Cinco cosas buenas (vol. 27)

Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!

 

Diez años de búsqueda

Hace diez años vi esta mesa en una mueblería de Berlín y me enamoré de inmediato de ella. Lo malo de tener buen gusto son los precios prohibitivos. La mesa 8950 de Rolf Benz costaba en aquel entonces más de 5,000 euros; hoy está descontinuada.

Desde entonces me puse una alarma para ver si encontraba alguna mesa de segunda mano a mejor precio. Sí aparecieron dos pero arriba de 4,000 euros, suma que no estaba dispuesto a pagar por una mesa: ¡mejor me compro una moto!

Hace poco alguien anunció una mesa con seis sillas en 800 euros. Puesto que en Alemania es extraordinariamente difícil encontrar mesas redondas –no es parte de su cultura–, supuse que nadie se interesaría por ella. Así que me arriesgué a perderla y esperé. Al cabo de dos o tres semanas, el conjunto bajó de precio: 500 euros. Era mi momento de atacar.

Le dije al vendedor que me interesaba solo la mesa y que podría recogerla en noviembre. Me respondió de inmediato: le urgía venderla y me ofrecía la mesa en 350 euros. ¡Cerrado! Al día siguiente recorrí 450 km hasta su casa. Él mismo desatornilló la cubierta de la pata, me ayudó a bajar las piezas hasta la calle y a fijarlas en la camioneta. Fue una auténtica ganga. Valió la pena esperar.

 

Una tarde feliz

A manera de nueva prueba de salud, en este semestre invernal que acaba de empezar la semana pasada decidimos mi médico y yo que daría tres horas de clases a la semana.

La primera semana no me sentí en condiciones de ir pero fui. Esta semana también me resultó muy difícil ir, pero resultó ser un parteaguas. No solo me sentí francamente bien durante la clase, sino que salí muy feliz con el grupo, con mi enseñanza, con la experiencia de aquella tarde. Regresé a casa pensando en ello cuando caí en cuenta de que tenía años de no salir contento de un día de chamba. Quizá la última vez fue cuando trabajaba para Canva en 2018 o en una temporada de frenesí que tuve en Tarifa durante la pandemia en 2022.

Mañana veo al doctor para informarle. Siento que mi vuelta a la vida normal está cada vez más cerca.

 

Me gané un Óscar

Óscar y yo nos conocimos hace unos pocos años en un curso en el Instituto Cervantes de Hamburgo y se me quedó grabada su presencia, en parte porque se parece mucho a Ivan, un amigo ruso. Sin embargo, realmente no hablamos.

Hace poco, Juan Hernández, uno de los participantes de El buen espíritu, le envió a su amigo de Hamburgo los cortos del documental. Óscar lo vio y le resulté conocido, pero no recordaba de dónde. Primero lo dejó pasar, pero luego le dio curiosidad, me googleó y ya entonces recordó nuestros encuentros en el Cervantes. Entonces me escribió.

Nos vimos esta semana en Luneburgo para comer. Hicimos clic en cuanto comenzamos a charlar: estuvimos casi la misma cantidad de años en el Opus durante los mismos años de vida. Y si bien nuestras circunstancias personales son sumamente diferentes, congeniamos en nuestras perspectivas, experiencias y buena parte de las heridas.

Esta semana me gané un Óscar.

 

El arte de la vida creativa

Me encontré en algún sitio de la blogósfera estos mandamientos de la vida creativa, que me convencieron uno a uno, pues presenta la creatividad como una manera de vivir y de relacionarse con el mundo.

1. Empatía (con los demás y con el mundo).

2. Escucha activa (sobre todo de las opiniones diferentes).

3. Curiosidad por el mundo (y por quienes lo habitan).

4. Vulnerabilidad (con límites claros).

5. Autoconocimiento (y sentido del humor).

6. Nutrir mente y cuerpo (con amabilidad para con uno mismo).

7. Mente y corazón abiertos (hacia uno mismo y los demás).

8. Descanso (sin tener que disculparse por ello).

9. Valentía (y compasión).

10. Establecer límites (como una forma de amor propio).

11. Espíritu de colaboración (crecemos juntos).

 

Reunión de whistleblowers

En 2005, cuando estaba en la crisis de salida del Opus, alguien me recomendó opuslibros. El sitio fue un esfuerzo por desenmascarar algunas falsedades y mentiras que se colaron en el proceso de canonización del fundador y el contenido quizá más importante era la publicación de libros internos y secretos. De ahí el nombre.

Aunque valoré la comunidad ahí incipiente, participé realmente poco. Veinte años después, no solo ha crecido esa primera comunidad de exmiembros, sino que han nacido muchas más. Una de ellas es Ágora, que se reúne por Zoom. Algo había escuchado y esta semana entré por invitación a un coloquio especial sobre El buen espíritu.

La figura central fue Mònica Terribas, la directora, y los invitados secundarios fuimos algunos de los whistlerblowers. Resulta un buen ejercicio hablar e intercambiar experiencias y puntos de vista, tanto para quienes están en el difícil trance de la salida —dejar el Opus es como dejar la mafia o el narco— como para quienes estamos en el proceso de sanar heridas.

 
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