Acepté de inmediato. Tenía —y sigo teniendo— la esperanza de prevenir más abusos espirituales y emocionales, y la de cerrar en mi vida la puerta del Opus de manera definitiva.

Esta semana salieron los cortos.

Imagen: instantánea de El buen espíritu

 

Floris Margadant

Recordé al profesor Floris Margadant. Nunca lo conocí pero mi amigo Alonso fue su asistente personal al final de su vida; el último, me parece. Para mí era una figura mítica.

Alonso me contaba. que vivía en una casa en San Ángel donde apenas había espacio para caminar entre los libros que tenía desde la entrada, junto a la puerta, hasta en pilas al lado de su cama. Él estaba feliz de trabajar con una luminaria del derecho y de la historia del derecho. Quise conocerlo —mejor dicho: su casa-biblioteca—, pero nunca se dio. La curiosidad me llevó a leer esta pequeña biografía suya, aunque lo ideal sería leer Floris Margadant y su mundo, el libro más extenso de entrevistas que le hicieron al final de su vida sobre mil y un temas.

En 2024, Margadant hubiera cumplido cien años. La UNAM celebró su centenario con este homenaje. Qué gusto da escuchar los testimonios de quienes lo conocieron, el impacto positivo que tuvo en alumnos, de los estudiosos de su obra. “Eso es lo que queda después de una vida”, pensaba.

En el caso de Margadant, quedó algo más: donó esa casa fabulosa —y otras más— a la UNAM y sus libros al Instituto de Investigaciones Jurídicas y a El Colegio de México. Y dispuso que las rentas generadas por aquellos inmuebles financiaran un concurso anual sobre derecho romano e historia del derecho.

Su ex libris incluía la frase “Es la tarea la que nos conserva la vitalidad“. Después de su muerte, Margadant sigue activo a través de la biblioteca que donó y de las casas que dejó para financiar ese concurso. ¿Así o más cool?

Imagen: Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

 

Sótano de las Golondrinas

En el municipio de Aquismón, en San Luis Potosí, se encuentra en Sótano de las Golondrinas. Mis amigos fueron varias veces en los años noventa, pero por distintas razones nunca pude ir. Y aunque he visto fotos y videos desde entonces, este es el mejor clip que jamás haya visto. Tanto más porque lo narra Sir David Attenborough.

Aquí abajo está el inicio de ese episodio sobre cuevas. Además, en el canal de la BBC Earth encontré una playlist de clips sobre México y una compilación de seis horas de narraciones de Sir David, ideal para apaciguar el sistema nervioso.

Imagen: BBC Planet Earth

 

¡Otoño!

El miércoles fue un día perfecto y lo aproveché haciendo un recorrido de casi cien kilómetros en la moto: cielo azul, nubes altas, el olor a bosque que cubre esta zona, el largo litoral de un río… Tuve hora y media de relajación total.

¡Pero el jueves…! Frío, lluvioso, gris, oprimente. Parece que el otoño comenzó de pronto. Y me dieron unas ganas terribles de tomarme un chocolate caliente mientras escribía. Como no estaba preparado, temí no poderme dar el antojo, pero tuve la buena suerte de encontrarme una porción de chocolate caliente de Baileys.

Desempolvé mi termo Stelton y le di la bienvenida al otoño con este pequeño ritual.

 

Otra lista de libros

Quien haya hecho peso muerto sabe lo difícil que es. Me gusta y he levantado 100 kilos; estoy seguro de que podría levantar más pero una vez me rompí el psoas cargando una cantidad mucho menor y desde entonces me ando con cuidado.

Julio, mi amigo más fuerte, celebró su medio siglo de vida levantando 200 kilos. Y Julio está muy fuerte. Pero no es nada en comparación “con lo que están haciendo los chavos de ahora”, me decía hace tiempo: “levantan 350 o 400 kilos como si nada”.

Raúl “Tayzon” Flores, de Ciudad Victoria, empezó a entrenar en un gimnasio hace pocos años para sobrellevar la muerte de su perro Tayzon. Con esa motivación, ayer rompió el récord mundial de 510 kilos que tenía “Thor”. Tayzon levantó 511 kilos… y en una entrevista previa dijo que iba a levantar 515 kilos de ser necesario con tal de arrebatarle el récord al islandés.

¡Es una brutalidad! ¿Cómo debes entrenar y comer para que el cuerpo no te estalle con semejante presión? Me parece asombroso.

Foto: Giants Strong Man

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