Cinco cosas buenas (vol. 15)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
El Guernica africano
Con la edad me he asombrado más y más por el genio de Picasso. Me sirvo de cualquier oportunidad en clase para hablar de él. Pero no conocía este Guernica africano, con el que Dumile Feni denunció desde Johannesburg los abusos del apartheid y artísticamente lo emparentó con el ataque de la legión Condor nazi a Guernica. Es una obra monumental de más de dos metros de lado hecho con carboncillo y lápiz.
Por primera vez salió de Sudáfrica y está expuesto en el Reina Sofía. Me gustaría verlo.
Imagen: Museo Reina Sofía
Victor Lundy
Otro de los descubrimientos de esta semana fueron otros dibujos, también relacionados con la guerra, a saber, los de Victor Lundy, un adolescente que peleó en el frente occidental contra los nazis. Sus imágenes tienen vida propia y son los mejores que he visto de esa época. Por desgracia se perdieron muchos de los 87 cuadernos que llenó; aún así, se conservan más de 200 dibujos, que incluyen retratos, paisajes, instantáneas, que siempre transmiten el ánimo del momento.
Luego fue un arquitecto renombrado. Vale la pena ver también los diseños que dibujó. Y murió hace poco a los 103 años de edad. No resistí y compré uno de sus libros para revisarlos con calma.
Imagen: Victor Lundy
Countryside Brutalism
Jonathan Bell escribió en Wallpaper una reseña de la nueva camioneta Q9, de Audi. Al parecer, es un mamotreto de casi cinco metros y medio; y un cúmulo de lujos bochornoso. No sin ironía observó que es una preciosidad por dentro y –lo dicho– un mamotreto por fuera: “This is a segment dedicated to cars that are much better experienced from within than from without – it’s business class brutalism“.
Me cuadró lo del brutalismo porque es justo el tipo de camionetas que me gustan: cuadradas, lo menos aerodinámicas posibles, que se vea el esfuerzo que hace el motor por vencer la resistencia del aire. Y aunque no es el caso de Audi, sí lo es de Land Rover.
Así que, parafraseando a Bell, acuñé el término countryside brutalism para referirme a nuestra Kate, una Discover IV. Las líneas rectas, los escalones, las propociones acrecentadas y el uso no urbano que le damos a diario son cien por ciento rasgos brutalistas.
Maromas
La última vez que me eché una maroma en el aire fue antes de darme el estirón, es decir, a los catorce años. O sea, hace más de treinta años. Con el estirón sentí que perdí coordinación y, con ello, cofianza en mí mismo.
Hasta ahora, en que me dije que no podía ser y me lancé al agua. Las primeras tres o cuatro veces caí de espaldas –auch– pero ya había logrado quitarme de encima el temor. Ya las siguientes maromas me salieron bien.
Seguiré practicando. Hasta donde alcanzo a ver, soy el único chavorruco que se ha echado maromas en esa alberca.
Por una cochera digna
Hace tiempo que quería tener una cochera digna. Tenemos una cochera pequeña, donde cabría la camioneta pero doblando los espejos y con márgenes milimétricos para entrar y salir, por lo que se queda afuera. Ya la ampliaré.
Por lo pronto, es el lugar de las bicis y las motos. O debería serlo. Pero sucede que en la cultura alemana, cochera es sinónimo de chiquero: ahí echan todo lo que es basura y no quieren tener ni en el sótano ni en el ático –porque estos alemanes tienen ¡tres! espacios en la casa para convertir en chiquero– pero tampoco se atreven a tirar.
Tras varias conversaciones, que no negociaciones, S me permitió “hacer lo que yo quisiera” con la cochera". No esperé a que me lo dijera dos veces. Y si bien no me autorizó comprar los sofás que yo quería comprar para ya empezar, aunque no fueran los que tenía en mente, de pronto una vecina le vendió un sillón bueno y S me dejó que pasara uno de los sillones de la sala a la cochera.
No hizo falta entusiasmar a G porque él se entusiasma solo. Y hoy me pasé doce horas arreglando la cochera. Aún faltan muchos detalles pero estamos contentos con este primer paso. Será nuestra cave’s man, ya dijimos.
La casa va tomando forma: ya tenemos también un pequeño gimnasio, ya tengo mi biblioteca en los libreros, áhi la llevamos… No ha sido ni fácil ni rápido.
Es algo pequeño pero grande para mí pues hace dos años que quise tener esto en orden y simplemente no había tenido la energía para acometer lo que me parecía una tarea imposible. Señal de que ya estoy mejor.