¿Por qué necesitamos todavía a Odiseo?
Siglo XXI, tiempos primigenios de la inteligencia artificial y… Christopher Nolan está por sacar una película sobre la Odisea. ¿Por qué le importa volver a Odiseo en plena revolución de la inteligencia artificial? ¿Acaso piensa que un poema de hace unos tres mil años puede decirnos todavía algo?
En el siglo VIII a.C., Homero fijó por escrito las aventuras por las que atravesó Odiseo en su vuelta a casa después de la guerra de Troya. La Odisea es la historia de un hombre que tan solo anhela volver a casa con su esposa e hijo. Si la Ilíada presenta la heroicidad de los héroes militares, la Odisea muestra que el regreso al hogar –el regreso a uno mismo– puede tener dimensiones heroicas.
En la tradición épica griega predominaban las hazañas militares. Y si bien Odiseo urdió el engaño del caballo de Troya y si bien supo burlar todas las dificultades –divinas, humanas y naturales– con las que tropezó en los diez años que duró su vuelta a Ítaca, Ernesto de la Peña observa que su ambición es sencillamente humana. Por eso llama a Odiseo “el primer hombre de Occidente”.
Iré un paso más allá al señalar que, además, es el primer hombre en términos literarios. Con la Odisea comienza una de las grandes intuiciones de la literatura occidental: el viaje interior del personaje es el que más nos importa.
Sí, Odiseo se desplaza por las geografías mediterráneas pero lo que importa es su viaje interior. Tras siete años de secuestro en la isla de Ogigia, rechaza a Calipso, quien le ofrece una vida inmortal junto con ella, ninfa de encumbrada belleza. Odiseo opta por una vida mortal junto a su amada Penélope, aunque le confiese: “sé muy bien que la prudente Penélope es menos hermosa que tú”. En Ogigia, Odiseo no vence monstruos sino la tentación existencial de la inmortalidad porque entiende que una vida sin memoria, sin hogar y, sobre todo, sin sus seres queridos deja de ser una vida verdaderamente humana.
Odiseo también sabe desconfiar de sí mismo cuando se hace atar al mástil de la embarcación como medida de prudencia para escuchar el canto de las sirenas sin sucumbir a él.
Tal como entiendo a Odiseo gracias a Ernesto de la Peña, es heroico quien elige una vida mortal habitando este mundo imperfecto con los suyos por puro amor. No quien crea inteligencias artificiales, persigue la inmortalidad tecnológica o la conquista de otros mundos. En tiempos de la inteligencia artificial debemos recordar quiénes somos para no perdernos. De la Peña nos recuerda cómo comenzamos a ser, cuál es el viaje interior que importa de verdad, en qué se nos va realmente la humanidad.
La Odisea nos ofrece una forma de entender qué merecemos desear. Lo demás son cantos de sirenas y seducciones de ninfas mitológicas. Quizá por eso Nolan vuelve a Homero.
Imagen: Still de Odisea, de Ch. Nolan