Cinco cosas buenas (vol. 16)
Cada domingo recojo cinco momentos, historias, detalles y cosas buenas de la vida que se me atravesaron en la semana. ¡Ojalá sirva de inspiración!
Hans-Christian Andersen visita a los hermanos Grimm
Mi suegro llegó a casa muy entusiasmado. Quería contarme una anécdota que leyó en la autobiografía de Hans-Christian Andersen. Después de escucharlo, la revisé y me dio mucha risa.
Ya había visitado a los hermanos Grimm en una ocasión anterior pero en aquel entonces no logré entablar relación con ellos: no llevaba cartas de recomendación porque me habían dicho —y así lo creí— que, si alguien conocía mi nombre en Berlín, eran justo los hermanos Grimm. Así que fui directamente a su casa.
La criada me preguntó con cuál de los dos deseaba hablar.
—Con el que más haya escrito —respondí porque no sabía cuál de los dos se había dedicado con mayor empeño a los cuentos de hadas—.
—Jacob es el más erudito —contestó la muchacha.
—Entonces lléveme con él.
Entré en la habitación y de pronto tuve frente a mí a Jacob Grimm, con su rostro severo e inteligente.
—Vengo a verlo sin cartas de presentación —le dije— porque espero que mi nombre no le sea del todo desconocido.
—¿Y usted quién es? —me preguntó.
Le dije mi nombre.
—No recuerdo haberlo oído nunca —respondió con cierta incomodidad—. ¿Qué ha escrito?
Ahora el avergonzado era yo. Le mencioné entonces mis pequeños cuentos.
—No los conozco —dijo—. Dígame otro título. Seguramente habré oído hablar de alguna de sus obras.
Fui enumerando varios pero él siguió negando con la cabeza. Me sentí del todo desafortunado.
—¿Qué pensará usted de mí? —le dije—. Llego aquí como un completo desconocido y tengo que ponerme a enumerar mis propios libros para explicarle quién soy. ¡Usted debería conocerme! En Dinamarca se publicó una colección de cuentos populares de todos los pueblos dedicada a usted, y ahí aparece por lo menos un cuento mío.
—No —respondió con buen humor, aunque tan incómodo como yo—. Ni siquiera he leído ese libro. Pero me alegra mucho conocerlo. ¿Me permite llevarlo con mi hermano Wilhelm?
—No, muchas gracias —contesté.
En ese momento, lo único que deseaba era irme. Ya me había ido bastante mal con un solo hermano. Le estreché la mano y salí a toda prisa de la casa.
Imagen: GPT
Candidatura legal y oficial
Esta semana, el municipio publicó la lista definitiva de los candidatos a las elecciones del próximo 13 de septiembre, en las que figuro. No tengo ninguna ambición ni quiero hacer carrera política. Es un trabajo pro bono a nivel municipal.
Estoy orgulloso de ser el primer mexicano en una lista electoral en Alemania y sospecho que incluso soy el primer latino.
London Falling
En todos lados leí que es una maravilla este libro, que es un reportaje. Lo empecé a leer y de inmediato me recordó In Cold Blood. Buena prosa, misterio, muerte pero con un toque de siglo XXI: gente rica en Londres.
Apenas voy en las primeras páginas pero, si te gusta leer una buena historia bien contada, lo recomiendo, respaldado en la cantidad de reseñas positivas que he leí.
Bosques de Cleveland
Mi amiga R me envía una foto desde la terraza de su casa, en Cleveland. Resulta que tiene tres acres –poco más de una hectárea– de bosque. ¡Alucinante! En Alemania, el 43 % de los bosques son propiedad privada; en México, casi el 60 % son ejidales y el resto privados, con una cantidad ínfima de bosques públicos; y en Estados Unidos alrededor del 55 % son privados también.
Curiosamente, hace dos o tres días pensaba en esto de los bosques porque vi un bosque en venta: precio del metro cuadrado: 1.60 euros. En este caso, el dueño vendía muchas hectáreas y no estaba dispuesto a dividir la propiedad.
Otros conocidos tienen bosques en Alemania: los usan para sacar madera, para ir de cacería, para descansar, para tenerlos, quizá como inversión. Lo estuve pensando a raíz del anuncio y creo que no es algo en lo que invertiría por más que me gustaría tener uno con montaña y arroyo incluidos.
El termómetro de mi salud
Aunque esta fue una mala semana por sentir esa fatiga rara tipo PTSD, qué bien se siente tener otra vez cierta capacidad de acometer cosas y de hacer vida en familia: llevaba ya unos cuantos años sin hacer planes en familia de modo normal por pura falta de energía física para ir y venir, subir y bajar, entrar y salir. Me había limitado a sobrevivir y a convivir lo mínimo indispensable.
Esta semana nos fuimos a pasar un día a Hamburgo. Fuimos a un lugar nuevo para mí: a las playas del río Elba justo en la zona del puerto. El río tiene marea –al igual que el Támesis, según aprendí en London Falling– y fuimos en bajamar (¿bajorrío?). Esto, aunado a las sequías que castigan a Europa, hizo que la playa fuera más ancha de lo normal.
Tiene algo de encantador bañarse y asolearse en la ciudad frente a todo tipo de embarcaciones, desde vapores de paleta como los del Mississippi hasta buques de carga transatlántica.